Un punto de encuentro para aquellos que sufren cualquier forma de dolor crónico en su propio cuerpo y para quienes lo sufren como pareja, familiares, amigos o personal médico y sanitario. Un lugar abierto a quien desee exponer su caso o estudios o consultar sus dudas o realizar encuestas específicas o desahogarse… cómo y cuándo se quiera.

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lunes, 20 de septiembre de 2010

VIVIR CON DOLOR: RELATO DE UN DIA CON DOLOR CRÓNICO

Buscando en Google artículos sobre "dolor crónico y soledad", el primero que hallamos de la búsqueda era uno de facebook, de un foro de un grupo de nombre QUÉ NO TE DUELE; se titulaba “¿Qué significa dolor crónico” y resultó que leyendo -desde el título algo sonaba a familiar- de que el artículo es... ¡un post de EL FARO DEL DOLOR de título “Relato de un Día con Dolor Crónico”!  Lo que señor de Puerto Rico usó como título era el que daba entrada al primer apartado del artículo. Pero además, no se mencionaba de dónde procedía ni siquiera enlazaba con la web.

Tras varios mensajes y, en tanto no se inclinó por rectificar el 'error', tal como le ofrecimos, le dimos un tiempo prudencial para que eliminara el artículo o sería denunciado ante la dirección de Facebook por no respetar los derechos de autor. Al cabo, lo que ocurrió fue que en vez de eliminar el artículo, eliminaron el grupo -por otra parte inactivo desde 2008.

Este hecho nos ha llevado -además de para hacer justicia contra el plagio y que en Google redireccione al origen legítimo y genuino- a retomar este testimonio de los comienzos de El Faro Del Dolor, porque merece la pena recordar cómo es el día a día de un enfermo de dolor crónico, cómo es vivir con dolor crónico y qué significa el dolor crónico para quien lo sufre -la incomprensión, la soledad, el aislamiento social, los problemas psicológicos, el sentimiento de culpa, los problemas económicos, etc.




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Dolor crónico por problemas de espalda o columna, fibromialgia, esclerosis múltiple, artritis, artrosis, migrañas, oncológicos. etc; así como los problemas vitales y psicológicos que sufre el paciente y sus cuidadores. Si deseas colaborar contando tu experiencia, publicando un artículo, realizar una consulta, sugerir un enlace, proponer una encuesta o cualquier otro tipo de participación, solo tienes que intentarlo. Somos muchos y no estamos locos.
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martes, 20 de abril de 2010

TERAPIA COGNITIVO-CONDUCTIVA CONTRA EL DOLOR CRÓNICO

De paso que fui al médico de cabecera le cuento que la unidad del dolor del Hospital Virgen de Valme la compone un psiquiatra, el cual sólo me prescribe medio anti-depresivo -y antes de la primera consulta con él, ya hace casi dos años, lo tomaba entero, complementado con no recuerdo ahora qué otro-. Y nada más. Así que le pregunto su parecer respecto a acudir a un psicólogo para que me traten con terapias cognitivo-conductivas. Y, sorprendido de nuevo, vuelve a aceptar; mas como ya no dispongo de seguro médico privado, no me queda más remedio que recurrir a un psicólogo del SAS.
Lo peor es que probablemente se demoren ¡seis meses! en atenderme. Quien ha esperado mucho, no obstante, ya no se alarma demasiado o se enoja por añadidos temporales. Lo bueno es que no está muy lejos. Espero y deseo que -sea cuando me toque- conlleve alguna mejoría.

(Para más información sobre dicha terapia se puede consultar: PSICÓLOGOSCLINICOS.COM, ."Terapia cognitivo-conductual para el dolor crónico" ). 



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martes, 6 de abril de 2010

Los fármacos que incrementan el riesgo de caída en los ancianos

Otro artículo sobre el dolor crónico en ancianos (elmundo.es); en este caso en relación a las caídas que pueden provocar los fármacos.


Los fármacos que incrementan el riesgo de caída en los ancianos

  • Los antidepresivos y los sedantes son los medicamentos que generan más problemas
  • Las caídas y sus complicaciones son la quinta causa de muerte en el mundo
  • El 30% de las personas mayores de 65 años se cae al menos una vez al año
Un anciano en silla de ruedas. (Foto: EL MUNDO)

Un anciano en silla de ruedas. (Foto: EL MUNDO)


MADRID.- Caídas y lesiones, algunas tan críticas como la rotura de cadera, son frecuentes en la vejez. Estos incidentes constituyen un problema de salud pública, a menudo, infravalorado pero de gran importancia, ya que constituyen la quinta causa de muerte en el mundo desarrollado. Ahora, dos estudios muestran los factores involucrados en estos problemas.

Una investigación, publicada en la revista 'Archives of Internal Medicine' y dirigida por John C. Woolcott y Carlo Marra, miembros de la Universidad de British Columbia (UBC) en Vancouver (Canadá), llevaron a cabo un meta-análisis de 22 estudios publicados previamente en los que participaron 79.081 pacientes mayores de 60 años para indagar si la ingesta de fármacos guarda relación con las caídas, un problema al que se enfrentan al menos una vez al año el 30% de las personas mayores de 65 años. Estos eventos están, según el estudio, detrás de un 85% de los ingresos hospitalarios relacionados con lesiones y son la causa de más del 40% de las admisiones en residencias.

Al analizar los resultados, los autores del trabajo concluyeron que los antidepresivos muestran la mayor asociación estadística con las caídas, posiblemente porque los medicamentos de este tipo más antiguo tienen altas propiedades sedantes. Por otra parte, también se llegó a la conclusión de que los antipsicóticos-neurolépticos (a menudo utilizados para tratar la esquizofrenia y otras psicosis) y las benzodiacepinas (familia a la que pertenece el valium) también se encuentran significativamente relacionados con un mayor número de incidentes de este tipo.

"Estos hallazgos refuerzan la necesidad de una utilización racional de la medicación en la población anciana con riesgo de caídas", explica Carlo Marra, profesor de Ciencias Farmacéuticas en la UBC. "Alternativas más seguras como la orientación psicológica o los tratamientos más cortos o menos sedantes pueden resultar más apropiadas para ciertas afecciones", remarca.

Además, tal y como aclara este experto "los ancianos podrían ser más sensibles a los efectos de los medicamentos y menos capaces de metabolizar los fármacos, lo que conduce a efectos adversos que se convierten en caídas".

Sin embargo, no se probó que los analgésicos estuvieran estadísticamente asociados las caídas, aunque en opinión de Marra este hallazgo precisa de posteriores investigaciones. El resto de medicamentos estudiados fueron antihipertensivos (empleados para reducir la presión sanguínea), diuréticos, betabloqueantes (usados para tratar problemas coronarios) y antiinflamatorios no esteroideos como la aspirina y el ibuprofeno.

La prescripción de medicinas a las personas mayores se ha incrementado sustancialmente en la pasada década por lo que, como afirma Carlo Marra, determinar qué tipos de medicamentos están asociados con las caídas sigue siendo todo un reto, ya que los ancianos toman habitualmente muchas medicaciones para tratar múltiples trastornos, al tiempo que continuamente aparecen nuevos fármacos en el mercado".

El dolor intenso aumenta el riesgo de caídas

Por otra parte, un trabajo publicado por la revista 'Journal of the American Medical Association' (JAMA) sostiene que los ancianos que presentan dolor en dos o más zonas de su cuerpo o un malestar severo intenso o que interfiera con sus actividades diarias son más propensos a caerse que aquellos que no lo sufren.

Dirigidos por Suzanne G. Leville, investigadora del Centro Médico Beth Israel Deaconess y de la Universidad de Boston (EEUU), los autores llevaron a cabo un estudio para determinar si el dolor músculo-esqueletal crónico está asociado con una mayor incidencia de caídas en los ancianos. El trabajo incluyó a 749 personas de 70 años o más y cuyo dolor fue evaluado mediante cuestionarios. Después, los participantes anotaron en un calendario las caídas sufridas durante un periodo de seguimiento de 18 meses.

