Un punto de encuentro para aquellos que sufren cualquier forma de dolor crónico en su propio cuerpo y para quienes lo sufren como pareja, familiares, amigos o personal médico y sanitario. Un lugar abierto a quien desee exponer su caso o estudios o consultar sus dudas o realizar encuestas específicas o desahogarse… cómo y cuándo se quiera.

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viernes, 13 de agosto de 2010

ASPECTOS PSICOLÓGICOS DEL DOLOR: LAS MUJERES SIENTEN MÁS EL DOLOR

Esta noticia es de hoy mismo, publicada en elmundo.es.


ELLAS SIENTEN MÁS EL DOLOR
  • Las mujeres tienen molestias crónicas más frecuentemente que los hombres.


"El dolor crónico afecta a una proporción más alta de mujeres que de hombres en el mundo; un curioso aspecto que ha centrado el congreso anual celebrado en EEUU por la Asociación de psicólogos americanos.
La doctora del Centro de Atlanta para la Medicina Conductual, Jennifer Kelly, ha asegurado que las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de experimentar múltiples condiciones dolorosas simultáneas, que conllevan más angustia y pueden derivar en una futura inhabilitación, ya que ellas experimentan un dolor crónico más largo, más fuerte y con una mayor frecuencia que los hombres.
Las hormonas pueden ser las culpables de estas diferencias, dice la doctora, que añade que el estrógeno desempeña un papel importante en dolores como el provocado por las migrañas, la fibromialgia o el síndrome de colon irritable, todos ellos trastornos más comunes en mujeres. Pero junto a estos factores, la experta cita también los aspectos psicológicos y sociales que, según ella, "pueden permitir una modulación del dolor por parte del paciente" y, al igual que ocurre con las diferencias genéticas y hormonales, puede afectar a la respuesta ante determinados medicamentos y a la tolerancia a los mismos.
El Jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital General Yagüe de Burgos, Jerónimo Saiz, concede importancia a las diferencias hormonales y a los consiguientes cambios cíclicos que padecen más ellas que ellos. "Desde siempre se ha sabido que la mujer tiende más a la transformación de problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera involuntaria, y más si tiene que ver con las emociones. Esto mismo se aplica a la percepción del dolor, a una mayor sensibilidad y a la capacidad efectiva, afectando tanto para lo bueno como para lo malo", dice Saiz a ELMUNDO.es.
Kelly ha observado cómo modulan el dolor las mujeres y llega a la conclusión de que lo hacen de forma diferente a los hombres. Ha hecho hincapié en que ellas tienden a enfocar los aspectos emocionales del dolor mientras que ellos se centran en las sensaciones físicas que experimentan. "Aquí radica la causa de por qué las mujeres pueden padecer más dolor que los hombres".
La doctora americana ha insistido en que "se tiene que animar a las mujeres a tomar un papel más activo en su tratamiento". La asistencia a un psicólogo que les ayude a explorar las diferentes estrategias cognitivas y "que les ofrezca un entrenamiento para relajarse con una mayor facilidad también debe ser tenido en cuenta".
Ya en 2002 una investigación canadiense aseguraba que los hombres aguantaban mejor el dolor debido a una proteína llamada GIRK2. Esta tenía un papel importante en la sensación del dolor y en el efecto de los analgésicos en los hombres, pero no en las mujeres. En este estudio Gary Rollman, investigador de la Universidad del Oeste de Ontario (Canadá), adelantaba que "es muy posible que las mujeres sean biológicamente más vulnerables al dolor. Algunos medicamentos para el dolor, incluida la morfina, han mostrado que trabajan mejor en hombres".
En cuanto al tratamiento de los diferentes dolores, los pacientes deprimidos también pueden beneficiarse de psicotrópicos, pero, según Kelly, los antidepresivos no deberían servir como un reemplazo a la intervención psicológica. Según Saiz, "cada paciente puede recibir un tipo de apoyo, una ayuda específica, donde las diferencias entre géneros también se observan. Aunque no existe un tratamiento concreto para los dolores crónicos".
"Si las mujeres pueden ver el dolor como algo que puede ser manejado y algo con lo que pueden trabajar, entonces podrán cambiar el rumbo de su vida", concluye la psicóloga americana."

A mi parecer, se han olvidado de abordar esa característica que asume el hombre desde que tiene uso de razón de inculcarle continuamente que los hombres no lloran, no se quejan, son fuertes, no tienen que sincerarse nunca sobre nada porque eso es visto como falta de masculinidad. Aunque veremos en otro artículo que se puede superar esa coraza que manifiesta el hombre también en la consulta de los médicos.


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martes, 20 de abril de 2010

TERAPIA COGNITIVO-CONDUCTIVA CONTRA EL DOLOR CRÓNICO

De paso que fui al médico de cabecera le cuento que la unidad del dolor del Hospital Virgen de Valme la compone un psiquiatra, el cual sólo me prescribe medio anti-depresivo -y antes de la primera consulta con él, ya hace casi dos años, lo tomaba entero, complementado con no recuerdo ahora qué otro-. Y nada más. Así que le pregunto su parecer respecto a acudir a un psicólogo para que me traten con terapias cognitivo-conductivas. Y, sorprendido de nuevo, vuelve a aceptar; mas como ya no dispongo de seguro médico privado, no me queda más remedio que recurrir a un psicólogo del SAS.
Lo peor es que probablemente se demoren ¡seis meses! en atenderme. Quien ha esperado mucho, no obstante, ya no se alarma demasiado o se enoja por añadidos temporales. Lo bueno es que no está muy lejos. Espero y deseo que -sea cuando me toque- conlleve alguna mejoría.

(Para más información sobre dicha terapia se puede consultar: PSICÓLOGOSCLINICOS.COM, ."Terapia cognitivo-conductual para el dolor crónico" ). 



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miércoles, 31 de marzo de 2010

EL CEREBRO NO DISTINGUE ENTRE DOLOR FÍSICO Y EMOCIONAL: ¿ES CIERTO EN LOS CASOS DE DOLOR CRÓNICO MÁS GRAVES?

Hoy ando de comentarista por la red. Ahora le toca al artículo del blog de Punset al que me refería en dos entradas atrás:

Autor: Eduard Punset 7 Febrero 2010

Importa más el impacto de los sentimientos abstractos que los físicos y concretos de la sed o el hambre. Los dolores causados por motivos sociales –como un desamor– o los placeres de igual naturaleza –como aprobar una oposición– activan idénticos circuitos cerebrales que los estímulos fisiológicos, básicos para sobrevivir, como la práctica del sexo.

Se está confirmando, pues, una sospecha que teníamos muy pocos en el sentido de que el cerebro trata con la misma deferencia o indiferencia, según se mire, experiencias sociales y abstractas como una falta de reconocimiento social y conductas físicas tan concretas como saciar el hambre o morir de sed. (...)"


Mi comentario es el siguiente:

"Sí, teóricamente estoy de acuerdo, pero como indica Perséfone (comentario 2), ¿qué ocurre con el dolor crónico? Insisto un poco.

El dolor crónico se refleja también en otras zonas: produce en muchos casos depresión y ansiedad; desarraigo social, aislamiento; problemas o pérdida de pareja; problemas familiares; problema de credibilidad respecto a su -o nuestro- sufrimiento por cercanos y algunos médicos el miedo que tienen muchos profesionales en recetar opiaceos, incomprensión, pasar por muchos médicos y pasar los años sin respuestas; problemas laborales, desempleo, bajas, jubilación, pérdida de un negocio o empresa familiar por no poder atenderlos, problemas económicos, deudas, no poder recibir terapias no cubiertas por las unidades de dolor, como la acupuntura o la natación; pérdida de neuronas, de memoria; efectos secundarios de los medicamentos; tendencia o deseo al suicidio; efectos adversos sobre la sexualidad, ausencia de ella, discapacidad; problemas de sueño, de su calidad y de insomnio; dependencia a los fármacos, delirio, aturdimiento, incluso -yo no, por fortuna- alcoholismo en muchos casos; adicción a internet... A todo ésto se le suma el coste que supone para las empresas y al Estado.

