Un punto de encuentro para aquellos que sufren cualquier forma de dolor crónico en su propio cuerpo y para quienes lo sufren como pareja, familiares, amigos o personal médico y sanitario. Un lugar abierto a quien desee exponer su caso o estudios o consultar sus dudas o realizar encuestas específicas o desahogarse… cómo y cuándo se quiera.

sábado, 8 de septiembre de 2007

UN LIBRO Y UNA PELÍCULA: EL ARTE DE AMAR Y LA TORRE DE LOS AMBICIOSOS

UN LIBRO Y UNA PELÍCULA: EL ARTE DE AMAR Y LA TORRE DE LOS AMBICIOSOS (2ª Parte de ENSAYO PERSONAL SOBRE EL DOLOR)


De repente, cuando menos te lo esperas, llega un día en el que se dan coincidencias gratificantes y que afectan a nuestro caminar. Hoy –ya ayer- no ocurrió solamente la circunstancia de enfrentarme ante estas dos expresiones motivo de esta reflexión, también ‘descubrí’ aspectos sobre el dolor crónico que me insuflan conocimientos para enfocar las circunstancias de otra manera. Podría decirse que ha resultado una jornada ‘completa’. El complemento perfecto han sido un libro y una película: El Arte de Amar, de Erich Fromm y La Torre de los Ambiciosos, de Robert Wise, respectivamente.


Tanto en el ensayo como en la cinta cinematográfica se hallan las pistas para recuperar el rumbo. En principio, el personal y, al hacer pública mi opinión, el que estimo que ha perdido, con un alejamiento diacrónicamente creciente, la humanidad. He utilizado la palabra rumbo con toda intención, en lo que hace referencia a dirigirse hacia un destino, con lo que pretendo dejar claro que, en ambos ámbitos, se han olvidado los valores que le daban sentido a sendas evoluciones.


La sociedad actual, regida por la conjunción del capitalismo hedonista-consumista y falsamente democrático y borreguil, ha casi fulminado los valores humanistas sobre los cuales se habían alimentado las sociedades ‘occidentales’ hasta el final de la Segunda Guerra Mundial –como punto de referencia global y no estricto-, convirtiéndose dicho valores, a mi entender, en marginales.


En La Torre de los Ambiciosos, se nos presenta ya el enfrentamiento entre el humanismo y el consumismo-capitalista bajo la trama de la elección de un nuevo presidente de una compañía. El beneficio empresarial a corto plazo -el beneficio por el beneficio, el medio convertido en fin-, apoyado en la producción de bienes a bajo precio y con una prematura obsolescencia programada para favorecer un consumo masivo y continuado, la ganancia fácil y sin esfuerzo, la burocratización de los poderes económicos, la tiranía de los que ejercen los poderes establecidos, la homogeneización del trabajo, de la producción y del comportamiento –el aborregamiento, la dictadura de la equitatividad-, aparecen ya, a principios de los años cincuenta –se estrenó en el cincuenta y cuatro-, como el peligro antagónico de los valores humanistas representados por el protagonista quien, en solitario, se rebela, porque no le queda más remedio si quiere seguir siendo fiel a sus valores, y logra, al final, convencer a la mayoría del consejo de administración y salir victorioso.


Un artículo aparte precisaría la comparación entre el cine contemporáneo y el producido en aquellos años –yo diría que hasta mediados-finales de la década de los sesenta y salvando honrosas y escasas creaciones-, pero no puedo dejar de presentar mi opinión de preferencia para las segundas. Los guiones, la fuerza de los personajes, la calidad del montaje y la dirección, la credibilidad de los actores, hacen de las películas, en una media bastante alta, no un mero conjunto en desarrollo, más o menos estético, de imágenes, sino un todo narrativo en el que se incluyen trama, estética, retrato social y mensaje, equiparándose, en lo creativo y comunicativo, a las novelas. No descubro nada al indicar que el cine, en su consideración de arte o cultura, se encuentra en crisis, abundando películas de rápido consumo y muchos efectos especiales y violencia, de tipo video-clip, ‘remakes’, que mejor harían con enterrarlos, y dramas superficiales, de manera que los buenos creativos se han trasladado a la televisión para crear series de mayor calidad que los filmes aunque con influencia manierista de la cinematografía clásica. Mas en ambos entornos de la actualidad, aunque menos en la segunda, se transmiten y se mueven bajo la carpa de la decadencia que lo abarca todo. No creo que todo tiempo pasado fuera mejor, pero sí pienso que este tiempo es peor que el anterior –para España, por ejemplo y a mi parecer, este periodo comienza con la finalización de la crisis del petróleo, en torno a los años ochenta y cinco-seis, coincidiendo también con la entrada en la Unión Europea y la constatación del engaño del PSOE respecto a su programa electoral y que ellos lo denominaron ‘la normalización de la vida política y el regreso a la realidad internacional’.