El 40% de los participantes reveló padecer dolor en más de un área articular y un 24% sólo en una. A lo largo de año y medio se registraron un total de 1.029 caídas entre los participantes, el 55% de los cuales se cayó al menos una vez durante ese tiempo. El análisis indicó que aquellos con dolor en dos o más zonas o con un dolor muy intenso o que interfería en sus actividades cotidianas tenían una mayor incidencia de caídas.

Además, los investigadores advirtieron que existía una relación entre experimentar dolor severo con un riesgo de caída a corto plazo. "Por ejemplo, entre las personas que informaron de dolor severo o muy severo en cualquiera de los meses de su calendario las probabilidades de que se diera una caída el mes siguiente incrementaron un 77% respecto a quienes no lo sufrieron", explican. Así mismo, también quienes padecieron dolor muy suave vieron aumentadas las probabilidades de caerse.

Los autores sugieren que puede haber varios mecanismos para la relación molestia-caída, entre los que se incluyen posibles efectos neuromusculares del dolor, que pueden provocar debilidad muscular en la pierna o ralentización en la respuesta neuromuscular frente a una caída inminente. Además, podría producirse una alteración en la manera de andar por la adaptación al malestar continuado que causaría inestabilidad y deficiencias en el equilibrio.

Por otra parte, el dolor crónico puede distraer e interferir de alguna manera en la actividad cognitiva necesaria para impedir el accidente. "La evitación eficaz de una caída suele precisar de una maniobra física cognitivamente mediada" aclaran los científicos.

"La relevancia de este trabajo radica en la identificación del dolor crónico como un subestimado pero potencialmente importante factor de riesgo de caídas en ancianos. Es necesario un ensayo aleatorio controlado que determine si la mejora del manejo del mismo puede reducir el riesgo de caídas entre los pacientes mayores con dolor crónico", advierten.






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Nuevas guías para tratar el dolor crónico a partir de los 75 años

Nuevas guías para tratar el dolor crónico a partir de los 75 años

(Artículo del mundo.es)

MADRID.- Pocos se piensan dos veces recurrir a la aspirina y al ibuprofeno cuando sienten dolor. El problema es que a partir de los 75 años, las altas dosis necesarias para tratar el dolor crónico puede conllevar serios riesgos. Sería más conveniente sustituirlos por analgésicos opioides, como la codeína o la morfina. Así lo confirman expertos de la Sociedad Americana de Geriatría después de realizar una revisión de las guías de manejo de dolor.

"Muchos de los pacientes mayores tienen múltiples enfermedades y, con el uso de los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), como el ibuprofeno y el ácido acetilsalicílico, indicados para tratar tanto el dolor como la inflamación, tienen más riesgo de sufrir complicaciones", explica Bruce Ferrell, presidente del panel de expertos sobre el manejo farmacológico del dolor en los mayores y profesor de Geriatría de la Universidad de California (Los Ángeles, Estados Unidos).

Úlceras gástricas, duodenales, hemorragias digestivas (el riesgo se duplica a partir de los 70)... Son algunos de los efectos secundarios que conllevan estos fármacos. "Usados de manera continuada pueden deteriorar la función renal y contribuir a la insuficiencia cardiaca. Por eso no se deben dar nunca durante mucho tiempo a un anciano", explica Lourdes Rexach Cano, coordinadora del Equipo de Soporte Hospitalario de Cuidados Paliativos del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.

En este sentido, otro especialista, Jorge Gómez Cerezo, jefe de Medicina del Hospital Infanta Sofía de Madrid, apunta que en las personas de edad avanzada, "los AINEs tienen más riesgo de efectos adversos, ya que junto a los gastrointestinales, inducen con frecuencia una retención hidrosalina con empeoramiento de la insuficiencia cardiaca o mal control de la hipertensión arterial".

Mejor emplear opioides

¿Cuál es la alternativa? Según las nuevas directrices de las guías de manejo de dolor, los opioides (morfina, codeína, oxicodona, fentanilo...) son más seguros que las altas dosis de AINEs durante largos periodos de tiempo. A diferencia de los AINEs, "los opiáceos son analgésicos más potentes (para dolor moderado y grave) y sus efectos secundarios son más leves (náuseas, estreñimiento, somnolencia y confusión), pero producen hábito y, potencialmente, dependencia", señala Juan Ignacio González Montalvo, jefe del servicio de Geriatría del Hospital La Paz de Madrid.

"Este riesgo de adicción parece ser bajo en la mayoría de los ancianos", indican los expertos de la Sociedad Americana de Geriatría. En cuanto a los efectos adversos, "bien usados, el único que perdura en el tiempo es el estreñimiento", puntualiza la doctora Rexach Cano.

Después de evaluar y comparar los efectos y la eficacia de los antiinflamatorios no esteroideos y los opioides en las personas de edad avanzada, las nuevas directrices apuestan por el uso del segundo tipo de fármacos. Teniendo en cuenta sus conclusiones, Lourdes Rexach Cano explica que, "en principio, lo que se recomienda en estos pacientes es iniciar el tratamiento con paracetamol (es analgésico, no antiinflamatorio) a las dosis máximas recomendadas, valorando siempre sus patologías de base. Si no se consigue una adecuada analgesia se debería asociar al paracetamol un opioide. "Los AINEs pueden utilizarse para un dolor agudo durante una semana o 10 días, pero no a largo plazo".

El panel de expertos no sólo indica precaución con los AINEs, también con una generación reciente de estos: los inhibidores de la COX-2 (celecoxib o rofecoxib). "Presentan menor toxicidad gastrointestinal y son mejor tolerados, sin embargo, su uso es muy discutido, ya que se asocia a un mayor riesgo de problemas vasculares", comenta el doctor Gómez Cerezo. Se desaconseja en ancianos.

Aunque en la actualidad "muchos médicos tienen miedo a indicar estos fármacos para tratar el dolor crónico, especialmente si no se trata de un cáncer, a través de las nuevas directrices insistimos en que los opioides en determinados pacientes son una elección razonable", concluye Ferrel.



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martes, 30 de marzo de 2010

TIPOS DE DOLOR

El dolor se genera de múltiples formas. Lo más característico es la lesión traumática; es decir, golpe, torcedura o estiramiento excesivo de alguna zona de nuestro cuerpo.

También existe el dolor sin aparente causa, como el dolor de cabeza (cefalea) o el dolor "central".

En forma general, independiente de si su causa es conocida o no, conviene clasificar el dolor.


Clasificación del dolor.

a) Dolor agudo: Aquel que se inicia en forma brusca, repentina, súbitamente, como producto de una lesión por algún agente externo.

Ejemplos: Torcerse un tobillo, producirse una quemadura, etc.

b) Dolor crónico: Aquel que lleva un tiempo en nuestro organismo, sin llegar a desaparecer por completo. A veces puede durar meses e incluso años.


Tipos de dolor.

Cada persona posee un nivel de sensibilidad diferente, que le permite describir su dolor con diferentes términos. Se resume a continuación algunas de las más comunes.

1) Dolor Punzante: El que se percibe como un punto muy localizado, como al clavarnos con algún objeto puntiagudo.
2) Dolor Quemante: El que se percibe como producido por calor; sin que haya existido exposición al mismo necesariamente.
3) Dolor Opresivo: El que se percibe como si se estuviera presionando constantemente contra la zona que duele.
4) Dolor Sordo: El que es difícil de localizar, sin característica específica y la mayor parte de las veces difícil de reproducir.

Objetivos del dolor.