Busco terapias, intento aplicarme éso que denominan auto-ayuda psicológica. practico la PNL, la relajación, la meditación, musicoterapia, leo y estudio -ciencia, literatura, política, filosofía: no he perdido la curiosidad, éso sí-, escribo para mí y varios blog, administro un blog sobre el dolor crónico -El Faro del Dolor (no sufras sol@ y en silencio), http://farodeldolor.blogspot.com/- y una página en facebook, veo documentales o programas como REDES, comedias, películas interesantes, algún programa de humor -donde usted aparece a menudo, por cierto- y nada de programas convencionales o masivos -vamos basura-...

Pero, como no puedo llegar ni al portal del edificio, sólo trato con mi madre -con la que, por cosas de la infancia y adolescencia temprana, hace años que apenas nos soportamos, pero tuve que regresar a vivir a su casa por las deudas y, por lo tanto, cambiar de ciudad a la fuerza, con lo que conlleva en lo poco social que me quedaba- y mi hija de siete años -la única alegría, el único estímulo positivo en lo emocional, por ello vivo aún-. Casi todo el día es soledad y, a menudo, ni subo la persiana. A pesar de los opiaceos -incluidos parches de mórficos- o del medicamento lyrica, el dolor es un continuo que te corroe y que aumenta -por acostumbrarse a las drogas-, del que te dicen que no tienes cura ni más remedio que el farmacológico. Y uno quiere salir, pero no puede, o relacionarse, pero no hay nadie. E intentar cada día que la existencia no gire en torno al dolor, mas casi siempre es en vano. Como digo, sólo sigo vivo por mi hija. No es mi caso, tras tantísimos años -la pesadilla comenzó hace veintiseis años-, no es aplicable o cierto del todo aquello de Buda de que "El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional. Más cerca de la verdad, a mi entender y padecer es "Cuando el dolor es insoportable, nos destruye; Cuando no nos destruye, es que es soportable" (Emperador Marco Aurelio) o "Hay dolores que matan: pero los hay más crueles, los que nos dejan la vida sin permitirnos jamás gozar de ella" Antoine Apollinaire). Más todavía si al dolor lo acompañan horribles latigazos eléctricos y espasmos musculares impredecibles y no del todo controlables y que traen otro tipo de dolor, el neuropático, más horrible que el miofascial.

Eso demuestra que lo afectivo es una posible tabla de salvación. También es cierto que la empatía, el preguntarte cómo te sientes, una palabra de ánimo, una caricia -todas ausentes en mis días-, estar en compañía de alguien hace mucho bien. Pero el problema del dolor crónico severo reside en que suele ocurrir que aglutina también a otros dolores y problemas que, repito, afectan a otras áreas cerebrales.

Se está insistiendo en las investigaciones mediante la resonancia magnética funcional y estudios genéticos y sobre los péptidos opioides, pero por lo que sufro y he leído de otros países, la medicina pública -ya lo experimentó usted- queda muy lejana de esos avances y, aún peor, de la persona, del -nunca mejor dicho- paciente. Y creo que se deberían destinar más recursos a este problema que afecta, en alguna u otra medida al 11% de la población española. De hecho, creo que no ha sido tratado concretamente ni en Redes ni en ninguno de los blogs del proyecto y creo que sería una interesante aportación, más aún con la repercusión mediatica y peso social que ahora, por fin ha logrado.

Se trata de un síndrome multidisciplinar en el que, en los casos más graves -y, por consiguiente, ajenos a la mayoría-, es muy difícil manejar las emociones o lograr que la mente alivie lo suficiente: un caso digno de estudio. No nos olvide, Sr. Punset: le estaremos eternamente agradecidos. De especial importancia puede ser tratar la influencia de los péptidos opioides -dopaminas y cefalinas- y la manipulación genética, que nos podrían llevar a un mundo sin dolor pero sin depender de narcóticos.

Gracias por llegar hasta aquí en su lectura. Reciba un afectuoso saludo"
.
Espero y deseo que os haya sido de utilidad. En el fondo todo ésto de los blogs se resume en la búsqueda de empatía. ¿Me equivoco? Me gustaría también saber qué opináis.




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miércoles, 25 de junio de 2008

Investigan en Rosario la relación entre emociones y fatiga crónica

El diario argentino NOTIFE.COM nos ofrece una buena noticia sobre un estudio recién iniciado.

Investigan en Rosario la relación entre emociones y fatiga crónica
"Estoy cansado sin haber hecho mucho esfuerzo, me duele tanto la cabeza y el cuerpo, no soporto la luz ni el ruido fuerte, la comida me cae mal" son algunas de las quejas que manifiestan los pacientes con fatiga crónica, un síndrome que en la ciudad y el mundo es poco reconocido tanto por los médicos, sistemas de salud y auditorías de obras sociales, como por la población.
18-06-2008 | 08:44 hs.
Autor: · Fuente: La Capital

Con el fin de que obtenga más difusión y reconocimiento, la médica de familia Gloria Pizzuto realiza una investigación sobre los aspectos psiconeuroinmunoendocrinológicos (Pnie) del síndrome de fatiga crónica (que puede estar asociado a fibromialgia).

El estudio comenzó en agosto del 2007 y ya reúne a 204 pacientes que llegaron en forma voluntaria al consultorio de la profesional luego de haber realizado varias consultas médicas sin un diagnóstico y una respuesta a su problema. La Pnie es un enfoque que relaciona el aparato psíquico, los mecanismos neurológicos, la función inmune y la regulación endócrina. Permite comprender en forma integral al individuo.

"Quienes tienen síndrome de fatiga crónica poseen cansancio o agotamiento sin haber realizado grandes esfuerzos y los que padecen fibromialgia sufren dolores musculares en todo el cuerpo. El diagnóstico de ambas es clínico", aclaró Pizzuto, quien está realizando el estudio en el Centro Médico Integral de Atención Familiar (Cemif) que dirige. Del trabajo participan los bioquímicos Delia Ostera (master en Pnie) y José Scrigna del Instituto de Bioquímica Clínica de Rosario.

"Nuestro desafío es estudiar los estados afectivos de los pacientes para aplicar la terapéutica correspondiente a cada caso y no tratarlos en forma esquemática lo que no dio resultados hasta el momento", explicó Pizzuto.

El síndrome de fatiga crónica (SFC) es una enfermedad cuyo origen es multifactorial y afecta mayormente a las mujeres. Produce síntomas muy dispares como dolores intensos en todo el cuerpo, ansiedad, desórdenes del sueño, depresión, agotamiento extremo, pérdida de memoria, migrañas, vértigo, transpiración abundante, sudoración nocturna, colon irritable y alergia a sustancias (perfumes, químicos).

"Los síntomas del SFC empeoran con una mínima actividad física o alteración emocional y en un gran porcentaje se asocian a la fibromialgia. Ambas son enfermedades de gran impacto social, que no cuentan con el reconocimiento necesario", dijo la especialista.

En el país el conocimiento a nivel médico es escaso y son muchos los profesionales que ponen en duda su existencia cuando Pizzuto comentó que hay evidencias científicas suficientes acerca de estas enfermedades. De hecho, el Instituto Ferrán Fructuoso de Barcelona se dedica a investigarlas y la profesional rosarina mantiene contacto estrecho con ellos para realizar su trabajo.

"La falta de conocimiento y aceptación de estas alteraciones lleva a que los pacientes se sientan incomprendidos por el sistema de salud y deban pelear con su enfermedad «invisible» dado que los estudios convencionales no arrojan información al respecto", comentó la profesional.

Biología y emociones

Desde agosto de 2007 comenzaron a protocolizar a pacientes con síntomas de SFC y fribromialgia bajo la mirada de la Pnie con el objetivo de medir el nivel de estrés que conlleva padecer estas patologías. Quieren relacionar los síntomas biológicos con los emocionales. Conforman un equipo integrado por psicólogos, psiquiatras y distintas especialidades.

"Ya estudiamos a 204 pacientes que se acercaron voluntariamente al Cemif con la sospecha de que podían tener estas enfermedades", contó Pizzuto.

