Un punto de encuentro para aquellos que sufren cualquier forma de dolor crónico en su propio cuerpo y para quienes lo sufren como pareja, familiares, amigos o personal médico y sanitario. Un lugar abierto a quien desee exponer su caso o estudios o consultar sus dudas o realizar encuestas específicas o desahogarse… cómo y cuándo se quiera.

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lunes, 20 de septiembre de 2010

VIVIR CON DOLOR: RELATO DE UN DIA CON DOLOR CRÓNICO

Buscando en Google artículos sobre "dolor crónico y soledad", el primero que hallamos de la búsqueda era uno de facebook, de un foro de un grupo de nombre QUÉ NO TE DUELE; se titulaba “¿Qué significa dolor crónico” y resultó que leyendo -desde el título algo sonaba a familiar- de que el artículo es... ¡un post de EL FARO DEL DOLOR de título “Relato de un Día con Dolor Crónico”!  Lo que señor de Puerto Rico usó como título era el que daba entrada al primer apartado del artículo. Pero además, no se mencionaba de dónde procedía ni siquiera enlazaba con la web.

Tras varios mensajes y, en tanto no se inclinó por rectificar el 'error', tal como le ofrecimos, le dimos un tiempo prudencial para que eliminara el artículo o sería denunciado ante la dirección de Facebook por no respetar los derechos de autor. Al cabo, lo que ocurrió fue que en vez de eliminar el artículo, eliminaron el grupo -por otra parte inactivo desde 2008.

Este hecho nos ha llevado -además de para hacer justicia contra el plagio y que en Google redireccione al origen legítimo y genuino- a retomar este testimonio de los comienzos de El Faro Del Dolor, porque merece la pena recordar cómo es el día a día de un enfermo de dolor crónico, cómo es vivir con dolor crónico y qué significa el dolor crónico para quien lo sufre -la incomprensión, la soledad, el aislamiento social, los problemas psicológicos, el sentimiento de culpa, los problemas económicos, etc.




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Dolor crónico por problemas de espalda o columna, fibromialgia, esclerosis múltiple, artritis, artrosis, migrañas, oncológicos. etc; así como los problemas vitales y psicológicos que sufre el paciente y sus cuidadores. Si deseas colaborar contando tu experiencia, publicando un artículo, realizar una consulta, sugerir un enlace, proponer una encuesta o cualquier otro tipo de participación, solo tienes que intentarlo. Somos muchos y no estamos locos.
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sábado, 28 de agosto de 2010

GUÍA PARA CUIDADORES DE ENFERMOS DEPENDIENTES (Y PARA EVITAR EL SÍNDRPME DEL QUEMADO O BURN-OUT)

GUÍA PARA CUIDADORES (para cuidadores y también para que lo leamos los enfermos, para que nos demos cuenta de lo duro que es y los problemas que les causa, lo que se denomina EL SÍNDROME DEL QUEMADO O BURN-OUT).

Hablando del rey de Roma -por hace unos días apenas que hubo un interesante intercambio de opiniones en la página de Facebook sobre este tema tan olvidado muchas veces de los cuidadores. Casualmente, entro en facebook al día siguiente y lo primero que me encuentro, en la primera línea -de playa ¿?, jejeje-, este enlace de (alzheimeruniversal.org), una página muy interesante, puesto que abarca información también de otras enfermedades y de salud en general, así como de psicología y psiquiatría. Y se da el caso que ser cuidador/a de un enfermo de alzheimer debe resultar muy sacrificado y complicado también. Espero que les sirva de ayuda.


Enlace al archivo en PDF: GUÍA PARA CUIDADORES - EVITAR "EL SÍNDROME DEL QUEMADO" ó "BURN-OUT" (pdf)


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viernes, 13 de agosto de 2010

ASPECTOS PSICOLÓGICOS DEL DOLOR: LAS MUJERES SIENTEN MÁS EL DOLOR

Esta noticia es de hoy mismo, publicada en elmundo.es.


ELLAS SIENTEN MÁS EL DOLOR
  • Las mujeres tienen molestias crónicas más frecuentemente que los hombres.