Aunque pudiera parecer irónico, el dolor persigue un objetivo en nuestro cuerpo: ser una alarma que nos permita evitar seguir utilizando la zona afectada con riesgo de aumentar su lesión. Normalmente se asocia a inflamación que persigue la reparación de la estructura que resulte dañada. El dolor intenta, por lo tanto, evitar un daño mayor.

No tomar en cuenta esta alarma, se traduce en un aumento del dolor y el compromiso progresivo de estructuras vecinas hasta lograr el objetivo del dolor: la inmovilización refleja de la zona. Este tipo de dolor crónico se le conoce con el nombre de Dolor Miofascial.

Sin embrago, cuando el dolor se mantiene en el tiempo a pesar del reposo, se produce una "memorización" del mismo en el cerebro, que se encarga de mantener el dolor en forma constante, aunque la lesión o daño que lo provocaron ya no existan: se produce entonces el Síndrome de Dolor Crónico, conocido también como dolor neurogénico o mantenido por el sistema simpático.


Fuente: Curso CONTRAATAQUE AL DOLOR, Capítulo Primero.



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jueves, 25 de marzo de 2010

Dolor Neuropático: Molestias en los pies y Alteración del sueño

Artículo publicado el 13/03/2010 en VIVIR MEJOR, donde se relaciona la diabetes con el dolor neuropático y su manifestación en dolor de pies, alteraciones en el curso normal del sueño, así como en relación a sus secuelas psicológicas, principalmente la depresión. Por ello, el abordaje del dolor neuropático, como el del dolor crónico en general, debe realizarse desde la multidisciplinariedad.


Dolor Neuropático: Molestias en los pies y Alteración del sueño

El dolor neuropático, tal y como su nombre indica, es un tipo de dolor que suele aparecer en personas que padecen diabetes. Sus molestias llegan a limitar la vida del paciente, que ve como su calidad de vida se reduce y las actividades a las que está acostumbrado deben modificarse. Otra de sus afectaciones se centra en los problemas de conciliación del sueño, una problemática que altera los estados anímicos del paciente y hace que el mal humor sea la tónica dominante.

El doctor Josep Valls, consultor senior y responsable de la unidad de dolor neuropático y electromiografía del Servicio de Neurología del Hospital Clínico de Barcelona, explica en profundidad en qué consiste el dolor neuropático

Características del Dolor Neuropático

El dolor neuropático es una forma de dolor con unas características especiales que está causado por una lesión de los nervios periféricos. Ese daño en esas fibras se expresa en forma de quemazones y pinchazos, unas características distintas a las de otros dolores que se pueden presentar. El nervio dañado envía señales anómalas al cerebro que éste puede interpretar de diferentes maneras. Una de esas manifestaciones puede ser por hiperalgesia, es decir, un dolor por el que cualquier estímulo es recibido con una intensidad mayor de sufrimiento que el que sería normal.

Dolor Neuropático y Diabetes

El paciente diabético sufre problemas en el organismo por su hiperglucemia, y esto condiciona que su circulación sea diferente. Pueden producirse pequeños infartos en los nervios que den estos problemas. Son muchas las enfermedades que pueden cursar con dolor neuropático asociado, no solo la padecen diabetes. Pero como cada vez hay más pacientes diabéticos es fácil encontrar a personas que padezcan este tipo de dolor. De hecho, se estima que un 20% de las personas que sufren padecen diabetes presenta también dolor neuropático.

Afectación del Dolor Neuropático

El dolor neuropático interfiere en muchos aspectos de la vida del paciente que lo sufre. Por un lado el sueño se ve alterado y la persona tiene problemas para poderlo conciliar. Al estar en situación de reposo se agudizan las sensaciones de pinchazos y quemazón en los pies, unas molestias que impiden que la persona se duerma. No hay que olvidar que los pies son una de las zonas especialmente sensibles en personas diabéticas. El dolor neuropáticose manifiesta mayoritariamente en los pies porque los nervios que van a parar a los pies son los más largos del organismo, y tienen más extensión susceptible de ser dañada. El dolor neuropático también puede ir ligado a cuadros de depresión. Todo esto condiciona la vida de la persona que lo padece, haciendo que su calidad de vida se vea reducida y que los dolores acarreen problemas a la hora de caminar y desplazarse.

Tratamientos para el Dolor Neuropático

Los medicamentos utilizados en el tratamiento de los dolores neuropáticos constituyen una ayuda parcial para el paciente ya que este tipo de dolor no se puede curar, solo aliviar. Otras medicaciones no farmacológicas que se empiezan a usar están siendo de gran utilidad. En opinión del doctor Valls, lo que se necesita es un abordaje multidisciplinario y que el paciente sea visitado por los diferentes especialistas que le puedan aportar soluciones. Los pacientes acuden a la consulta médica precisamente por ese dolor tan insoportable, así que todos los métodos que ayuden a rebajarlo serán bienvenidos.

1 Ficheros de sonido (09:33 mins):

Reproducir entrevista con el doctor Josep Valls, consultor senior y responsable de la unidad de dolor neuropático y electromiografía del Servicio de Neurología del Hospital Clínico de Barcelona. (9:34 minutos)

Video Salud:Dolor Neuropático: Molestias en los pies y Alteración del sueño, con el doctor Josep Valls.:





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miércoles, 24 de marzo de 2010

La Fundación Grünenthal y la UCA se unen contra el dolorLa Fundación Grünenthal y la UCA se unen contra el dolor

Ambas instituciones crean la Cátedra Externa para intentar paliar el sufrimiento de enfermos crónicos a través de un programa dirigido a la investigación clínica. (Fuente de la noticia: Diario de Cádiz). 26/02/2010.


La Universidad de Cádiz y la Fundación Grünenthal firmaron ayer un convenio para la creación de la Cátedra Externa del Dolor Fundación Grünenthal. Ambas instituciones han decidido declararle la guerra al dolor crónico que entierra en vida a miles de personas y va mermando su esperanza, sus ganas de respirar y de aspirar a la felicidad.

El doctor Juan Antonio Micó Segura, catedrático y director del Departamento de Neurociencias de la UCA, ha sido elegido director de esta cátedra, cuyas funciones serán el desarrollo durante cuatro años de un amplio programa de actividades que pretende abarcar todas las dimensiones relacionadas con el dolor, pero principalmente la investigación, la formación continuada dirigida a los profesionales de la salud y a los pacientes y la acción social y solidaria en áreas deficitarias en países en desarrollo. "El estímulo doloroso no se entiende sin el sufrimiento y tratarlo es uno de los retos que asumimos", indicó Micó. "Una agresión dolorosa, por muy pequeña que sea, se magnifica en el cerebro", prosiguió.

Según comentó Micó, el dolor puede llega a provocar la pérdida de sustancia gris en el cerebro de pacientes con dolor crónico, aunque se ha demostrado que este tejido se recupera después de un tratamiento eficaz. Hay pacientes con dolor crónico que no son tratados de forma correcta, indicó igualmente el doctor Micó.

La Fundación otorgará tres becas a jóvenes que deseen realizar su tesis doctoral sobre los monoaminas y el dolor; y dos becas a residente/facultativo. Estos becados viajarán posteriormente a centros de investigación de prestigio, a la vez que la UCA recibirá a jóvenes becarios extranjeros.

"Algunas personas no saben expresar el dolor y la mejor manera de tratarlo es saber exactamente cuánto mide en la escala cognitiva", concluyó su intervención Micó.

A continuación tomó la palabra el subdirector de la cátedra, el doctor Luis Miguel Torres, jefe de la Unidad del Dolor del Puerta del Mar, jefe del Servicio de Anestesiología y Reanimación y profesor asociado de la UCA, quien arrojó algunos datos significativos, además de anunciar la creación de un ascensor analgésico porque "no hace falta tener cáncer para recibir un opioide (morfina)".