La médica realiza una entrevista con el paciente y luego solicita estudios de neurotransmisores (sustancias que pueden medir la actividad del cerebro, ritmos biológicos del sueño y flujo de hormonas) para verificar cuál es la neuroquímica alterada que originó el malestar. Una vez con el diagnóstico indican al paciente la medicación capaz de mejorar la calidad de vida del paciente.

Pruebas

Pizzuto adelantó que los pacientes estudiados tienen una alteración comprobable del sistema psiconeuroinmunoendocrinológico y desde lo emocional perciben la influencia de hechos traumáticos sufridos en la niñez, conflictos vinculares afectivos, pérdida de familiares cercanos, cirugías traumáticas, episodios de abandono y discriminación.

"Es una patología que enferma el alma y el cuerpo, dando tristeza, dolor y fatiga porque se aprendió a no hablar", definieron a la enfermedad pacientes participantes del 1º Foro Fatiga Crónica Rosario.

Las alteraciones del sistema nervioso autónomo se manifiestan en la forma de cefaleas, jaquecas, alteraciones de la memoria, irritabilidad de carácter, dolor de raíces nerviosas y alteraciones del sueño, mientras que desde lo endocrinológico, habría una relación entre el hipotiroidismo y la fatiga crónica, y entre la diabetes y la fibromialgia.

La investigación es supervisada por Andrea Márquez López Mato, especialista en psiquiatría biológica de Buenos Aires, quien junto a las profesionales rosarinas participará, entre otros, en el congreso de la Asociación Argentina de Psiquiatría, en el 1º Congreso Panamericano de Pnie (Montevideo 2008) y en el 9º Congreso Mundial de Psiquiatría Biológica (París, junio 2009).
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Depresión en el anciano

Siguiendo con los aspectos psicológicos, he aquí un artículo relacionado publicado en CONSUMER.ES.


Depresión en el anciano

Este trastorno no forma parte del envejecimiento pero puede derivarse de factores estresantes como la enfermedad crónica, la pérdida de seres queridos o el dolor

La depresión es el trastorno mental más frecuente en los ancianos, sobre todo, en las ancianas. Lo cierto es que muchos médicos de atención primaria juzgan la depresión geriátrica como muy difícil de identificar, por el hecho de que abarque múltiples formas de presentación, se confunda a menudo con la demencia y pase socialmente desapercibida como un achaque más, propio de la tercera edad, cuando, en realidad, no forma parte del proceso normal de envejecimiento.

  • Autor: Por JORDI MONTANER
  • Fecha de publicación: 22 de junio de 2008

- Imagen: Rodolfo Belloli -

En España, la prevalencia de depresión en el anciano es de entre el 10% y el 15% en las consultas de atención primaria y de hasta un 50% en las residencias geriátricas. José Ángel Arbesú, coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), explica que los pacientes ancianos padecen más enfermedades crónicas discapacitantes que el resto de los adultos y que, algunas de ellas, como alteran las vías neuroquímicas y los neurotransmisores cerebrales, al igual que otras, afectan a los ejes neuroendocrinos, lo cual puede desencadenar biológicamente una depresión. También añade que la deficiente adaptación a las enfermedades, tan habitual en las generaciones más ancianas, puede actuar como desencadenante de la depresión.

Soledad

"El paciente anciano depresivo que acude a la consulta de atención primaria suele tener escasos vínculos familiares o sociales y presenta una sintomatología somática importante que puede dar lugar a cambios en su forma natural de ser, volviéndose más irritable y menos sociable, aislándose en su domicilio. En cambio, la tristeza, como síntoma nuclear de la depresión, puede tener menos importancia en la ancianidad que en la edad adulta", afirma Arbesú.

Las enfermedades crónicas pueden desencadenar una depresión si alteran las vías neuroquímicas y los neurotransmisores cerebrales

Este experto reconoce, asimismo, que algunas patologías, como la enfermedad de Parkinson , el ictus, la demencia vascular, la enfermedad coronaria, las enfermedades endocrinológicas y las neoplasias, contribuyen a la angustia del paciente crónico mayor. Tanto la mayoría de las depresiones como de los deterioros cognitivos en edad avanzada se diagnostican precisamente en las consultas de atención primaria. "El médico de atención primaria va a ser, en la mayoría de los casos, el primero en interpretar las formas de depresión del anciano; ardua labor, teniendo en cuenta que la persona mayor no suele expresar de manera espontánea ni verbalmente el estado de ánimo en que se encuentra", explica el especialista.

Por este motivo, lo que el profesional debe explorar es el lenguaje no verbal y el metalenguaje en su entrevista clínica, indagando sobre el rastro de la depresión en muy pocas y débiles pistas. Ante todo, insiste Arbesú, es necesario establecer un diagnostico diferencial con otras enfermedades psiquiátricas y no psiquiátricas que forman parte del proceso de envejecimiento normal: "El concurso de síntomas fronterizos a la demencia, como una falta de concentración o de memoria, puede dificultar y retrasar el diagnostico de depresión, y hacer pensar al médico que está ante un deterioro cognitivo de inicio".

La utilización en estos casos del test de cribado de Pfeiffer y el "Mini Mental State Examination" (MMSE) pueden ayudar en el diagnostico diferencial entre demencia y depresión.

En alto riesgo

La tasa de suicidio en pacientes ancianos con enfermedad mental es del 15%, y los expertos aseguran que el consumado es más frecuente que en etapas más jóvenes: uno de cada cuatro intentos acaba en muerte. Este riesgo lleva a que los psiquiatras apremien a los médicos de atención primaria a afinar en los diagnósticos. Miquel Roca, psiquiatra del Hospital Juan March, de Palma de Mallorca, aboga por una formación de estos facultativos en la evaluación del suicidio "que erradique mitos falsos, como que hablar de ello induce a cometerlo, que las personas que aluden al suicidio nunca lo ejecutan o que el suicidio se comete sin previo aviso".

Los estudios demuestran que ocho de cada diez pacientes que se suicidan hablan de ello previamente y que la mitad de éstos había consultado al médico de atención primaria la semana anterior a quitarse la vida. "En los casos en los que el médico de atención primaria detecte una ideación clara o riesgo de suicidio, debe derivar cuanto antes el paciente a una unidad de salud mental, instaurando una colaboración entre hospital y ambulatorio que resultará indispensable para seguir a corto y medio plazo su evolución", incide Roca.

LOS INVISIBLES


- Imagen: M. Anima -

Los falsos mitos enmascaran la depresión del anciano. En primer lugar, deprimirse no forma parte del programa normal de todo envejecimiento. Sí consta hacer frente a la enfermedad crónica, a la idea de la muerte, a la pérdida de seres queridos y a distintos achaques que causan dolor, frustración o tristeza. Pero la depresión va mucho más allá de un estado de queja o de tristeza naturales. Para complicar más las cosas, abunda la idea de que los ancianos sufren demencia con facilidad y que su confusión, tristeza, trastornos del sueño o del apetito forman parte del paquete con que la naturaleza identifica el fin de nuestras vidas.

Pero los expertos urgen a discriminar las depresiones verdaderas de otros estados de abatimiento y a evitar que los ancianos empeoren. Demasiadas depresiones de la tercera edad pasan, por tanto, infradiagnosticadas. De cara a quienes conviven estrechamente con pacientes ancianos, los médicos recomiendan prestar mucha atención a cambios en la rutina con la que el anciano viste o se asea, cambios en sus relaciones sociales (si evitan contactos con otros familiares o amigos) y, más que estados de tristeza, recomiendan vigilar la imposibilidad del gozo ante un plato, una música, un chiste o un recuerdo, entre otros.

La incapacidad de reír es más preocupante que la facilidad con que se llora. Sensaciones verbalizadas de culpabilidad, vacío existencial, dolores abstractos, ideas suicidas, cansancio diurno exagerado y pérdida o ganancia de peso desacostumbradas apuntan igualmente a la posibilidad de una depresión. Algunos tratamientos farmacológicos y el consumo de alcohol pueden ser aliados perfectos de una génesis depresiva, por lo que deben también ser tenidos en cuenta.



