Un punto de encuentro para aquellos que sufren cualquier forma de dolor crónico en su propio cuerpo y para quienes lo sufren como pareja, familiares, amigos o personal médico y sanitario. Un lugar abierto a quien desee exponer su caso o estudios o consultar sus dudas o realizar encuestas específicas o desahogarse… cómo y cuándo se quiera.

martes, 9 de octubre de 2007

DOS DÍAS DE MI DIARIO: LA TRIBU, EL MATERIALISMO, LA ESCLAVITUD Y MI AMIGO PATÁN


7 de octubre de 2007, domingo

00:00 h. Silencio. Me llamó esta tarde mi madre, para ver cómo me encontraba –algo es algo-. B estaba dormida.

El dolor ha bajado un punto de dolor. Si los últimos días estaba en 8 en llano y 9-9,5 (incluso en algún momento 10) en puntas, hoy ha estado en 7 en llano y en 8 en punta. Todo es relativo, no obstante, pues, hace dos años o tres, este dolor lo hubiera clasificado como 9 y 10 / 8 y 9 –por no decir 11 o 12. O entre personas: así, lo que para mí puede ser 7, para otro es 9 ó 10. Habría que ver a esos que tanto les gusta juzgar y prejuzgar y mirarte despectivamente o incrédulamente en mi sitio.

Me doy cuenta ahora que esas palabras de Jesus de Nazaret han sido olvidadas por esta sociedad: “no juzgues si no quieres ser juzgado”. Parece que todas las sabiduría y bases éticas se están perdiendo, haciendo prevalecer el egoísmo, la codicia y el conmigo no va. Es más cómodo ser solidarios con los afectados de un sunami en Asia o de un terremoto en Perú que con el que está a tu lado. Porque el mal de aquellos no te afecta y te tranquiliza la conciencia ayudarlos. La Cruz Roja lo puede corroborar.

A las personas lo único que les preocupa es vivir bien y no tener problemas –de Santa Bárbara sólo se acuerdan o nos acordamos cuando truena-, no existe un espíritu social y ya casi nadie se mueve ni para salvar el planeta. Para exigir que no lleguen inmigrantes –problemas en una tierra de emigrantes y de siempre cosmopolita, por naturaleza, pese a algunos-, para exigir que se lleven a otra parte una cárcel o los drogadictos o la prostitución o los botellones, para exigir que no les afecten problemas, sí nos unimos; pero para atajar las causas o motivos que los provocan nadie se une: antes están el pago de la hipoteca, la mensualidad del coche, las vacaciones, las cenas de fin de semana, las rebajas o la tendencia de la nueva temporada. Y los problemas –los ancianos abandonados en residencias, los bebés recién nacidos arrojados a contenedores de basura, los enfermos, las cargas familiares, los vecinos- cuanto más lejos mejor. La amistad casi se reduce a una entente de ocio y personas en la que no se puede hablar ni de política ni de pobrezas ni de enfermedades o de cualquier tema escabroso o que pueda llevar a discusión y, por lo tanto, a problemas. Todos buenos y todos amigos, todos educados, todos limpios y perfumados, todos sanos e inmortales todos triviales y habitantes de una falsa burbuja de bienestar.

“Bastantes problemas tengo ya como para meterme en otros”. “Me divorcie porque mi marido, aunque es muy buena persona, no me daba la vida que había soñado”. “Prefiero no hablar de esos temas: soy apolítico”. “Prefiero las películas y los libros de comedia y aventuras a aquellos en los que tenga que pensar”. Frases similares se escuchan en todas partes y a todas horas en el interior de nuestra burbuja.

Si los ideólogos del siglo XIX y de principios del XX levantaran la cabeza se quedarían estupefactos: hemos cambiado la conciencia social por el bienestar, el humanismo por la superficialidad. Todo parece tan bonito y seguro que no nos importa el vacío y la ignorancia. Lo más gracioso es que nos creemos que ya hemos logrado todo y que tenemos unos científicos y unas empresas que se encargan de darnos todo lo que necesitamos y ni siquiera vemos que estamos al borde de un precipicio o que vamos cuesta abajo. Evidentemente, no vemos el resto del mundo, la gran mayoría de la humanidad: es como un grano en el culo o un cáncer que no hace más que reproducirse y amenaza con privarnos de todo. Ya ocurrió con la caída del Imperio Romano y sólo la parte helena pudo sobrevivir a duras penas y enquistado por el cristianismo ortodoxo.