Jan van Ruymbeke, presidente de la Fundación Grünenthal, declaró igualmente que el "dolor ha acompañado al hombre a lo largo de su existencia. Deteriora su calidad de vida y el dolor crónico es una patología propia. Su tratamiento es un derecho humano fundamental. Gran parte de los esfuerzos de la Fundación van destinados a encontrar remedios al dolor", indicó.

El acto lo cerró el vicerrector de Investigación de la UCA, Francisco Antonio Macías, que se enorgulleció de esta iniciativa y confesó que aunar esfuerzos contra el dolor es una empresa "ambiciosa y una responsabilidad que se hace realidad al fin", dijo.


La noticia también fue reseñada por LA VOZ DIGITAL:

«El paciente tiene derecho a entender qué le pasa para poder enfrentarse al dolor»

El director de la nueva Cátedra del Dolor, Micó, impulsa un aula para explicar a los enfermos por qué sufren y cómo afrontarlo



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sábado, 26 de julio de 2008

El 39% de los pacientes crónicos sufren interacciones farmacológicas

Artículo interesante sobre los edectos de los fármacos, publicado en la revista consumer.es.


Pilar Rodríguez Ledo, responsable de investigación de la SEMG y médico de familia en Seoane do Caruel (Lugo):

"El 39% de los pacientes crónicos sufren interacciones farmacológicas"

La detección de interacciones farmacológicas puede crecer mucho gracias a ciertos programas informáticos, aunque no todos los centros de atención primaria de nuestro país disponen de ellos. Gracias a una de estas herramientas, un estudio elaborado por la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) ha revelado que el 39% de los pacientes en tratamiento para sus patologías crónicas sufren estas interacciones, aunque no todas son perjudiciales, desmitifica Pilar Rodríguez Ledo, médico de familia del Centro de Salud de Seoane do Courel, en Lugo, y coordinadora del grupo de Metodología y Apoyo a la Investigación (MAI) de la SEMG.

  • Autor: Por CLARA BASSI
  • Fecha de publicación: 15 de julio de 2008

La SEMG ha elaborado recientemente un estudio sobre 'interacciones medicamentosas'. ¿Cuáles son sus conclusiones más importantes?

La principal conclusión es que afectan de modo importante a la población. Alrededor del 39% de los pacientes que reciben tratamiento por patologías crónicas presentan interacciones farmacológicas entre los fármacos prescritos; no se puede decir que sean debidas a errores de prescripción evitables, sino que los enfermos las sufren porque, a veces, no hay otras soluciones terapéuticas y tienen que tomar varios fármacos. Es necesario conocerlas para controlar los efectos.

¿Qué fármacos están implicados con más frecuencia?

Los fármacos para el control de los factores de riesgo y enfermedades cardiovasculares son los principales causantes de las interacciones entre medicamentos, alrededor del 75%.

¿Cuál es el siguiente grupo farmacológico en importancia?

El segundo grupo implicado son los fármacos para las enfermedades psiquiátricas, incluidas la depresión y la ansiedad, que representan el 50% de todas las interacciones farmacológicas. Y otra conclusión que se extrae del informe de la SEMG es que las principales no tienen que ver con el principio activo, sino con el excipiente, la sacarosa, contenido en los fármacos y que teniendo en cuenta la situación de envejecimiento y alta tasa de diabéticos produce alteraciones en la familia de sustancias precursoras de la diabetes.

¿Con cuántos pacientes se ha elaborado el estudio?

Participaron 1.267 pacientes que acudían a consultar a atención primaria y que tenían un diagnóstico de una patología crónica y recibieron para ella más de un fármaco. Se detectaron 1.167 interacciones farmacológicas, de las cuales sólo 68 habían sido correctamente identificadas por los médicos que los prescribían.

¡Es un número muy pobre!

"Una interacción farmacológica es una alteración de la actividad de una sustancia en respuesta a la introducción de otra"

Identificar las interacciones farmacológicas es un proceso difícil. Los enfermos tienen múltiples patologías y toman de media más de dos y tres fármacos, controlarlas es difícil y más en las condiciones de la práctica clínica actual. Nosotros, para este trabajo, hemos utilizado una herramienta informática que nos ha permitido detectar un 1.700% más de las interacciones farmacológicas, y pasar de esas 68 identificadas a 1.167. Hay que decir que no todas estas interacciones son importantes.

¿De qué hablamos cuando nos referimos a interacciones farmacológicas, de fármacos que dejan de hacer el efecto para el que se prescriben o que tienen efectos perjudiciales?

Lo cierto es que siempre que se habla de interacciones farmacológicas se piensa en sus efectos perjudiciales y también puede haber algunas beneficiosas. Una interacción farmacológica es una alteración de la actividad de la sustancia en respuesta a la introducción de otra, y puede ser beneficiosa o perjudicial. Por ejemplo, hay fármacos para la tensión que potencian los efectos de otros, más que si se diera cada uno de ellos por separado. De modo que una interacción farmacológica no quiere decir un efecto indeseable, aunque nos fijemos más en ellos.

¿De las 1.167 que se han hallado, cuántas han sido beneficiosas y cuántas indeseables?

Hubo muy pocas interacciones medicamentosas no beneficiosas o indeseables. Los investigadores decidieron retirar los fármacos en muy pocas ocasiones. Sólo retiraron 52 fármacos prescritos a 48 pacientes y, de esos 52, sólo 32 fueron interacciones farmacológicas importantes.

¿Los centros de atención primaria están preparados en España para detectar estas interacciones entre fármacos?

La mayoría de los servicios públicos del país no dispone de programas informáticos incorporados para la detección de las interacciones farmacológicas, a pesar de que estas herramientas son sencillas y, debido a la gravedad que pueden tener algunas de ellas, necesarias. Hay algunos programas informáticos fuera de los servicios de salud públicos, pero son una minoría.

Antes ha dicho que las interacciones no se pueden atribuir a errores de prescripción. ¿Qué responsabilidad tienen los pacientes cuando no siguen las pautas indicadas por el médico?

Hay un conjunto de actividades que el paciente realiza por sí mismo y lejos de la consulta, acciones que el médico desconoce y que el paciente infravalora. Me refiero a la toma de sustancias de homeopatía o herboristería que, al final, también son drogas, aunque no con los avales que tiene un fármaco. Todo esto influye, junto al cumplimiento inadecuado de varios tipos de dosis o de la pauta prescrita por el médico. Aparte de los fármacos, también se producen importantes interacciones farmacológicas con alimentos. Así que no sólo los medicamentos influyen, sino muchas otras cosas que debemos conocer cómo interactúan.

¿Las tarjetas sanitarias que están apareciendo en los últimos años y la informatización de los sistemas sanitarios serían la solución?

Serían una parte de la solución. El médico de familia es el que coordina el tratamiento de los pacientes. No podemos pretender que el sistema sea paternalista. El dueño de su vida y que debe velar por ella es el enfermo o, cuando éste no puede, su cuidador. En países desarrollados que se dotan de sistemas informáticos, una cosa es la información que se registra del paciente y la otra lo que sucede realmente. En ocasiones, el médico piensa que éste está tomando un fármaco, pero no lo hace porque le sienta mal. Así que debe haber un compendio de las dos cosas: la información registrada y la que aporten el paciente o su cuidador.

FÁRMACOS, MÉDICOS E INTERACCIONES


- Imagen: Jose Antonio Carrasco -

"Los ancianos son los enfermos crónicos por definición; los que toman más fármacos, que es la variable que más tiene que ver con las interacciones farmacológicas que se presentan", según Pilar Rodríguez. Los pacientes mayores están tomando una media de cinco fármacos cada uno, a los que cabe añadir los tratamientos que necesiten para tratar las distintas patologías agudas y enfermedades cuando se compliquen. En este sentido, tanto los propios pacientes como sus cuidadores deben detallar al máximo todo cuanto estén tomando a los distintos especialistas a los que visiten. En la población adulta se han registrado una media de 2,3 médicos prescriptores para un mismo paciente y esta proporción asciende a los 3,6 médicos por paciente a partir de los 65 años.