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Aspectos psiquiátricos del dolor crónico

Completísimo artículo publicado en INTRAMED.NET en relación a los aspectos mentales del dolor crónico.


18 JUN 08 | Repercusiones y abordajes
Aspectos psiquiátricos del dolor crónico
La historia y las dimensiones del concepto "dolor".
Dra. Iraida Ramírez Castañon, paidopsiquiatra adscrita del Hospital Gerenal "Dr. Gea González"
Revista Dolor Clínica y Terapia

ÍNDICE
Desarrollo
Referencias bibliográficas
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Desarrollo

Se ha recorrido un largo camino –y sin embargo aún falta mucho por andar– desde que en la antigua Grecia el dolor era atribuido a las flechas que los hombres lanzaban a los hombres. Más tarde, Aristóteles pensaba que la experiencia del dolor era una pasión negativa, una emoción opuesta al placer; postuló que el dolor era el resultado de un incremento en la sensibilidad al tacto, la cual era transportada por la sangre hasta el corazón, siendo éste el centro de la sensación.

La interpretación aristotélica del dolor predominó en el pensamiento occidental hasta que fue sustituida por la postulación de Descartes, quien, en el siglo XVII, acuñó la idea de que el cerebro era el centro de la sensibilidad y que el dolor era transmitido por pequeños filamentos que corrían desde la piel hasta el cerebro, por los que se transportaban pequeños organismos que se producían y almacenaban en el cerebro llamados espíritus animales; es decir, consideraba al dolor como una sensación (tal como el calor o el frío).

El dolor, según Descartes, se producía cuando, por ejemplo, las veloces partículas de fuego perturban los filamentos nerviosos y dicha perturbación, al llegar hasta el cerebro, activa los espíritus animales que entonces viajan hasta los músculos y se produce el movimiento, la conducta que evita el dolor (por ejemplo, retirar el pie de la llama).

Este modelo mecanicista del dolor persistió en el mundo occidental hasta mediados del siglo XIX, cuando como consecuencia de las investigaciones científicas en el campo de la medicina y la biología gradualmente se desarrolló un modelo más amplio del dolor, si bien igualmente orgánico y mecanicista. Poco a poco términos como neuronas, nocicepción, vías neuronales ascendentes y descendentes fueron enriqueciendo este modelo y proporcionaron la entusiasta expectativa de que el completo descubrimiento de la anatomía y la fisiología de las vías nociceptivas (las vías del dolor) era solamente cuestión de tiempo: ello traería necesariamente la comprensión íntegra del mecanismo biológico del dolor y, por ende, la posibilidad de ejercer el pleno control terapéutico del dolor.7

Fue entonces cuando se consolidó la idea dicotomizada del dolor: existe un dolor físico, a cuyo estudio se enfoca la investigación científica, y un dolor mental, cuyo ámbito se aparta de la ciencia –al menos en el mundo occidental– y se traslada a la religión, la filosofía y, después de un tiempo, también a la psicología y a la psiquiatría.

Parafraseando a David Morris,6 en el siglo XIX surge en la mayor parte del mundo occidental el mito de los dos dolores: el dolor era descrito enteramente dentro del modelo médico, es decir, como producto de una lesión que provoque daño a los tejidos, generando impulsos nerviosos a través de las vías de dolor conocidas y cuyo remedio es tratar la parte afectada o, si es necesario, emplear medidas sistémicas.11 Se reconocía, no obstante, la existencia del dolor mental, de origen psicológico. De esta forma, se dividió al dolor en dos categorías: el dolor real (de causa orgánica) y el dolor imaginario (de causa psicológica).4

La situación se complicó en los años siguientes, cuando resultó evidente que no podía pasarse por alto la existencia de lo que se llamó dolor agudo, que aparece como respuesta inmediata a estímulos nocivos provenientes del interior o del exterior del organismo que causan daño a los tejidos y cesa cuando desaparece el estímulo nocivo o se restaura la integridad y/o la funcionalidad del tejido dañado. Tampoco se podía ignorar el llamado dolor crónico, el cual ha pasado por multitud de estudios y definiciones, ya que éste puede originarse y persistir aun en ausencia de daño evidente a los tejidos o no obstante el tratamiento médico o la desaparición del estímulo nocivo, todo lo cual ha situado al dolor crónico en una posición tal que la investigación científica médica y biológica ha debido aceptar la confluencia de otros muchos factores en su fisiopatología y mantenimiento, y por lo tanto, la participación de otras disciplinas no médicas en su estudio.7 Ahora se estudia al dolor como una entidad en la que confluyen no solamente aspectos biológicos, sino también psicológicos, sociales, culturales y filosóficos, que resultan inseparables para su mejor comprensión. Asimismo, se ha reconocido que el dolor crónico no es simplemente una extensión temporal del dolor agudo, en vista de sus especiales características; por ejemplo, en algunos casos su origen o supervivencia aun en ausencia completa de una causa orgánica identificable.

A la luz de las actuales evidencias, el concepto de los dos dolores es del todo erróneo, pero desafortunadamente difícil de erradicar por completo, aun en nuestro tiempo, incluso en el ámbito médico. El estado de las cosas es tal, que ahora los modelos de dolor incluyen necesariamente esta gama de aspectos: biológicos, psicológicos, sociales, culturales y filosóficos que, según parece, resultan inseparables para dar origen a lo que se ha llamado la experiencia de dolor en el humano.

Las revistas científicas dedicadas a la investigación del dolor suelen incluir estudios de diversas disciplinas, ya que el enfoque médico organicista no abarca la comprensión integral del dolor, de tal manera que si bien en los últimos 50 años han surgido importantes avances en el descubrimiento de aspectos neurológicos y, en general, biológicos del dolor, ha resultado evidente que éstos representan sólo una parte del fenómeno doloroso.

Lo que se ha denominado experiencia dolorosa se acerca más al concepto del dolor como una percepción (las percepciones requieren un sustrato biológico: el sistema nervioso, pero también un complejo psicológico, cultural– social, matizado por la experiencia previa) altamente subjetiva. El planteamiento de que el dolor no significa únicamente una emoción, como en la conceptualización hipocrática, o una sensación, como en la aristotélica, representa un cambio actual sumamente significativo.

Por otro lado, la experiencia dolorosa es altamente subjetiva y particular para cada individuo, y aún falta mucho para alcanzar una comprensión más satisfactoria del dolor. También se ha hecho evidente que esta complicada tarea debe ser prioritaria en el ámbito de la investigación en salud. Otro asunto relevante, al menos en países en donde se otorga gran importancia a los aspectos económicos de las enfermedades (el costo económico que implica una entidad patológica en todas sus facetas), es que el dolor –en especial el crónico– representa un enorme gasto que, por otra parte, no se refleja en el estado de alivio de los pacientes que sufren dolor.

Actualmente se acepta que prácticamente en todos los pacientes con dolor existen tanto factores orgánicos como psicológicos y socioculturales. Este reconocimiento resulta especialmente decisivo en la comprensión y el manejo del dolor crónico, es por ello que en este tipo de dolor se requiere de la participación de los aspectos psiquiátricos.