Se vaticina una nueva Edad Media más sofisticada para matar o la extinción desde hace tiempo. No es por catastrofismo sino porque no somos capaces de dar el paso de dejar de considerarnos una tribu independiente o un individuo en vez de una sola colectividad; nosotros en nuestra burbuja, otros aferrados a la religión y considerando enemigos a quien no creen en ella, otros creyéndose el ombligo del mundo y otros permitiendo que se enriquezcan a su costa.

Somos tan absurdos en nuestra creencia de superioridad a nivel personal y grupal que nos sentimos poseedores de la única verdad. Pese a tener un cerebro que supuestamente razona, seguimos comportándonos bajo las mismas premisas de supervivencia y de actuar a la defensiva respecto al espacio vital –el ataque es la mejor defensa- que un grupo de chimpancés, de leones o de hormigas. Lo único que varía es el entorno, más sofisticado.

Con todo parece que existan dos tipos de humanos: los que actúan para mejorar nuestro desarrollo como personas y especie inteligente –por lo tanto no violenta- y los otros, los que sólo piensan en términos animales –yo, mí conmigo, mi familia, mis amigos, mis ciudad, mi región, mi patria, grande y libre- y de supervivencia. De hecho el dinero es un método instituido para homogeneizar las relaciones de trueque y entre el trabajo físico y el que no lo es, así como para mantener artificialmente las fronteras tribales y las parcelas individuales.

El paso consiste en abandonar el comportamiento tribal y belicoso-defensivo –en el que se incluye el dinero y el sistema económico materialista- por un sistema social que elimine las fronteras físicas y cada hombre se considere parte de una única entidad mundial y no se base en relaciones de poder, donde no importe el lugar en el que o con quién se nazca, y en el que ni las religiones ni los intereses tribales nos impongan la forma de vivir. El problema reside en que el poder lo obstentan -y es un resultado lógico en el sistema- los que más piensan en sentido tribal.

Significa acabar con la negación del otro. No deseamos ser juzgados pero juzgamos; mejor dicho: prejuzgamos. Prejuzgamos constantemente, considerando una amenaza todo -y todos- lo que nos rodea. Dichosa Pax Romana que se muestra como ejemplo del mundo; dichoso mundo de escogidos por Alá, dichosos chinos en su aislada identidad, dichosos los humanos que precisan de ídolos y líderes que les hablen de grandezas y liberaciones.

La serie educativa de animación ERASE UNA VEZ EL HOMBRE plantea la historia como una lucha entre los tribales/belicosos y los humanistas. Hoy en día en la Europa occidental parece que los segundos hayan vencido definitivamente, si bien es una táctica de los primeros al permitir una fachada virtuosa y mantener el poder. Para ello cuentan con sus ideólogos y falsos sabios –el poder implica manipulación- y nos hacen creer que vivimos en el mejor sistema posible, que el egoísmo es imprescindible para progresar –como lo son los ejércitos- y debemos soportarlo como un mal menor; así, el capitalismo –la forma de materialismo preponderante- y el dinero son imprescindibles, otro mal menor, como en los países colectivistas el poder lo era –o lo es-; así esta falsa democracia es a lo máximo que podemos aspirar; así se estimula el hedonismo frente al humanismo, a la cultura y el conocimiento. Cuando todo ello es falso.

Deberíamos aspirar a una civilización sin dinero y estructuras y relaciones de poder, donde no existan las fronteras. El dinero no es una parte del sistema es un instrumento prescindible. La competencia no es la única forma de progreso socio-económico. Nos dicen, somos una tribu formada por flojos que necesitan incentivos para estimular su egoísmo –el dinero, la gloria, el status…-, donde no se hace nada si no existe un beneficio tangible; y además todo ello es lo mejor que nos puede haber pasado y que pudiéramos haber soñado jamás. Es tan básico y basto el mensaje que me da vergüenza ajena –y me incluyo por permitirlo- la humanidad.