Esto significa que cada paciente tiene casi cuatro médicos que le están prescribiendo fármacos y es posible que el cuidador, por su cuenta, o el propio paciente decidan añadir algún otro, explica Rodríguez. Ante este panorama, hay que procurar que no haya una falta de información y coordinación entre los profesionales involucrados, consultar cualquier duda al médico de atención primaria y que cada persona implicada en el proceso -paciente, cuidador, farmacéutico, médico de atención primaria, entre otros- esté bien informada del tratamiento que siguen los pacientes. El seguimiento de estas pautas es crucial para evitar posibles perjuicios.




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miércoles, 25 de junio de 2008

Depresión en el anciano

Siguiendo con los aspectos psicológicos, he aquí un artículo relacionado publicado en CONSUMER.ES.


Depresión en el anciano

Este trastorno no forma parte del envejecimiento pero puede derivarse de factores estresantes como la enfermedad crónica, la pérdida de seres queridos o el dolor

La depresión es el trastorno mental más frecuente en los ancianos, sobre todo, en las ancianas. Lo cierto es que muchos médicos de atención primaria juzgan la depresión geriátrica como muy difícil de identificar, por el hecho de que abarque múltiples formas de presentación, se confunda a menudo con la demencia y pase socialmente desapercibida como un achaque más, propio de la tercera edad, cuando, en realidad, no forma parte del proceso normal de envejecimiento.

  • Autor: Por JORDI MONTANER
  • Fecha de publicación: 22 de junio de 2008

- Imagen: Rodolfo Belloli -

En España, la prevalencia de depresión en el anciano es de entre el 10% y el 15% en las consultas de atención primaria y de hasta un 50% en las residencias geriátricas. José Ángel Arbesú, coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), explica que los pacientes ancianos padecen más enfermedades crónicas discapacitantes que el resto de los adultos y que, algunas de ellas, como alteran las vías neuroquímicas y los neurotransmisores cerebrales, al igual que otras, afectan a los ejes neuroendocrinos, lo cual puede desencadenar biológicamente una depresión. También añade que la deficiente adaptación a las enfermedades, tan habitual en las generaciones más ancianas, puede actuar como desencadenante de la depresión.

Soledad

"El paciente anciano depresivo que acude a la consulta de atención primaria suele tener escasos vínculos familiares o sociales y presenta una sintomatología somática importante que puede dar lugar a cambios en su forma natural de ser, volviéndose más irritable y menos sociable, aislándose en su domicilio. En cambio, la tristeza, como síntoma nuclear de la depresión, puede tener menos importancia en la ancianidad que en la edad adulta", afirma Arbesú.

Las enfermedades crónicas pueden desencadenar una depresión si alteran las vías neuroquímicas y los neurotransmisores cerebrales

Este experto reconoce, asimismo, que algunas patologías, como la enfermedad de Parkinson , el ictus, la demencia vascular, la enfermedad coronaria, las enfermedades endocrinológicas y las neoplasias, contribuyen a la angustia del paciente crónico mayor. Tanto la mayoría de las depresiones como de los deterioros cognitivos en edad avanzada se diagnostican precisamente en las consultas de atención primaria. "El médico de atención primaria va a ser, en la mayoría de los casos, el primero en interpretar las formas de depresión del anciano; ardua labor, teniendo en cuenta que la persona mayor no suele expresar de manera espontánea ni verbalmente el estado de ánimo en que se encuentra", explica el especialista.

Por este motivo, lo que el profesional debe explorar es el lenguaje no verbal y el metalenguaje en su entrevista clínica, indagando sobre el rastro de la depresión en muy pocas y débiles pistas. Ante todo, insiste Arbesú, es necesario establecer un diagnostico diferencial con otras enfermedades psiquiátricas y no psiquiátricas que forman parte del proceso de envejecimiento normal: "El concurso de síntomas fronterizos a la demencia, como una falta de concentración o de memoria, puede dificultar y retrasar el diagnostico de depresión, y hacer pensar al médico que está ante un deterioro cognitivo de inicio".

La utilización en estos casos del test de cribado de Pfeiffer y el "Mini Mental State Examination" (MMSE) pueden ayudar en el diagnostico diferencial entre demencia y depresión.

En alto riesgo

La tasa de suicidio en pacientes ancianos con enfermedad mental es del 15%, y los expertos aseguran que el consumado es más frecuente que en etapas más jóvenes: uno de cada cuatro intentos acaba en muerte. Este riesgo lleva a que los psiquiatras apremien a los médicos de atención primaria a afinar en los diagnósticos. Miquel Roca, psiquiatra del Hospital Juan March, de Palma de Mallorca, aboga por una formación de estos facultativos en la evaluación del suicidio "que erradique mitos falsos, como que hablar de ello induce a cometerlo, que las personas que aluden al suicidio nunca lo ejecutan o que el suicidio se comete sin previo aviso".

Los estudios demuestran que ocho de cada diez pacientes que se suicidan hablan de ello previamente y que la mitad de éstos había consultado al médico de atención primaria la semana anterior a quitarse la vida. "En los casos en los que el médico de atención primaria detecte una ideación clara o riesgo de suicidio, debe derivar cuanto antes el paciente a una unidad de salud mental, instaurando una colaboración entre hospital y ambulatorio que resultará indispensable para seguir a corto y medio plazo su evolución", incide Roca.

LOS INVISIBLES


- Imagen: M. Anima -

Los falsos mitos enmascaran la depresión del anciano. En primer lugar, deprimirse no forma parte del programa normal de todo envejecimiento. Sí consta hacer frente a la enfermedad crónica, a la idea de la muerte, a la pérdida de seres queridos y a distintos achaques que causan dolor, frustración o tristeza. Pero la depresión va mucho más allá de un estado de queja o de tristeza naturales. Para complicar más las cosas, abunda la idea de que los ancianos sufren demencia con facilidad y que su confusión, tristeza, trastornos del sueño o del apetito forman parte del paquete con que la naturaleza identifica el fin de nuestras vidas.

Pero los expertos urgen a discriminar las depresiones verdaderas de otros estados de abatimiento y a evitar que los ancianos empeoren. Demasiadas depresiones de la tercera edad pasan, por tanto, infradiagnosticadas. De cara a quienes conviven estrechamente con pacientes ancianos, los médicos recomiendan prestar mucha atención a cambios en la rutina con la que el anciano viste o se asea, cambios en sus relaciones sociales (si evitan contactos con otros familiares o amigos) y, más que estados de tristeza, recomiendan vigilar la imposibilidad del gozo ante un plato, una música, un chiste o un recuerdo, entre otros.

La incapacidad de reír es más preocupante que la facilidad con que se llora. Sensaciones verbalizadas de culpabilidad, vacío existencial, dolores abstractos, ideas suicidas, cansancio diurno exagerado y pérdida o ganancia de peso desacostumbradas apuntan igualmente a la posibilidad de una depresión. Algunos tratamientos farmacológicos y el consumo de alcohol pueden ser aliados perfectos de una génesis depresiva, por lo que deben también ser tenidos en cuenta.



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Aspectos psiquiátricos del dolor crónico

Completísimo artículo publicado en INTRAMED.NET en relación a los aspectos mentales del dolor crónico.


18 JUN 08 | Repercusiones y abordajes
Aspectos psiquiátricos del dolor crónico
La historia y las dimensiones del concepto "dolor".
Dra. Iraida Ramírez Castañon, paidopsiquiatra adscrita del Hospital Gerenal "Dr. Gea González"
Revista Dolor Clínica y Terapia

ÍNDICE
Desarrollo
Referencias bibliográficas
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Desarrollo

Se ha recorrido un largo camino –y sin embargo aún falta mucho por andar– desde que en la antigua Grecia el dolor era atribuido a las flechas que los hombres lanzaban a los hombres. Más tarde, Aristóteles pensaba que la experiencia del dolor era una pasión negativa, una emoción opuesta al placer; postuló que el dolor era el resultado de un incremento en la sensibilidad al tacto, la cual era transportada por la sangre hasta el corazón, siendo éste el centro de la sensación.