Fue hace relativamente poco tiempo, en 1945, que el anestesiólogo norteamericano John J. Bonica comprendió que los complejos problemas del dolor requieren de un vasto conocimiento y experiencia, mucho más de los que puede poseer un solo individuo. Como resultado, concibió la noción de que “los complejos problemas de dolor pueden ser tratados más efectivamente por un equipo multidisciplinario, en donde cada miembro contribuirá con los conocimientos y habilidades de su especialidad al propósito común de realizar un diagnóstico correcto y desarrollar la estrategia terapéutica más efectiva; cada individuo aprende de los otros miembros del equipo y sus límites territoriales se hacen menos definidos; entonces, comienzan a ser realmente especialistas en el manejo del dolor (algólogos), de modo que se extienden más allá del campo de sus disciplinas básicas”.5

La idea de Bonica se vio cristalizada con mayor fuerza a principios de la década de 1960 con el establecimiento de clínicas pioneras multidisciplinarias para el tratamiento del dolor. El paradigma básico de esta nueva comprensión médica del dolor se puede resuresumir así: desde tiempos hipocráticos el dolor ha contado con el claro y seguro estatus de síntoma (un mensaje que la enfermedad compone y envía). Ahora, el mensaje es que el dolor es la enfermedad. El dolor es el diagnóstico y no el síntoma.6

Dolor agudo/dolor crónico

Etimológicamente, la palabra inglesa pain derivadel griego poine y del latin poena, términos que significan castigo y su efecto consecuente. La expresión pain, como es usada hoy en día, tiene el equivalente griego del vocablo algos y la palabra latina dolor, raíz de los términos dolore (italiano) y doleur (francés).3

Después de múltiples intentos por definir el dolor, el subcomité de taxonomía de la IASP (Internacional Association for the Study of Pain) acuñó la siguiente definición, aún en uso: “el dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a daño real o potencial al tejido, o descrita en términos de dicho daño” (IASP, 1979). Esta concepción acerca de que el dolor puede ocurrir sin el menor estímulo somático altera los antiguos modos de pensar.

Bonica definió así el dolor agudo: “el dolor agudo es una compleja constelación de experiencias displacenteras sensoriales, perceptuales y emocionales, y algunas respuestas asociadas autónomas, psicológicas, emocionales y conductuales”.3 Invariablemente, el dolor agudo y estas respuestas asociadas son producidas por estímulos nociceptivos. Aunque los factores psicológicos tienen una profunda influencia en la experiencia de dolor agudo, rara vez éste se debe primariamente a psicopatología o influencias ambientales. Esto contrasta con el dolor crónico, cuya psicopatología y factores ambientales juegan un rol prominente.

Por otro lado, el dolor agudo disminuye conforme ocurre la curación o la resolución del factor causal (por ejemplo, el dolor de parto, el dolor por fatiga) y previene a la persona de que algo está mal. Es una señal para iniciar la conducta que eliminará la causa del dolor.

El mismo Bonica define así el dolor crónico: “el dolor crónico es aquel dolor que persiste un mes más de la duración del curso usual de una enfermedad aguda o del tiempo razonable para que una herida sane, o bien, cuando el dolor está asociado a un proceso patológico crónico que causa dolor continuo, o el dolor recurre a intervalos de meses o años”.3 Algunos clínicos consideran un periodo arbitrario de más de seis meses de duración para clasificar a un dolor como crónico, pero esto no parece ser del todo adecuado debido a que no toman en cuenta que diversas lesiones y padecimientos poseen tiempos usuales de recuperación, y resulta más exacto considerar la evolución hacia el alivio o el empeoramiento del dolor más allá del tiempo esperado.

Ejemplos de dolor crónico son la cefalea, el dolor de espalda, la artritis, el cáncer, algunas enfermedades psiquiátricas como la depresión mayor, los trastornos de ansiedad, los trastornos somatoformes, la hipocondria y el trastorno de dolor psicógeno, por mencionar algunos.

Muchas veces el dolor crónico persiste no obstante el tratamiento y el paso del tiempo. El paciente y el médico suelen tratar de encontrar una explicación satisfactoria a la presencia y continuación del dolor. La patología fisiológica, anatómica y bioquímica identificada por el examen físico y las pruebas diagnósticas usualmente no explican por completo la causa del dolor. Las personas con dolor crónico suelen exhibir alguna actividad autónoma: síntomas neurovegetativos tales como los trastornos del sueño, alteraciones del apetito y del peso, disminución de la energía y de la libido, reducción de la concentración, irritabilidad. Con frecuencia tienen una historia de múltiples intervenciones médicas y quirúrgicas. El distrés emocional asociado, los trastornos familiares, económicos y en general la alteración del estilo de vida secundarios a la persistencia del dolor, se vuelven por sí mismos problemas significativos. Estos tipos de distrés, el aislamiento social, la inactividad y la creencia de que el dolor proviene de una enfermedad seria han sido descritos por Pilowsky como la “conducta anormal asociada a la enfermedad”.1

Dolor crónico y psiquiatría

Mientras se expande el conocimiento sobre el dolor, en especial respecto a la complejidad del dolor crónico, se clarifica cada vez más que éste es un síndrome complejo. Actualmente los profesionales del campo del dolor crónico aceptan que la evaluación debe ser multidisciplinaria y que en la mayoría de los pacientes se requiere de más de una modalidad de tratamiento. En resumen, el objetivo común del equipo multidisciplinario de una clínica del dolor es, en última instancia, la mejoría de la calidad de vida del individuo con dolor. El equipo puede estar formado por anestesiólogos, médicos internistas, neurólogos, neurocirujanos, psiquiatras, psicólogos, terapeutas físicos y ocupacionales, personal de enfermería y trabajadores sociales. Lo más deseable es que todos ellos tengan un entrenamiento previo en el campo de la algología.

El paciente con dolor crónico presenta uno de los problemas más difíciles e ingratos de la práctica médica, y desafortunadamente aquellos profesionales de la salud que no se especializan en la salud mental pueden mostrarse perplejos ante la existencia de varias explicaciones de los aspectos psicológicos del dolor,5 así como por el papel que juegan los factores sociales, culturales, económicos y espirituales del dolor, que no suelen ser tomados en cuenta. Entre el personal médico es quizá el psiquiatra quien está mejor preparado para enfrentar los aspectos psicosociales del dolor crónico.2, 9

En la atención de la persona con dolor crónico el psiquiatra puede fomentar el trabajo multidisciplinario, ya que forma un puente de unión entre la labor de los médicos especialistas (gracias a su formación médica) y la labor de profesionales del campo psicosocial, como psicólogos y trabajadores sociales. El individuo con dolor crónico de difícil control (como lo es la mayoría de los pacientes que acude a las clínicas del dolor) suele no pocas veces tener problemas familiares, incapacidades o disminución de funciones orgánicas, pérdidas laborales, depresión, ansiedad, trastornos de la personalidad.

Si el enfermo llega a ser atendido en alguna clínica del dolor, generalmente para entonces ya ha consultado a varios especialistas, se ha sometido a diversas pruebas y además, en muchos casos, ha padecido la antipatía y aversión de los médicos, dado el sentimiento de frustración que estos individuos suelen provocar. Por otro lado, es difícil en estas circunstancias encontrar algún paciente en quien la dimensión psicosocial haya sido explorada más allá de un nivel superficial. El psiquiatra está capacitado para realizar una contribución en la evaluación y manejo de estos aspectos. Las siguientes siete premisas son propuestas por Schwab10 como causas de que los aspectos psiquiátricos de los pacientes sean pasados por alto:

1. La influencia del modelo biomédico en la educación médica: se tiene la idea de que el todo es meramente la suma de sus partes y se llega a considerar al paciente como objeto.

2. Defensas personales: el entrenamiento médico requiere que se elabore una colección de defensas personales, tales como la negación, el aislamiento del afecto y el distanciamiento (necesarios para enfrentarse a la enfermedad y la muerte y mantener la objetividad), sin embargo, esto también nos aleja del reconocimiento de las emociones del paciente.

3. La contratransferencia: con frecuencia los médicos no toman en cuenta que las actitudes peyorativas y en general contratransferenciales pueden distorsionar su punto de vista acerca de los pacientes, en especial aquellos con enfermedades crónicas y/o psiquiátricas.

4. La distancia social: interfiere con la habilidad del profesional de la salud para identificar la enfermedad psiquiátrica. Por ejemplo, existen estudios que demuestran que los médicos de clase media pueden subestimar los niveles de ansiedad de sus pacientes de clase social baja.

5. La inadecuada atención hacia la historia del paciente al pasar por alto la investigación de detalles de la vida de éste.

6. Con frecuencia el examen del estado mental del paciente se omite. Junto con la depresión y la ansiedad, los trastornos mentales orgánicos son las alteraciones psiquiátricas más comunes en los pacientes con enfermedad médica (incluyendo al dolor crónico), pero tristemente es común que estos padecimientos vean retrasada su detección, o bien, nunca se diagnostiquen.