La segunda parte de mi reflexión trae a colación el ensayo El Arte de Amar, de Erich Fromm, editado en mil novecientos cincuenta y seis, curiosamente coincidiendo casi con el año de la película de Weis, y publicado en España en mil novecientos ochenta y uno –ya sin censura, aunque a saber qué le vieron de censurable-; mi edición es de mil novecientos noventa – y diecisiete años después lo he releído. Si este libro se publicara hoy en día por primera vez, probablemente, los lectores que acuden a las mesas de las librerías de las grandes cadenas, donde se muestran los libros como si de venta de un producto en oferta de un supermercado, lo asociarían a los libros de auto-ayuda o de los de gurús empresariales –si bien todavía se sigue publicando, pero para lectura docente-universitaria de psicología-social. En su prefacio lo advierte –sería que en los E.U.A. ya comenzaba la plaga- y en sus palabras lo corrobora. También podrían confundirlo con lo que intentaba transmitir Ovidio en su libro homónimo, es decir, fórmulas para lograr que el enamorad@ consiga que su objeto de amor caiga a rendid@ a sus pies o trucos para lograr el mayor número de conquistas; mas no lo asociarían, pienso, con Ovidio, pues la mayoría no sabe quién era –por el nombre, si Ovidio les sonara, lo confundirían con un famosillo: Ovidio tiene nombre de eso, sí, me suena que sí.


Fromm, al realizar el estudio teórico y práctico de las formas de manifestación del amor, aborda la descripción de la sociedad posbélica y establece o recuerda los principios en que se ha basado la evolución intelectual de la humanidad, tanto en su manifestación social como individual. Si leen el libro –más abajo hallarán un enlace: de momento aún se puede obtener cultura gratuita en internet-, se darán cuenta que su descripción de la sociedad, como de los problemas del individuo, de los E.U.A. de aquellos años, no difiere, salvo en los posibles matices que pudieran provenir de la comunicación cibernética, de cada país y desde mi punto de vista, apenas ni un ápice de la descripción que pudiéramos realizar en un estudio de la sociedad actual y del papel del individuo en ella.


Fromm sitúa el amor como premisa de partida y primer objetivo para lograr una sociedad sana y un individuo que se sienta realizado. Un amor, en parte similar al cristiano-judaico, en su esencia de amarás al prójimo como a ti mismo, pero liberado de todas las cadenas que el capitalismo-consumista y la falsa democracia de la equitatividad. En efecto, Fromm nos muestra cómo el amor actualmente, desde el amor paterno filial al religioso, pasando por el amor erótico y a uno mismo, se ha contaminado también de los principios de intercambio y consumo hedonista, de la pérdida de valores. En la sociedad se fomenta la burocracia del poder –poderes públicos, cuadros directivos de las empresas, sindicatos, ONGes, aunque no existían entonces- y la sumisión de la masa dócilmente mediante juegos de palabras y falacias y sobre la base de un bienestar hueco, en el que el individuo es un número más del rebaño y se siente solo, sin otro fin que seguir adelante, para mantener su estatus laboral y social, creyéndose libre para actuar pero atado de manos por la dictadura de la mayoría y la equitatividad, del seguir el precepto máximo de hacer lo que la mayoría, para no sentirse alienado, y lo políticamente correcto. La destrucción progresiva de la sociedad por la falta de valores –de la que diría que es consecuencia a su vez la destrucción de nuestro hábitat- sólo puede enmendarse, nos dice Fromm, si se busca el aprendizaje y practica de un amor humanizado y no mercantilista: el amor a sí mismo, el amor a la pareja y el amor a los demás. Amar sólo a la pareja y olvidarse de uno o de los demás significa precisamente, como ocurre ahora, que se da un intercambio a dos en el que todo debe ser equitativo y dentro de los principios del mercado respecto a nivel económico, social e intelectual, donde más que amor existe aislamiento y buenos modales, cuando existen, y la sensación de no estar sólo. Si uno no se ama a sí mismo exclusivamente, por otro lado, es imposible que pueda amar a alguien. Si no se ama a los demás no se puede lograr una realización del ser humano en su existencia, pues entonces no ama y vive en una burbuja.


El autor, a mi entender, utiliza un artificio sutil para llevarnos hacia las pautas prácticas para lograr frenar la destrucción social y del individuo. Desde el principio, nos hace ver que el amor es un arte –desde el título y desde el primer capítulo-, por lo cual requiere, en primer lugar como sucede con todas las artes, conocimiento y esfuerzo. En cambio vivimos buscando el amor pero sin aprender sus bases teóricas y sin practicarlo. El esfuerzo y el aprendizaje nos parecen trabas que nos imponen y recuerdan a las tiranías; buscamos el amor como el que busca en la sección de anuncios de un periódico o la compra periódica en un supermercado -en internet curiosamente han proliferado estas vías de negocio, pues todo es negocio y marketing- y sin esfuerzo, sin conocimiento del otro e incluso supeditándolo a la relación sexual. No hay más que ser un poco observador para darnos cuenta de que el hedonismo y el nihilismo fácil –incluso en la cultura- predominan en nuestro entorno, sin importar los medios utilizados para satisfacer nuestra creciente necesidad de placer y, en algunos casos de poder.