La interpretación aristotélica del dolor predominó en el pensamiento occidental hasta que fue sustituida por la postulación de Descartes, quien, en el siglo XVII, acuñó la idea de que el cerebro era el centro de la sensibilidad y que el dolor era transmitido por pequeños filamentos que corrían desde la piel hasta el cerebro, por los que se transportaban pequeños organismos que se producían y almacenaban en el cerebro llamados espíritus animales; es decir, consideraba al dolor como una sensación (tal como el calor o el frío).

El dolor, según Descartes, se producía cuando, por ejemplo, las veloces partículas de fuego perturban los filamentos nerviosos y dicha perturbación, al llegar hasta el cerebro, activa los espíritus animales que entonces viajan hasta los músculos y se produce el movimiento, la conducta que evita el dolor (por ejemplo, retirar el pie de la llama).

Este modelo mecanicista del dolor persistió en el mundo occidental hasta mediados del siglo XIX, cuando como consecuencia de las investigaciones científicas en el campo de la medicina y la biología gradualmente se desarrolló un modelo más amplio del dolor, si bien igualmente orgánico y mecanicista. Poco a poco términos como neuronas, nocicepción, vías neuronales ascendentes y descendentes fueron enriqueciendo este modelo y proporcionaron la entusiasta expectativa de que el completo descubrimiento de la anatomía y la fisiología de las vías nociceptivas (las vías del dolor) era solamente cuestión de tiempo: ello traería necesariamente la comprensión íntegra del mecanismo biológico del dolor y, por ende, la posibilidad de ejercer el pleno control terapéutico del dolor.7

Fue entonces cuando se consolidó la idea dicotomizada del dolor: existe un dolor físico, a cuyo estudio se enfoca la investigación científica, y un dolor mental, cuyo ámbito se aparta de la ciencia –al menos en el mundo occidental– y se traslada a la religión, la filosofía y, después de un tiempo, también a la psicología y a la psiquiatría.

Parafraseando a David Morris,6 en el siglo XIX surge en la mayor parte del mundo occidental el mito de los dos dolores: el dolor era descrito enteramente dentro del modelo médico, es decir, como producto de una lesión que provoque daño a los tejidos, generando impulsos nerviosos a través de las vías de dolor conocidas y cuyo remedio es tratar la parte afectada o, si es necesario, emplear medidas sistémicas.11 Se reconocía, no obstante, la existencia del dolor mental, de origen psicológico. De esta forma, se dividió al dolor en dos categorías: el dolor real (de causa orgánica) y el dolor imaginario (de causa psicológica).4

La situación se complicó en los años siguientes, cuando resultó evidente que no podía pasarse por alto la existencia de lo que se llamó dolor agudo, que aparece como respuesta inmediata a estímulos nocivos provenientes del interior o del exterior del organismo que causan daño a los tejidos y cesa cuando desaparece el estímulo nocivo o se restaura la integridad y/o la funcionalidad del tejido dañado. Tampoco se podía ignorar el llamado dolor crónico, el cual ha pasado por multitud de estudios y definiciones, ya que éste puede originarse y persistir aun en ausencia de daño evidente a los tejidos o no obstante el tratamiento médico o la desaparición del estímulo nocivo, todo lo cual ha situado al dolor crónico en una posición tal que la investigación científica médica y biológica ha debido aceptar la confluencia de otros muchos factores en su fisiopatología y mantenimiento, y por lo tanto, la participación de otras disciplinas no médicas en su estudio.7 Ahora se estudia al dolor como una entidad en la que confluyen no solamente aspectos biológicos, sino también psicológicos, sociales, culturales y filosóficos, que resultan inseparables para su mejor comprensión. Asimismo, se ha reconocido que el dolor crónico no es simplemente una extensión temporal del dolor agudo, en vista de sus especiales características; por ejemplo, en algunos casos su origen o supervivencia aun en ausencia completa de una causa orgánica identificable.

A la luz de las actuales evidencias, el concepto de los dos dolores es del todo erróneo, pero desafortunadamente difícil de erradicar por completo, aun en nuestro tiempo, incluso en el ámbito médico. El estado de las cosas es tal, que ahora los modelos de dolor incluyen necesariamente esta gama de aspectos: biológicos, psicológicos, sociales, culturales y filosóficos que, según parece, resultan inseparables para dar origen a lo que se ha llamado la experiencia de dolor en el humano.

Las revistas científicas dedicadas a la investigación del dolor suelen incluir estudios de diversas disciplinas, ya que el enfoque médico organicista no abarca la comprensión integral del dolor, de tal manera que si bien en los últimos 50 años han surgido importantes avances en el descubrimiento de aspectos neurológicos y, en general, biológicos del dolor, ha resultado evidente que éstos representan sólo una parte del fenómeno doloroso.

Lo que se ha denominado experiencia dolorosa se acerca más al concepto del dolor como una percepción (las percepciones requieren un sustrato biológico: el sistema nervioso, pero también un complejo psicológico, cultural– social, matizado por la experiencia previa) altamente subjetiva. El planteamiento de que el dolor no significa únicamente una emoción, como en la conceptualización hipocrática, o una sensación, como en la aristotélica, representa un cambio actual sumamente significativo.

Por otro lado, la experiencia dolorosa es altamente subjetiva y particular para cada individuo, y aún falta mucho para alcanzar una comprensión más satisfactoria del dolor. También se ha hecho evidente que esta complicada tarea debe ser prioritaria en el ámbito de la investigación en salud. Otro asunto relevante, al menos en países en donde se otorga gran importancia a los aspectos económicos de las enfermedades (el costo económico que implica una entidad patológica en todas sus facetas), es que el dolor –en especial el crónico– representa un enorme gasto que, por otra parte, no se refleja en el estado de alivio de los pacientes que sufren dolor.

Actualmente se acepta que prácticamente en todos los pacientes con dolor existen tanto factores orgánicos como psicológicos y socioculturales. Este reconocimiento resulta especialmente decisivo en la comprensión y el manejo del dolor crónico, es por ello que en este tipo de dolor se requiere de la participación de los aspectos psiquiátricos.

Fue hace relativamente poco tiempo, en 1945, que el anestesiólogo norteamericano John J. Bonica comprendió que los complejos problemas del dolor requieren de un vasto conocimiento y experiencia, mucho más de los que puede poseer un solo individuo. Como resultado, concibió la noción de que “los complejos problemas de dolor pueden ser tratados más efectivamente por un equipo multidisciplinario, en donde cada miembro contribuirá con los conocimientos y habilidades de su especialidad al propósito común de realizar un diagnóstico correcto y desarrollar la estrategia terapéutica más efectiva; cada individuo aprende de los otros miembros del equipo y sus límites territoriales se hacen menos definidos; entonces, comienzan a ser realmente especialistas en el manejo del dolor (algólogos), de modo que se extienden más allá del campo de sus disciplinas básicas”.5

La idea de Bonica se vio cristalizada con mayor fuerza a principios de la década de 1960 con el establecimiento de clínicas pioneras multidisciplinarias para el tratamiento del dolor. El paradigma básico de esta nueva comprensión médica del dolor se puede resuresumir así: desde tiempos hipocráticos el dolor ha contado con el claro y seguro estatus de síntoma (un mensaje que la enfermedad compone y envía). Ahora, el mensaje es que el dolor es la enfermedad. El dolor es el diagnóstico y no el síntoma.6

Dolor agudo/dolor crónico

Etimológicamente, la palabra inglesa pain derivadel griego poine y del latin poena, términos que significan castigo y su efecto consecuente. La expresión pain, como es usada hoy en día, tiene el equivalente griego del vocablo algos y la palabra latina dolor, raíz de los términos dolore (italiano) y doleur (francés).3

Después de múltiples intentos por definir el dolor, el subcomité de taxonomía de la IASP (Internacional Association for the Study of Pain) acuñó la siguiente definición, aún en uso: “el dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a daño real o potencial al tejido, o descrita en términos de dicho daño” (IASP, 1979). Esta concepción acerca de que el dolor puede ocurrir sin el menor estímulo somático altera los antiguos modos de pensar.