7. La complejidad diagnóstica: algunas condiciones médicas y psiquiátricas simulan unas a otras; la ansiedad, por ejemplo, puede ser una manifestación de un trastorno por angustia, pero también puede estar causada por una intoxicación por cafeína, por el uso de anfetaminas o puede ser una manifestación temprana de un feocromocitoma, pero también puede estar producida por enfermedades cardiopulmonares, endocrinas, metabólicas, neurológicas, tóxicas. Otro ejemplo es el problema de la depresión en las personas con cáncer. Se sabe que debido al fenómeno psicológico de la contratransferencia, se bloquea con frecuencia el reconocimiento de la depresión en estos pacientes. El médico piensa: ¿no estaría yo deprimido si tuviera cáncer? La depresión se ha detectado en alrededor de 50% de los individuos con cáncer hospitalizados.

Existen estudios que, tomando una muestra de pacientes con dolor crónico, investigan la frecuencia y el tipo de enfermedad psiquiátrica presente sin considerar si los padecimientos psiquiátricos encontrados son causa, acompañante o consecuencia del dolor crónico; una prevalencia de alrededor de 50% suele ser un hallazgo común.8



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lunes, 24 de marzo de 2008

Doscientos médicos aprenden en Santiago estrategias para tratar ocho causas del dolor

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Doscientos médicos aprenden en Santiago estrategias para tratar ocho causas del dolor

Algunos pacientes lo asumen con resignación, otros se plantean el suicidio, indican
Autor:
Joel Gómez
Fecha de publicación:
8/3/2008
Las convicciones basadas en creencias religiosas provocan que numerosas personas asuman el dolor con resignación, como una prueba o un castigo divino; otras, sin embargo, ante lo insoportable que les resulta, se plantean incluso el suicidio. Son situaciones extremas que se dan en la sociedad actual. Aunque el dolor no tiene por qué constituir un problema si se acude a los servicios sanitarios, que disponen de drogas y otras alternativas eficaces para reducirlo.
Esas posibilidades para ocho de las situaciones más frecuentes en la consulta de los médicos de atención primaria se exponen en talleres que organiza en la ciudad la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). Los asistentes conocerán de forma práctica cómo actuar cuando un paciente se queja de dolores de cabeza, artrosis o fibromialgia; pero también cuando padece a causa de la depresión o de un cáncer; se revisará la idoneidad de los tratamientos antiinflamatorios, fármacos de uso extendido que pueden causar efectos adversos importantes; el denominado dolor neuropático, que se presenta en dolencias frecuentes como la diabetes; y también el dolor agudo, como el que se sufre tras una operación ambulatoria cuando el paciente regresa de alta a su casa, o el manejo de pacientes politraumatizados, a causa de accidentes o quemaduras, para estabilizarlos en un primer momento.
Doscientos médicos de atención primaria de diferentes lugares de España se han apuntado para participar en estas sesiones. Hay estudios que concluyen que el 50% de los pacientes que acuden a consulta a los centros de salud lo hacen por dolor, explica Emilio Blanco, del grupo de trabajo del dolor de Semergen. Y es en atención primaria donde se tratan el 84% de los pacientes con dolor, según esta entidad corporativa.
De todas las edades
Isidoro Rivera, presidente de Semergen-Galicia, afirma que no hay edad para que el dolor sea un problema. En la infancia o adolescencia puede presentarse por situaciones como una amigdalitis o por la menstruación, y en las restantes décadas de la vida por otras dolencias.
En estos ochos talleres también se informará de la clasificación de los medicamentos considerados más eficaces, sus vías de administración y criterios de uso racional.
Este encuentro lo patrocinan 18 laboratorios farmacéuticos, casi todos conocidas multinacionales. El Gobierno Central, reconoce su valor formativo para los profesionales participantes, con 1,7 créditos, equivalentes a 10 horas lectivas.
Los ocho talleres son prácticos e interactivos, y en todos se programa la participarán dos ponentes, de los que uno es médico de familia


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martes, 15 de enero de 2008

Bipolaridad: sólo el valor de enfrentar los propios temores permite superarlos

Los que padecemos de dolor crónico solemos padecer además -entre otras consecuencias- de problemas psicológicos, adquiriendo un carácter en muchas ocasiones rozando la bipolaridad. No es que seamos bipolares,. pero es bueno saber que hasta éso puede tener solución.


Historia clínica

Bipolaridad: sólo el valor de enfrentar los propios temores permite superarlos


Es la clave para un tratamiento con muchos altibajos

Clara, de 27 años, es una mujer de pelo y ojos oscuros. Es arquitecta
y se había recibido unos pocos meses antes de verme por segunda vez.
Acarreaba un diagnóstico de bipolaridad, que se manifiesta con
episodios depresivos con desgano, desmotivación, tristeza, dolores de
cabeza, dificultades para concentrarse, aumento y disminución de peso,
sueño excesivo y problemas para disfrutar de la sexualidad.

Cada tanto experimentaba episodios hipomaníacos, en los que se volvía
hiperproductiva; con poca necesidad de dormir; deseos de emprender
varios proyectos a la vez; sensación de no poder parar de pensar;
incremento notorio de la frecuencia sexual y, ocasionalmente, abuso de
alcohol, marihuana, tabaco, café y ansiolíticos.

Había sido tratada antes por cuatro profesionales (uno de los cuales
fui yo) con resultados parciales y frecuentes recaídas. Aunque en
general la medicación indicada para estos casos es efectiva, en ella
no había tenido el éxito esperado. Sólo se lograba cierta estabilidad
con oscilaciones menores del estado de ánimo, pero sin alcanzar la
remisión completa de los síntomas.

La segunda vez que acudió a verme, Clara parecía estar transitando un
período muy oscuro de la vida. Me dijo que quería dejar la medicación.
Le contesté que el camino para eso era largo y difícil, no siempre
coronado por el éxito. Le pregunté si estaba dispuesta a intentarlo
con un esfuerzo sostenido.

Clara era bastante consciente de sus limitaciones y me sorprendió su
respuesta. Después de meditar unos instantes, dijo: "¡Sí!, quiero
salir de este punto. ¡Esto es el fondo del abismo! ¿Hay algo peor?...
He pensado hasta en suicidarme, pero mis creencias religiosas me lo
impiden".

Unos días después, Clara hizo referencia a que no soportaba sus
aspectos depresivos y que intentaba eludirlos tensionándose, comiendo
o durmiendo, y que también detestaba su euforia, que intentaba acallar
embriagándose o fumando. Me pidió que quitase eso de su vida. Le dije
que tal vez ésta era la prueba más difícil de superar, que me parecía
que esos aspectos eran parte de su mundo personal, que mientras los
rechazara estaría dividida, fuera de su centro, como una grúa que
intenta extender el brazo más allá de lo que le permite su estabilidad
y entonces vuelca o se cae.

Clara me miró horrorizada, como si tuviera que convivir con un
monstruo interno. Le pedí que meditase acerca de los aspectos
negativos y positivos de sus momentos de desánimo y de exaltación.
Ella dijo: "¡Negativos, ciento por ciento! ¿Positivos...? ¿Qué puede
tener esto de positivo? Tal vez deba preguntármelo cuando esté
maníaca", ironizó.

Algunas semanas después, Clara tuvo un aprendizaje vivencial en un
momento de depresión. Pudo diseñar un mausoleo para una cripta
familiar de un amigo que se lo había solicitado meses atrás y que ella
venía postergando. Se puso contenta cuando su amigo le agradeció; le
refirió que tanto el concepto como los detalles del diseño eran
exquisitos y que el conjunto inspiraba una gran paz.

Poco después, durante un período de euforia, la joven pudo enfocarse
efectivamente en la búsqueda de un trabajo estable, que hasta el
momento no tenía. Comenzó a comprender que el tratamiento no consistía
sólo en la medicación, acudir a las citas y hablar. Además, ella debía
hacer algo.

En nuestro próximo encuentro, aceptó un nuevo desafío que le propuse
para su recuperación. Poco a poco, y a través de su esfuerzo personal,
fue fortaleciendo su voluntad y pudo dejar de consumir marihuana,
alcohol, tabaco y café, que tanto daño le ocasionaban.