Si Jesús de Nazaret hubiera sido –o sea un dios- no debería estar muy satisfecho de cómo se entendió, se transmitió y se adulteró su mensaje –en seguida se ocuparon de introducir esa frase tan manida de que siempre existirán ricos y pobres, o de afirmar que ni negaba al dinero sino que era una metáfora para referirse a la superioridad del poder divino sobre el de los humanos -

Tal vez la implantación del hidrógeno como combustible –y cuando se logre que cada persona pueda obtenerlo- la energía solar, internet y otras formas de escapar de las garras del sistema vayan socavando esas estructuras y relaciones tribales e instintivas –de instinto animal- y se logre despertar a la mayoría de los individuos de la pesadilla de que el dinero, el materialismo el egoísmo, los ejércitos y la guerra, la patria, las fronteras, el poder y todo nuestro comportamiento tribal y animal son imprescindibles.

No se da cuenta nadie de que, en esta cueva, seguimos actuando como animales y somos la mayoría esclavos de unos pocos y que las sombras que creemos que somos –seres libres y buenos y sabios y civilizados- es justamente una artimaña para mantenernos útiles a sus intereses –productivos soñadores de riquezas y placeres- en la que quien no puede o no quiere o no le dejan –enfermos, rebeldes, ancianos, por ejemplificar- son inútiles y culpables de no aportar nada al sistema, sino todo lo contrario.

Y me pregunto, ¿tenemos lo que nos merecemos? Creo que no: hay que ponerse manos a la obra: o mejor, poner nuestros cerebros a darle vueltas para crear una vida alternativa.

Las 4:00 h. Sí, Patán, sí, ya sé que te toca jugar un rato conmigo. Justo cuando he finalizado mi discurso anti-sistema. Hoy no me has tenido que despertar, al menos; así que me voy a hundir en la inconsciencia de la química –la única forma de olvidarte y dejar que te sientas como en tu casa, aunque yo esté ausente.

No estaría mal descubrir al despertar que esta vida mía y lo que la rodea formaban parte de un mal sueño.

Van a ser las 6:00 y el cóctel no ha dado los resultados esperados. Me acabo de tomar otro adolonta. Si no hace efecto solo me quedan otros 50 mg de trsnkimazin. Jodido Patán dejame dormir o morir sin notarlo. Y encima al 9,5. Ya sienyo rl efecto , espero dormir seguioo

8 de octubre de 2007, lunes.

0:30 h. (Me dormí, como verán) Llego a la triste conclusión de que mucho de lo escrito ayer no es fruto de un ataque neurótico. Hoy he escuchado los mismos razonamientos retratados sobre los problemas y me ha dado cuenta que soy más ingenuo todavía de lo que pensaba, creyendo que parecía que había entendido un poco hasta que punto sufro. Lo peor del prejuicio es que se convierte en inmutable y en paralizante. Por lo menos es sincera y no como otros que van de comprometidos y son unos falsos. Es un fruto del entorno. Incluso he escuchado que mientras no pase nada no voy a cambiar.

Debería cambiar la palabra tristeza por decepción. Es afirmar: no quiero problemas, sé que no es lo que debiera pero…, como no quiero problemas…

Me recuerda a la llegada de Hitler y al sermón, atribuido indebidamente a Bertold Brecht, del pastor protestante alemán Martin Niemöller. (Véase la cita original traducida del alemán en Wikiquote: Martin Niemoeller).: “Primero vinieron a por…”. Me recuerda también a lo que acontece en Venezuela –y hablo con conocimiento directo por vía marital-, que se encuentra en la fase de mayoritaria resignación: un país dividido pero en el que, dado que una de las partes controla todos los poderes para su beneficio, ya no se puede votar porque se sabe que es en vano, ni se puede denunciar porque no sirve para nada, y se resuelve que es mejor no menearse –es el siguiente paso, pese al movimiento estudiantil- y vivir ajenos a los problemas, con orejeras. Al final o el magnicidio o cuarenta años de dictadura.