Bonica definió así el dolor agudo: “el dolor agudo es una compleja constelación de experiencias displacenteras sensoriales, perceptuales y emocionales, y algunas respuestas asociadas autónomas, psicológicas, emocionales y conductuales”.3 Invariablemente, el dolor agudo y estas respuestas asociadas son producidas por estímulos nociceptivos. Aunque los factores psicológicos tienen una profunda influencia en la experiencia de dolor agudo, rara vez éste se debe primariamente a psicopatología o influencias ambientales. Esto contrasta con el dolor crónico, cuya psicopatología y factores ambientales juegan un rol prominente.

Por otro lado, el dolor agudo disminuye conforme ocurre la curación o la resolución del factor causal (por ejemplo, el dolor de parto, el dolor por fatiga) y previene a la persona de que algo está mal. Es una señal para iniciar la conducta que eliminará la causa del dolor.

El mismo Bonica define así el dolor crónico: “el dolor crónico es aquel dolor que persiste un mes más de la duración del curso usual de una enfermedad aguda o del tiempo razonable para que una herida sane, o bien, cuando el dolor está asociado a un proceso patológico crónico que causa dolor continuo, o el dolor recurre a intervalos de meses o años”.3 Algunos clínicos consideran un periodo arbitrario de más de seis meses de duración para clasificar a un dolor como crónico, pero esto no parece ser del todo adecuado debido a que no toman en cuenta que diversas lesiones y padecimientos poseen tiempos usuales de recuperación, y resulta más exacto considerar la evolución hacia el alivio o el empeoramiento del dolor más allá del tiempo esperado.

Ejemplos de dolor crónico son la cefalea, el dolor de espalda, la artritis, el cáncer, algunas enfermedades psiquiátricas como la depresión mayor, los trastornos de ansiedad, los trastornos somatoformes, la hipocondria y el trastorno de dolor psicógeno, por mencionar algunos.

Muchas veces el dolor crónico persiste no obstante el tratamiento y el paso del tiempo. El paciente y el médico suelen tratar de encontrar una explicación satisfactoria a la presencia y continuación del dolor. La patología fisiológica, anatómica y bioquímica identificada por el examen físico y las pruebas diagnósticas usualmente no explican por completo la causa del dolor. Las personas con dolor crónico suelen exhibir alguna actividad autónoma: síntomas neurovegetativos tales como los trastornos del sueño, alteraciones del apetito y del peso, disminución de la energía y de la libido, reducción de la concentración, irritabilidad. Con frecuencia tienen una historia de múltiples intervenciones médicas y quirúrgicas. El distrés emocional asociado, los trastornos familiares, económicos y en general la alteración del estilo de vida secundarios a la persistencia del dolor, se vuelven por sí mismos problemas significativos. Estos tipos de distrés, el aislamiento social, la inactividad y la creencia de que el dolor proviene de una enfermedad seria han sido descritos por Pilowsky como la “conducta anormal asociada a la enfermedad”.1

Dolor crónico y psiquiatría

Mientras se expande el conocimiento sobre el dolor, en especial respecto a la complejidad del dolor crónico, se clarifica cada vez más que éste es un síndrome complejo. Actualmente los profesionales del campo del dolor crónico aceptan que la evaluación debe ser multidisciplinaria y que en la mayoría de los pacientes se requiere de más de una modalidad de tratamiento. En resumen, el objetivo común del equipo multidisciplinario de una clínica del dolor es, en última instancia, la mejoría de la calidad de vida del individuo con dolor. El equipo puede estar formado por anestesiólogos, médicos internistas, neurólogos, neurocirujanos, psiquiatras, psicólogos, terapeutas físicos y ocupacionales, personal de enfermería y trabajadores sociales. Lo más deseable es que todos ellos tengan un entrenamiento previo en el campo de la algología.

El paciente con dolor crónico presenta uno de los problemas más difíciles e ingratos de la práctica médica, y desafortunadamente aquellos profesionales de la salud que no se especializan en la salud mental pueden mostrarse perplejos ante la existencia de varias explicaciones de los aspectos psicológicos del dolor,5 así como por el papel que juegan los factores sociales, culturales, económicos y espirituales del dolor, que no suelen ser tomados en cuenta. Entre el personal médico es quizá el psiquiatra quien está mejor preparado para enfrentar los aspectos psicosociales del dolor crónico.2, 9

En la atención de la persona con dolor crónico el psiquiatra puede fomentar el trabajo multidisciplinario, ya que forma un puente de unión entre la labor de los médicos especialistas (gracias a su formación médica) y la labor de profesionales del campo psicosocial, como psicólogos y trabajadores sociales. El individuo con dolor crónico de difícil control (como lo es la mayoría de los pacientes que acude a las clínicas del dolor) suele no pocas veces tener problemas familiares, incapacidades o disminución de funciones orgánicas, pérdidas laborales, depresión, ansiedad, trastornos de la personalidad.

Si el enfermo llega a ser atendido en alguna clínica del dolor, generalmente para entonces ya ha consultado a varios especialistas, se ha sometido a diversas pruebas y además, en muchos casos, ha padecido la antipatía y aversión de los médicos, dado el sentimiento de frustración que estos individuos suelen provocar. Por otro lado, es difícil en estas circunstancias encontrar algún paciente en quien la dimensión psicosocial haya sido explorada más allá de un nivel superficial. El psiquiatra está capacitado para realizar una contribución en la evaluación y manejo de estos aspectos. Las siguientes siete premisas son propuestas por Schwab10 como causas de que los aspectos psiquiátricos de los pacientes sean pasados por alto:

1. La influencia del modelo biomédico en la educación médica: se tiene la idea de que el todo es meramente la suma de sus partes y se llega a considerar al paciente como objeto.

2. Defensas personales: el entrenamiento médico requiere que se elabore una colección de defensas personales, tales como la negación, el aislamiento del afecto y el distanciamiento (necesarios para enfrentarse a la enfermedad y la muerte y mantener la objetividad), sin embargo, esto también nos aleja del reconocimiento de las emociones del paciente.

3. La contratransferencia: con frecuencia los médicos no toman en cuenta que las actitudes peyorativas y en general contratransferenciales pueden distorsionar su punto de vista acerca de los pacientes, en especial aquellos con enfermedades crónicas y/o psiquiátricas.

4. La distancia social: interfiere con la habilidad del profesional de la salud para identificar la enfermedad psiquiátrica. Por ejemplo, existen estudios que demuestran que los médicos de clase media pueden subestimar los niveles de ansiedad de sus pacientes de clase social baja.

5. La inadecuada atención hacia la historia del paciente al pasar por alto la investigación de detalles de la vida de éste.

6. Con frecuencia el examen del estado mental del paciente se omite. Junto con la depresión y la ansiedad, los trastornos mentales orgánicos son las alteraciones psiquiátricas más comunes en los pacientes con enfermedad médica (incluyendo al dolor crónico), pero tristemente es común que estos padecimientos vean retrasada su detección, o bien, nunca se diagnostiquen.