Si consideramos que es un arte, además de proceder a su estudio teórico (Capítulo II), debemos ponerlo en práctica, teniendo en cuenta que corresponde a cada uno su tarea, partiendo de unas bases conceptuales. Así distingue (Capítulo IV) entre las bases generales que se necesitan para practicar cualquier arte –y que no se convierta en un hobby- y las propias del amor. Yo opino que más que en referencia al arte en general y al de amar, en su conjunto Fromm construye u ordena y explica la relación de los valores básicos de conducta y morales que entiende deben sustentar la existencia de los individuos y, por ende, extenderse a la sociedad en a que se desenvuelve. No obstante enumeraremos estos valores siguiendo su clasificación:


  • CUALQUIER ARTE:

    • Disciplina;
    • Concentración (aprender a estar solos);
    • Paciencia;
    • Preocupación suprema por el dominio del arte.

  • EL ARTE DE AMAR:

    • Superación Del propio narcisismo: la objetividad, la honradez;
    • Humildad;
    • Fe racional respecto a uno mismo, a la pareja y familiares y a la humanidad;
    • Valor para apostar por los valores fundamentales, para amar;
    • Actividad (huir de la pereza mental).


Como decía y afirma Fromm, quienes practican estos valores que se muestran en el libro y en la película son, actualmente, una minoría marginal –de hecho, quien practica plenamente cualquier arte, quien crea, piensa y razona por sí mismo, al margen de los convencionalismos, está considerado como un bicho raro-. Son valores que practicaban nuestros abuelos –para los que tenemos cuarenta años- y sobre los que se nos educó. Sin embargo nos hemos, me he dejado llevar por el entorno y he acabado sintiéndome perdido. No totalmente perdido, porque seguían ahí en forma de conciencia de desazón y de desesperanza, porque los había recibido por otras vías pero no los había hecho propios.


Fui subyugado, me subyugué ante la presencia del dolor crónico, centro de todo, freno de mi razonamiento hacia la vida, superficial e introvertido en las relaciones sociales, sentirme culpable del dolor por lo que ha destruido, depresiva o existencialistamente, sin disciplina, sin concentración, sin paciencia, sumido en el abandono, sin objetividad frente a mí mismo –aunque si para el resto- en relación a ese dolor, sin fe en mí mismo ni el los seres humanos y sin valentía –de la falta de humildad no sé que opinar; de la pereza mental, se ha dado una actividad mixta, mitad-mitad dependiendo de si se tratase de la actividad meramente intelectual, como leer, estudiar, escribir o crear, o si se enmarcara en el resto de mi actividad física y mental.


Escribí hace un tiempo un ensayo breve titulado BREVE ENSAYO PERSONAL SOBRE EL DOLOR. En él hacía un ejercicio de comprensión del dolor, reconocía que era la venda de mis ojos, pero, más allá de auto-recetas en un decálogo, no entendía cual era el mal que me corroe, ni daba con la llave que me abriera la puerta de la recuperación vital, que me alejara del ‘seguir hacia delante a toda costa’, de sobrevivir con la ilusión de que el tiempo lo sana todo. Y ayer, casualmente, desempolvé las viejas piezas y, aplicando la poca racionalidad que me queda, pude encajarlas con las nuevas –coincidiendo también con la lectura de un estudio sobre los problemas psicológicos del dolor.


Ahora hay que tener el coraje de reiniciar el camino. No hacerlo sería la mayor traición contra mi propia persona y la parte de responsabilidad que me toca de lo ajeno. Pérfida traición porque no existe excusa cuando se dispone de la base y el reconocimiento de que esa –a sabiendas de que no existe la perfección absoluta y de que uno es lo que es y como es, y en función del entorno- es la vía por la que TENGO que caminar.


Lo bueno consistiría en que todos o muchos lo intentáramos. Por mi parte les invito, a través de un enlace, a que lean el libro o, si lo leyeron hace un tiempo, a que lo relean; sobre la película sólo puedo facilitar la ficha técnica, pero, si pueden localizarla o la emiten en algún canal –lamentablemente en Digital +, en España, no consta que el canal TCM Clásico lo emita nuevamente en lo que queda de mes-, no dejen de verla. También incluyo el enlace al estudio sobre los problemas psicológicos causados por el dolor crónico –en el enlace a la SOCIEDAD ESPAÑOLA DEL DOLOR lo incluí ayer en la sección ECOS DE INTERÉS de la barra lateral de este blog. Así mismo, también pueden acceder a El Arte de Amar de Ovidio.



ENLACES:


El Arte de Amar, Erich Fromm


La Torre de los Ambiciosos, Ficha técnica (Executive Suite, Robert Wise, 1.954). William Holden, Bárbara Stanwick, Fredric March, June Allyson, Walter Pidgeon, Louis Calhern, Nina Foch, Dean Jagger, Tim Considine, William Phipps, Edgar Stehli, Paul Douglas, Lucille Knoch, Harry Shannon, Mary Adams, Virginia Brissac, Shelley Winters.


Estudio de Variables Psicológicas en Pacientes con Dolor Crónico


El Arte de Amar, Ovidio


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