Con el tiempo comenzó clases de yoga, de tenis y retomó sus prácticas
religiosas. Tibia y lentamente al principio, y después en forma más
contundente, fue centrándose y tomando el control de su propio ser,
aceptándose tal y como es, profunda e íntimamente.

Un día vino a verme y su semblante me pareció muy nítido y armónico.
Le solicité que trajera una foto del año anterior. Cuando lo hizo, le
sugerí que fuera hasta el espejo de la antesala y comparase su rostro
actual con el de la fotografía. Volvió intrigada y preguntó:

-¿Cuál de las dos no soy yo?

-Usted, ¿qué piensa?

-Esta que está aquí con usted hoy soy yo. -Clara comprendió que estaba
venciendo la tempestad, que el valor de enfrentar sus propios temores
controlaba ahora el timón de su vida.

Poco tiempo después pudo abandonar los medicamentos y no tuvo recaídas
hasta el momento. Hoy es una profesional exitosa, se ha casado y
espera su primer hijo.

Por Daniel Patiño
Para LA NACION

El autor es médico psiquiatra y psicólogo, docente de la IV Cátedra de
Medicina Interna del Hospital de Clínicas

Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/717428

Enviado por Maria Elena (angeldeluz)




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lunes, 14 de enero de 2008

FRIDA DOLORES KAHLO (el lenguaje del dolor)

FRIDA DOLORES KAHLO

(el lenguaje del dolor)




"Mi pintura lleva un mensaje de dolor. Ha completado toda mi vida."

Frida Kahlo.



Mi Nacimiento (1.932)


Hablar de alguien significa inventar a otra persona y esto es más cierto aún cuando no se la ha tratado o siquiera se la ha conocido. Sin embargo, bajo esa premisa, nadie podría referirse a nadie, pues sería preciso poder acceder a la mente ajena. Incluso hasta el protagonista suele modificar el relato de los hechos sin motivo o intención, pues los entresijos del cerebro a menudo construyen una realidad distinta a la vivida. Pues el cerebro, como en casi todo lo relacionado con el exterior, crea una realidad y existe la realidad porque la crea.



Las Dos Fridas (1.939)


Cuando el aludido o sujeto de nuestros razonamientos y descripciones, por ende, posee el reconocimiento público, pasamos a construir ‘personajes’ a partir de ese individuo único. Si en condiciones normales creamos una idealización del otro –la más de las veces a partir de prejuicios o de unos retazos de información-, cuando hablamos de alguien afamado nos solemos llevar por uno de sus ‘personajes’ o roles. Si en las relaciones habituales la idealización del prójimo se compone de sensaciones instintivas y de los resultados de la interacción con aquél en términos positivos, negativos o neutros, en la persona destacada y no existiendo interacción física la idealización se basa en lo que de tal persona recopilamos –imágenes, hechos, obras…- y de lo que nos agradaría que fuera ella y, al tiempo, que nosotros mismos fuéramos en contraposición a esa persona.


Autorretrato con Collar de Espinas (1.940)


También la otra persona, en especial las famosas, crean un propio personaje de sí mismas y fomenta la imaginación de cada uno de nosotros. Y este hecho, en ocasiones, podrá perdurar más allá de la vida de aquella. O se incrementa, al pasar a convertirse en lo que denominan un mito o una leyenda –palabras aplicadas por exageración periodística común- y son más ‘comerciales’ que cuando vivían –esta circunstancia no tiene que ser positiva necesariamente; así la obra culmen de Miguel de Cervantes es más famosa como elemento decorativo y de distinción en todo hogar que por su aborrecida lectura no realizada.


El Sueño -La Cama- (1.940)


Actualmente Frida Kahlo se ha transformado, después de unos cuantas décadas muerta, en, por un lado, tantas Fridas como se deseen y como una marca comercial, por otro. Frida la defensora de los indios, Frida la restauradora del arte precolombino, Frida la feminista, Frida la rebelde, Frida la bisexual o la lesbiana, Frida la fea, Frida la libidinosa y deseada, Frida la provocativa, Frida la loca, Frida la coja, Frida la fibromiálgica, la Frida uniceja, la Frida sangrienta, la Frida indecente, la Frida alcohólica y drogadicta, Frida la narcisista y ególatra, Frida la comunista, Frida la promiscua, Frida la exhibicionista, Frida la antigringa, Frida la cornuda, Frida la estéril, Frida generosa y hospitalaria, Frida la esposa de, la Frida marca comercial, la Frida de los documentales y libros de ensayos, la Frida cinematográfica… Ella misma indujo -y gustó de ello- a que crearan esos o más personajes y, por ende, a los humanos nos encanta disponer de leña para la palabrería y a alzar a los altares y destronar a alguien de un momento para otro. Para ello ayudó sobremanera la realización de la cinta cinematográfica liderada por Salma Hayek y adecuada al pensamiento light-políticamente correcto-con una pizca de pimienta. Y como una corriente imparable, el mundo se postró ante su ceniciento pie –para alegría de sobrinos y descendientes de éstos y de los poseedores de sus obras y México todo.


Raíces (1.943)


En sí casi ninguna de las descripciones se equivoca en mucho. No porque yo la hubiese tratado –no cuadran los años- o por ser un erudito, sino porque todos somos un poco de todo, aunque ejercitemos en mayor o menor medida nuestros roles y facetas públicos. Tal vez la suma de todos diera como resultado Frida y no seré yo quien entre a discutir si están en lo cierto o no o si existe excesivo espíritu mercantilista, más que nada porque para muchos es algo más que una persona y es para bastantes mejicanos casi como de la familia.



La Columna Rota (1.944)


Empero hecho de menos una mayor profundización en lo que para mí sería la línea conductiva de Frida Kahlo: el dolor. Es posible que se deba a que casi nadie lo ha abarcado desde su propio prisma; es decir, desde la experiencia personal en relación con el dolor. Mi propósito y mis circunstancias personales me permiten intentarlo y llevarlo a cabo con el convencimiento de que el dolor marca la vida de los que lo padecen mucho más de lo que se puede imaginar, tanto por su constante presencia como por la eterna soledad y problemas psíquicos que conlleva.


Sin Esperanza (1.945)


Primero fue la polio, la cual se podría decir que, vitalmente, la superó. Pero las consecuencias del accidente viario del que fue víctima perdurarían durante toda su existencia. Y, desde ese día su existencia se centró mayoritariamente en una cama y una habitación como hábitat –adornada en ocasiones con un corsé de escayola o metálico, con una muletas o una silla de ruedas. Ella lo escribió en varias ocasiones y ruego al lector imaginarse en el lugar de un enfermo encamado, sin nadie que se acuerde apenas de uno, minuto tras minuto dolorido y solo, mirando un techo, un armario, una ventana, cuatro paredes, escuchando a lo lejos la vida y no estar en ella, pensando y repensando sobre uno mismo, su destino, su futurible existencia si no se encontrara en tal estado, buscando en cualquier resquicio una leve esperanza o un pedacito de ternura y comprensión, poder amar y no sentir que eres una carga o un molesto recuerdo del que huyen. Su pareja de entonces huyó, sus padres no sabían cómo mantenerla y casi se arruinan, su padre advirtió a Rivera de que no era, ni mucho menos, un buen partido cuando pidió su mano, no podía tener hijos, su esposo –aunque lo supiera de antemano, el sufrimiento no se resta- gustaba de todo lo que llevase faldas -hasta de su cuñada, hermana de Frida-, dependía económicamente de otros, dependía sanitariamente de un milagro que nunca llegaría… Pese a tener suerte respecto a dar con un marido que la mantuviese, Frida Kahlo vivía básicamente con el dolor físico y la soledad y con el dolor del desamor y de no poder ser algo tan natural o cotidiano para la mayoría como una simple y sencilla persona normal.