7. La complejidad diagnóstica: algunas condiciones médicas y psiquiátricas simulan unas a otras; la ansiedad, por ejemplo, puede ser una manifestación de un trastorno por angustia, pero también puede estar causada por una intoxicación por cafeína, por el uso de anfetaminas o puede ser una manifestación temprana de un feocromocitoma, pero también puede estar producida por enfermedades cardiopulmonares, endocrinas, metabólicas, neurológicas, tóxicas. Otro ejemplo es el problema de la depresión en las personas con cáncer. Se sabe que debido al fenómeno psicológico de la contratransferencia, se bloquea con frecuencia el reconocimiento de la depresión en estos pacientes. El médico piensa: ¿no estaría yo deprimido si tuviera cáncer? La depresión se ha detectado en alrededor de 50% de los individuos con cáncer hospitalizados.

Existen estudios que, tomando una muestra de pacientes con dolor crónico, investigan la frecuencia y el tipo de enfermedad psiquiátrica presente sin considerar si los padecimientos psiquiátricos encontrados son causa, acompañante o consecuencia del dolor crónico; una prevalencia de alrededor de 50% suele ser un hallazgo común.8



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lunes, 16 de junio de 2008

CUIDADORES INFORMALES

Interesante artículo de AZprensa.com. Mi pareja me abandonó y suele ser estadísticamente bastante habitual. Creo que si hubiese sido al revés hubiera seguido a su lado pero tampoco puedo poner la mano en el fuego.

La realidad es que las hijas cuidan de las madres o los padres y las parejas de sus compañeros cuando la enfermedad llega más temprano.

Tal vez todo sea una equivocación de conceptos pues el enfermo, salvo el que se torna infantil y necesita atraer toda la atención, precisa más de comprensión que de presencia y ayuda física. Y muchos cuidadores se centran más en este punto y acaban quemándose y creando una espiral.

Nadie busca la enfermedad, pero cuando llega probablemente se sepa si era verdadero amor o no.


El 93% de los cuidadores informales de las personas dependientes tienen una baja calidad de vida


Entre un 15 y un 23% de las mujeres entre 45 y 60 años cuidan de una persona dependiente, siendo los porcentajes en el caso de los hombres de entre el 5 y el 7%

Madrid, 13 de junio de 2008.- (AZprensa.com).-

En las próximas décadas, uno de los temas que más preocupará a la población general, por sus consecuencias sociales y económicas, será el proceso de envejecimiento demográfico que van a experimentar los países desarrollados. En este sentido, a los debates ya clásicos sobre la sostenibilidad futura de los sistemas públicos de pensiones y atención sanitaria, se ha sumado más recientemente la discusión en torno a cómo proveer y financiar la atención que necesitan aquellas personas mayores que no pueden valerse por si mismas.

En los últimos años, siguiendo el ejemplo de los países escandinavos, que contaban desde hacía tiempo con sistemas públicos de atención a la dependencia de amplia cobertura, nuestro país ha optado por universalizar los servicios sociales de atención a la dependencia. Con la aprobación a finales de 2006 de la denominada Ley de Dependencia, se han sentado las bases para el desarrollo de un nuevo Sistema de Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) que se prevé esté totalmente implantado en el año 2015.

Teniendo en cuenta todos estos elementos, la Fundación AstraZeneca, junto con la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), presentan el libro: “Aspectos Económicos de la Dependencia y el Cuidado Informal en España”, escrito por el Dr. Sergi Jiménez-Martín (coordinador), y los investigadores David Casado, Pilar García Gómez, Natalia Jorgensen, Angel López, Santiago Massons, Juan Oliva, Rubén Osuna y Cristina Vilaplana.

La presente monografía “pretende ser un paso al frente, una reflexión motivada, en el análisis de aspectos claves de la dependencia y de los cuidados informales: la elección del tipo de apoyo, las consecuencias de la carga sobre los cuidadores, los costes de la carga, entre otros temas de relevancia”, explica el Dr. Jiménez-Martín.

Cambios en la asistencia al anciano español

El desarrollo en los próximos años del SAAD español va a suponer cambios importantes en el modo en que nuestra sociedad atienda las necesidades asistenciales de las personas dependientes. Además, la creación del sistema SAAD constituye avanzar hacia un modelo universal que nos aproxime a los sistemas de protección social del centro y norte de Europa.

Por otro lado, teniendo en cuenta que las mujeres representan la piedra angular del actual sistema de cuidados de los ancianos dependientes, “como pone de manifiesto que casi el 75% de los mismos tengan en el apoyo familiar su principal fuente de ayuda, es comprensible que se haya extendido la percepción de que las prestaciones del SAAD pueden constituir un poderoso instrumento de conciliación entre vida familiar y laborar”, señala el coordinador del libro.

Por último, desde el sector sanitario, existe la expectativa de que el SAAD puede contribuir a reducir las estancias hospitalarias innecesarias, motivadas por la actual falta de recursos sociales adecuados.

Principales conclusiones del libro

El contenido de este nuevo libro abarca los temas más relevantes en el cuidado informal del paciente dependiente y sus consecuencias económicas, reforzados por diversos datos extraídos de estudios de población.

En el caso del empleo y apoyo informal entre las mujeres, cabe destacar que entre un 15 y un 23% de las mujeres entre 45 y 60 años cuidan de una persona dependiente, siendo los porcentajes en el caso de los hombres de entre el 5 y el 7%. Estos resultados sugieren una serie de conclusiones: que las mujeres cuidadoras que modifican su comportamiento laboral son aquellas que cuidan de una persona con la que coresiden; que dichos efectos no se observan durante el primer año en que se empieza a cuidar; y que las mujeres que concluyen un episodio de cuidado tienen la misma probabilidad de trabajar que el resto de mujeres no cuidadoras de similares características.

El trabajo de cuidador es muy absorbente, ya que los cuidadores informales de personas dependientes mayores de 60 años suelen dedicar una media de 10 horas diarias a atender al enfermo, y el número medio de años de cuidado es de 6,5. Además, los cuidadores muestran un nivel de formación muy inferior al promedio, lo que condiciona el nivel de ingresos presentes que pueden obtener. Esta situación repercute en la calidad del cuidado de la persona en situación de dependencia, puesto que la probabilidad de recibir preparación específica para atender al enfermo aumenta con el nivel de estudios y en la calidad de vida futura del cuidador, ya que las futuras pensiones de jubilación guardan proporción con las rentas obtenidas durante la vida laboral.

Según datos procedentes de la Encuesta de Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud (EDDES) del Instituto Nacional de Estadística, tomando como referencia el año 2002 y aplicando como método de valoración el del coste de sustitución o reemplazo, se estima que los costes de los cuidados informales oscilan entre los 9.087,4 y los 14.100,3 millones de euros. Por tanto, los costes estimados de los cuidados informales representarían una cifra equivalente a entre el 23,9% y el 37,1% del gasto sanitario del Sistema Nacional de Salud español del año 2002 y entre el 1,25% y el 1,93% del Producto Interior Bruto del mismo año.

Calidad de vida de los cuidadores informales

Con el objeto de medir la calidad de vida de los cuidadores informales se ha elaborado un índice que revela que sólo el 7% de los cuidadores mantienen una calidad de vida alta, un 20% tienen calidad de vida media y un 72% han visto reducir considerablemente su estándar de calidad de vida.

La mitad de las personas dependientes sólo recibe apoyo de un cuidador informal, lo que repercute sobre la calidad de vida de este último. Las evidencias constatan que las mujeres padecen mayores síntomas de tensión y depresión que los hombres, cerca del 90% de las mujeres cuidadoras declara sentirse deprimida y físicamente agotada frente al 10% de los hombres cuidadores. Además, existe una clara correlación entre estado de salud y la calidad de vida ya que frente al 10,25% de los cuidadores con buena salud, que además disfrutan de calidad de vida alta, no existe ningún cuidador con mala salud y nivel alto de calidad de vida.


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