Es una reacción lógica, que demuestra, paradójicamente, que el sentimiento animal prevalece: es supervivencia y miedo, es resignarse a que el macho o la hembra dominante obstenta realmente el poder y pasar desapercibido. También prueba que somos esclavos: por un lado, porque somos sumisos al amo y, por otro lado, porque trabajamos para el amo, cobramos –vaya, qué afortunados; los esclavos buenos también recibían un estipendio en la Grecia y la Roma Clásicas- y nos gastamos ese dinero en lo que fabrica el amo y le pedimos pedido prestado al amo para gastar más. Eso mismo ocurre en las minas de Brasil que explotan a menores y mayores y le denominamos esclavitud, pero nosotros -¡por favor…, qué tontería!- no somos esclavos ni tenemos amo.

Es verdad que no existe un amo: existen varios. Ésos a los que hoy les interesa que baje el tipo de interés –o los precios o el paro- y que mañana suba, ésos que producen la obsolescencia prematura para que cada tres años cambiemos de coche o de computadora, ésos que nos dicen que somos libres y no permiten que cualquiera pueda presentarse a las elecciones en igualdad de condiciones –mientras sus campañas son subvencionadas por el Estado y por los bancos o grandes empresas a fondo perdido- o penan el suicidio y condenan a muerte o prohíben la renuncia a la nacionalidad mientras se viva en territorio patrio o piensan ser padres de todos sus súbditos o no permiten la entrada y trabajo a los extranjeros, ésos mismos que nos hablan de que miran por nuestro bienestar o por nuestras almas, ésos mismos que dicen que el trabajo dignifica al hombre y son comprensivos con sus siervos, aquellos que conforman sistemas educativos para crear analfabetos funcionales y anestesiados intelectualmente. ésos que dicen que son como nosotros y veranean dos meses, al menos, en palacios y yates propiedad del Estado o se van a cazar día sí día no en los cotos más restringidos pero de ‘ambiente popular y hogareño’, los mismos que suelen ser absueltos de todas las denuncias o que las desvían a testaferros y cabezas de turco y, a la par, permiten que por robar una gallina se vaya a la cárcel, los mismos que nos meten y sacan de guerras que nadie sabe si era necesaria o justa o nos hablan de enemigos potenciales y del derecho a disponer de la mejor defensa pero son defensores acérrimos de la paz –aunque la nación venda armas al que disponga de dinero o se las regalen-, ésos mismos que denuncian exterminios y fomentan otros –por acción u omisión-, los que luchan contra el tabaco o el alcohol e incentivan su producción y controlan la distribución pero permiten las mafias de tráfico de drogas, los mismos que nos hablan de luchar contra el cambio climático y cierran las centrales nucleares e inauguran más pozos de extracción, refinerías y centrales térmicas y son propietarios de empresas automovilísticas y de compañías fabricantes de aviones y de transporte aéreo –o las apoyan o controlan- y no lo ven todo como problemas coyunturales o como una oportunidad de negocio o de alardear o de presionar o coaccionar a otros países, aunque una parte importante de sus conciudadanos/hermanos pasen hambre…

Y como los amos nos tratan bien y nos proveen de innumerables productos y atenciones sociales, por qué íbamos a quejarnos –y si son muy expeditivos, por qué arriesgar lo poco o mucho que tengamos. “¡Mira quién habla: un pensionista! Sí, pero yo sé que vivo en esclavitud y que el dinero no es imprescindible –con la pensión no puedo subsistir y bien jodido, con perdón, y no me suicido por mi hija- y que no vivimos en el mejor de los mundos y no creo en las mentiras/proclamas oficiales y aceptadas por todos.

Soy casi libre porque sé lo que soy y frente a quien debo utilizar mi cerebro. Las mentiras/proclamas oficiales enumeradas ayer y hoy convertidas en catecismo. Todo se manipula: la palabra revolución se utiliza para vender automóviles, la verdad se clasifica y oculta y se escribe en los libros de historia transformada en esfuerzos desinteresados para los conciudadanos o la humanidad. Pero no les importa las catástrofes climáticas -¿cuánto ganarán trasladando a millones de habitantes?: seguro que ya lo han calculado- y que el resto de los hombres sean sus marionetas.