Árbol de la Esperanza, Mantenme Firme (1.946)


Probablemente, hoy en día, su padecimiento hubiese sido atenuado, mas, empero, creo que el diagnóstico hubiese sido el mismo: dolor neuropático como consecuencia de las lesiones y de las secuelas postoperatorias. No deseo entablar una discusión con otros autores sobre si sufría fibromialgia, deducida de los puntos de dolor marcados en su obra LA COLUMNA ROTA (1.944); no obstante debo indicar que dichos puntos -los clavos grandes y sin contar los del corazón o los pequeños, que serían más bien simbólicos- son los marcados por cualquier paciente –y me incluyo- con dicho dolor asociado a lesiones de columna y buscar una causa reumatoide a una columna destrozada me parece, sinceramente, rizar el rizo –con todo la calificación es lo que menos importa, pues lo relevante es el dolor crónico en sí y sus consecuencias, tales que mentiría si no hubiese deseado al prójimo que lo sufriera, en un enfado, al menos un par de meses como uno de los peores males con los que se pudiese maldecir a alguien; así mismo depende de cómo definimos la fibromialgia o dónde la incluimos sin en reumatología o en dolor neuropático, pues si los estudios lo achacan a causas bioquímicas no entiendo el interés y la confusión (véase, respecto al diagnóstico, por ejemplo, los artículos FIBROMIALGIA, PESADILLA DE FRIDA KAHLO y LOS DOLORES DE FRIDA; y, respecto a su definición o para saber más del tema, la sección de EL FARO DEL DOLOR, FIBROMIALGIA Y SÍNDROME DE FATIGA CRÓNICA y en la palabra clave de búsqueda –por actualizarse la anterior sección cada uno o dos meses- FIBROMIALGIA –actualizada día a día-, en lo que se refiere a la fibromialgia, y respecto al dolor neuropático la sección DOLOR NEUROPÁTICO y COLUMNA Y ESPALDA y las etiquetas o palabras claves de búsqueda DOLOR NEUROPÁTICO, COLUMNA Y ESPALDA y ENFERMEDADES MUSCULOESQUELÉTICAS).


El Venado Herido (1.946)


Creo así mismo que su pintura está marcada por, además de los elementos indígenas, símbolos reiterados en los pintores que sufren enfermedades asociadas a dolor crónico. Por un lado, el autorretrato. Algunos la tildan de egocéntrica por ello, más, como bien dijo, pasar muchas horas frente a su reflejo y con poco más que ver suelen llevar a convertirse a uno mismo en modelo. Un modelo que se distorsiona, que desea escapar, que intenta volar, que lleva marcado el sufrimiento. En ese sentido, me hacen gracia los críticos porque lamentan que en un periodo intentó vivir de tales retratos realizados uno tras otro; gracia porque ella descubrió que le pagaban por ello y que, tal vez, podría liberarse de, por aquel tiempo, su ex-esposo y su dinero: ¿sería la primera artista que lo hace o los talleres de los grandes pintores y su producción programada y delegada no existieron?


Flor de la Vida (1.947)


La contraposición de los contrarios –el sol-la luna, la noche-el día, la vida-la muerte, la fantasía y lo real…-, sin dejar de lado sus evidentes significados, también guardan mucha relación con el dolor: la noche insomne y dolorida se hace eterna, el carácter viaja de la esperanza a la desesperación, de la alegría a la ira, conductas similares a la bipolaridad. Por la noche, el dolor se agranda, el silencio aumenta, la soledad crece y el tiempo se detiene; se anhela que llegue el día, porque es posible que traiga algo de esperanza y compañía. La realidad es como una cárcel, prisionera de su cuerpo y sus circunstancias, con un cerebro que detesta su propio ser físico y del que no puede librarse sino es a través de la fantasía. Así que tenía razón y no era surrealista, sino, diría yo, su-realista. Al tiempo sus animales aparecen porque son parte de su compañía, de los hijos que no tenía y de las vivencias que no podía tener y acogerse a lo nativo puede significar aferrarse a un pasado en el que no era dolor. Su sexualidad es emulación de su marido e intención de vivir intensamente. Sus tendencias políticas –un tanto superficiales- son parte lo mismo y parte un deseo de desear a los demás lo mejor, de pretender aportar, desde su reclusión, algo en beneficio del bienestar de toda la humanidad y, por lo tanto, también una proyección de sus ansias de volar y de vivir, de libertad frente a su cuerpo.


El Abrazo de Amor del Universo, la Tierra (México), Yo, Diego y el Señor Xolotl (1.949)

Todo mezclado con el dolor del desamor y con sus problemas –secuelares- mentales: ¿quién puede ser eternamente fiel a alguien encamado, que no tiene mucho que contar cada día –más allá de donde le duele o no-, que se torna arisco e introvertido en la intimidad –otra cosa es el mantener su figura pública-, cada vez más depresivo, cada vez menos hermoso y más deformado, día a día dependiendo de opiáceos –los cuales mudan la realidad, producen alucinaciones, así como adicción y decadencia cuando su aplicación era la de aquellos años y no bajo las pautas y avances médicos y tecnológicos actuales. Pero es más fácil hablar a la ligera y simplificar con epítetos rotundos y sensacionalistas.


El Círculo -Yo Soy la Desintegración- (1.951)

Su vida, pese a estar cerca de la muerte y el deseo de suicidio, es un ejemplo de resistencia y de no permitir la derrota –aunque la sufriese-, superando todas las veces que tuvo que pasar por quirófano –habría que recordar a algunos o pensar lo que se sufre en una sola- y la amputación: no me extrañaría que yo en lugar hubiese tomado las de Villadiego y hubiese abandonado ese tipo de vida para siempre. Su obra es, además, una de las mejores expresiones de lo que significa ser y de la búsqueda del conocimiento de uno y de intentar entender la realidad y lo que tiene o no tiene sentido. Su obra –también la escrita- representa su propia vida y los adornos que su imaginación, tanto en sentido trágico como alegre, forman parte de ésta, inseparablemente, porque la existencia de uno se compone de lo visible y de lo que la mente de uno va elaborando. Y ese es precisamente su legado: mostrarnos lo que nadie había mostrado, la vida en su crudo sentimiento, en toda su crueldad, amargura. sus sueños y belleza, sinceridad pura, desnudez total y limpia, como si hubiese ido agrupando cada idea, por muy inconveniente o absurda, que su mente elaborase y fuese proyectada en sus pequeños lienzos, como una Columna de Trajano que narrase su existir.



Autorretrato con el Retrato del Dr. Farill (1.951)


Posiblemente porque nunca se plantease o creyese del todo que realizara arte –y cuando lo supo se imitó o ya era más morfina que agua- y simplemente fuese como hacer ganchillo, con su mismo detallismo y paciencia, con su misma ansia de trascender al tiempo cotidiano para vivir en un mundo donde no importase la forma sino el sentimiento y el amar –sus obras son en su mayoría tablillas de pequeño tamaño.


Congreso de los Pueblos por la Paz (1.952)


Esta es mi Frida y así la hago llegar al viento, por si su recuerdo me sirviese para ser un poco libre de la realidad, para crear y dar vida a mi propia realidad.



El Marxismo Dará Salud a los Enfermos (1.954)


PARA SABER MÁS:

Webs:

(existen muchísimas páginas dedicadas a Frida Kahlo, tal como se puede comprobar en cualquier buscador: sólo presentamos una muestra)

Libros:

  • Diario Íntimo (Frida Kahlo)
  • Frida (Hayden Herrera)
  • Frida Kahlo (Rauda Jamis)
  • Frida Kahlo -1.907 a 1.954-: Dolor y Pasión (Andrea Kettenmann)
  • Frida: La Pasión Hecha Mujer (Diana Fernández Irusta)

Estos dos libros no se refieren a ninguna persona, perpo sirven para entender qué se siente en el dolor:

  • El Aprendizaje del Dolor (Fernando Bárcena)
  • Ante el Dolor de los Demás (Susan Sontag)

(Si alguien los quisiera leer en versión digital o e-books, pueden remitirme un correo eléctrónico y se los adjuntaré en la respuesta)

Documentales:

  • La vida y la época de Frida Kahlo
  • Vida y Muerte de Frida Kahlo
  • Frida

(Y la película Frida, producida y protagonizada por Salma Hayek. Todos ellos se pueden descargar en Ares, por ejemplo, u otro programa similar).



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