Todo se reduce a posibilidad de beneficio, a la capacidad de endeudamiento –más beneficio- y a reproducir dicho beneficio. Y cuanto más seamos, más esclavos/consumidores a menor coste laboral y más productividad. Y cuánto más crisis económicas, catástrofes naturales o guerras mayor beneficio (en los países colectivistas, los del extinto Pacto de Varsovia, cuba o Corea del Norte, o bien el beneficio se sustituye por poder o bien por poder y producción, el ciudadano de pie, la base materialista del sistema no varía). Sobre ese axioma, toda solución de un problema depende de obtener el dinero necesario para abordarlo –los excedentes de leche o cereales no pueden donarse porque desplomaría los precios, nadie intervino para acabar con las guerras de Ruanda y Burundi porque no existían ningún potencial de beneficio…-. Por lo tanto nos encontramos ante una pescadilla que se come la cola y que `propicia el enriquecimiento de los amos y el enquistamiento de dichos problemas.

Hasta la oposición anti-sistema y las ONGs – la mayoría- predica en términos monetarios: por eso no lograrán nada importante.

Repito: el esfuerzo debe encaminarse a lograr crear un modelo racional que elimine el materialismo, el tribalismo, la esclavitud camuflada y las fronteras –no una anarquía, en su consideración negativa que se ha inculcado mediante la manipulación constante- y que se base en la hermandad de los humanos entendida como una entidad que busque la armonía entre los individuos y con el planeta y fomente el conocimiento, el pensamiento, la inteligencia y los sentimientos positivos que perdimos y los que aún nos quedan. ¿Una utopía? Sí, recuerdo cuando se afirmaba que sin utopías no existía ningún destino y se leía a Tomás Moro y a otros utópatas –tiempos en los que se leía-. Sin embargo, con la tecnología que disponemos y podremos disponer, poseemos unos instrumentos que, bien enfocados, pueden permitir que, al cabo, venzamos los que creemos que somos algo más que simples animales con patente de corso para destruir y acaparar.

Respecto a Patán, he de reconocer que tiene la habilidad de tirar la piedra y esconder la mano. Hoy, se ha aprovechado de que he tenido que conducir en dos ocasiones y pasar en la calle casi cuatro horas. Uno tiene complejo de tener poderes anormales; soy el único que lo veo y lucha contra él pero el mundo me toma por loco, pues todo lo que hago o haga es menos que poco y ni lucho ni creen que exista. ¿Por loco? Quise decir problema pues, otra mentira/proclama aceptada, el amor entre dos personas –en el buen sentido de la palabra; no la pasión o la obsesión producto de la química corporal- nunca fue la fuerza más poderosa del mundo.

Mañana no puedo olvidar telefonear al hospital para que me digan cuándo me toca empezar a vivir siquiera un poco como una persona normal. Dormir y levantarme sin dolor un día a la semana sería hasta un regalo –ya son las cuatro de la madrugada-. ¿Otra utopía? Espero que sí. Coincide además que hace cuatro días escuché al Dr. Patarroyo y que hoy recibí un correo informándome de que es posible que exista una terapia efectiva contra la esclerosis múltiple y, según he leído y me cuentan los doctores- la electro-estimulación es efectiva en un 80 % de los casos y sueño con, por una vez, no formar parte de la estadística negativa, aunque sea sólo por dejar de ser un problema para una sola persona en concreto.

Aunque todo me diga que no y una parte de mí tenga la certeza, otra construye sueños que siembran esperanza.

P.D.: No sé si publicar mi diario (Un Diario del Dolor) en internet o crear y desarrollar la web EL Faro del Dolor es o no luchar contra el dolor. No sé si me equivoco amando a quien me considera un problema y si también es o no una forma de enfrentarme a Patán. No sé si he hecho tanto daño en el pasado que ahora recojo tempestades. No sé si es tarde para mi y para la especie. No sé si es justo que viva en una cama cuando mi pensión y mi gasto en medicinas podrían servir, por no poder aún escapar del dinero, para salvar y alimentar y educar a cien niños. No sé si estoy juzgando y si es ético pese a ya haber sido yo juzgado. No sé si tengo derecho a agitar las mentes de mis congéneres. No sé si mi diario es arrancarme la piel a tiras para nada si ya sé que nunca querrá leerlo. No sé si mi hija será también de las que huyen de los problemas y si algún día podrá entenderme. No sé qué hace falta para que sea visible que, aunque infectado de las bacterias de Patán, aun poseídos mi cuerpo y mi mente por el dolor, aunque a veces desfallezca, cada día estoy luchando por escapar y olvidarme de él.





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