"El dolor crónico afecta a una proporción más alta de mujeres que de hombres en el mundo; un curioso aspecto que ha centrado el congreso anual celebrado en EEUU por la Asociación de psicólogos americanos.
La doctora del Centro de Atlanta para la Medicina Conductual, Jennifer Kelly, ha asegurado que las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de experimentar múltiples condiciones dolorosas simultáneas, que conllevan más angustia y pueden derivar en una futura inhabilitación, ya que ellas experimentan un dolor crónico más largo, más fuerte y con una mayor frecuencia que los hombres.
Las hormonas pueden ser las culpables de estas diferencias, dice la doctora, que añade que el estrógeno desempeña un papel importante en dolores como el provocado por las migrañas, la fibromialgia o el síndrome de colon irritable, todos ellos trastornos más comunes en mujeres. Pero junto a estos factores, la experta cita también los aspectos psicológicos y sociales que, según ella, "pueden permitir una modulación del dolor por parte del paciente" y, al igual que ocurre con las diferencias genéticas y hormonales, puede afectar a la respuesta ante determinados medicamentos y a la tolerancia a los mismos.
El Jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital General Yagüe de Burgos, Jerónimo Saiz, concede importancia a las diferencias hormonales y a los consiguientes cambios cíclicos que padecen más ellas que ellos. "Desde siempre se ha sabido que la mujer tiende más a la transformación de problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera involuntaria, y más si tiene que ver con las emociones. Esto mismo se aplica a la percepción del dolor, a una mayor sensibilidad y a la capacidad efectiva, afectando tanto para lo bueno como para lo malo", dice Saiz a ELMUNDO.es.
Kelly ha observado cómo modulan el dolor las mujeres y llega a la conclusión de que lo hacen de forma diferente a los hombres. Ha hecho hincapié en que ellas tienden a enfocar los aspectos emocionales del dolor mientras que ellos se centran en las sensaciones físicas que experimentan. "Aquí radica la causa de por qué las mujeres pueden padecer más dolor que los hombres".
La doctora americana ha insistido en que "se tiene que animar a las mujeres a tomar un papel más activo en su tratamiento". La asistencia a un psicólogo que les ayude a explorar las diferentes estrategias cognitivas y "que les ofrezca un entrenamiento para relajarse con una mayor facilidad también debe ser tenido en cuenta".
Ya en 2002 una investigación canadiense aseguraba que los hombres aguantaban mejor el dolor debido a una proteína llamada GIRK2. Esta tenía un papel importante en la sensación del dolor y en el efecto de los analgésicos en los hombres, pero no en las mujeres. En este estudio Gary Rollman, investigador de la Universidad del Oeste de Ontario (Canadá), adelantaba que "es muy posible que las mujeres sean biológicamente más vulnerables al dolor. Algunos medicamentos para el dolor, incluida la morfina, han mostrado que trabajan mejor en hombres".
En cuanto al tratamiento de los diferentes dolores, los pacientes deprimidos también pueden beneficiarse de psicotrópicos, pero, según Kelly, los antidepresivos no deberían servir como un reemplazo a la intervención psicológica. Según Saiz, "cada paciente puede recibir un tipo de apoyo, una ayuda específica, donde las diferencias entre géneros también se observan. Aunque no existe un tratamiento concreto para los dolores crónicos".
"Si las mujeres pueden ver el dolor como algo que puede ser manejado y algo con lo que pueden trabajar, entonces podrán cambiar el rumbo de su vida", concluye la psicóloga americana."

A mi parecer, se han olvidado de abordar esa característica que asume el hombre desde que tiene uso de razón de inculcarle continuamente que los hombres no lloran, no se quejan, son fuertes, no tienen que sincerarse nunca sobre nada porque eso es visto como falta de masculinidad. Aunque veremos en otro artículo que se puede superar esa coraza que manifiesta el hombre también en la consulta de los médicos.


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miércoles, 25 de junio de 2008

Depresión en el anciano

Siguiendo con los aspectos psicológicos, he aquí un artículo relacionado publicado en CONSUMER.ES.


Depresión en el anciano

Este trastorno no forma parte del envejecimiento pero puede derivarse de factores estresantes como la enfermedad crónica, la pérdida de seres queridos o el dolor

La depresión es el trastorno mental más frecuente en los ancianos, sobre todo, en las ancianas. Lo cierto es que muchos médicos de atención primaria juzgan la depresión geriátrica como muy difícil de identificar, por el hecho de que abarque múltiples formas de presentación, se confunda a menudo con la demencia y pase socialmente desapercibida como un achaque más, propio de la tercera edad, cuando, en realidad, no forma parte del proceso normal de envejecimiento.

  • Autor: Por JORDI MONTANER
  • Fecha de publicación: 22 de junio de 2008

- Imagen: Rodolfo Belloli -

En España, la prevalencia de depresión en el anciano es de entre el 10% y el 15% en las consultas de atención primaria y de hasta un 50% en las residencias geriátricas. José Ángel Arbesú, coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), explica que los pacientes ancianos padecen más enfermedades crónicas discapacitantes que el resto de los adultos y que, algunas de ellas, como alteran las vías neuroquímicas y los neurotransmisores cerebrales, al igual que otras, afectan a los ejes neuroendocrinos, lo cual puede desencadenar biológicamente una depresión. También añade que la deficiente adaptación a las enfermedades, tan habitual en las generaciones más ancianas, puede actuar como desencadenante de la depresión.

Soledad

"El paciente anciano depresivo que acude a la consulta de atención primaria suele tener escasos vínculos familiares o sociales y presenta una sintomatología somática importante que puede dar lugar a cambios en su forma natural de ser, volviéndose más irritable y menos sociable, aislándose en su domicilio. En cambio, la tristeza, como síntoma nuclear de la depresión, puede tener menos importancia en la ancianidad que en la edad adulta", afirma Arbesú.

Las enfermedades crónicas pueden desencadenar una depresión si alteran las vías neuroquímicas y los neurotransmisores cerebrales

Este experto reconoce, asimismo, que algunas patologías, como la enfermedad de Parkinson , el ictus, la demencia vascular, la enfermedad coronaria, las enfermedades endocrinológicas y las neoplasias, contribuyen a la angustia del paciente crónico mayor. Tanto la mayoría de las depresiones como de los deterioros cognitivos en edad avanzada se diagnostican precisamente en las consultas de atención primaria. "El médico de atención primaria va a ser, en la mayoría de los casos, el primero en interpretar las formas de depresión del anciano; ardua labor, teniendo en cuenta que la persona mayor no suele expresar de manera espontánea ni verbalmente el estado de ánimo en que se encuentra", explica el especialista.

Por este motivo, lo que el profesional debe explorar es el lenguaje no verbal y el metalenguaje en su entrevista clínica, indagando sobre el rastro de la depresión en muy pocas y débiles pistas. Ante todo, insiste Arbesú, es necesario establecer un diagnostico diferencial con otras enfermedades psiquiátricas y no psiquiátricas que forman parte del proceso de envejecimiento normal: "El concurso de síntomas fronterizos a la demencia, como una falta de concentración o de memoria, puede dificultar y retrasar el diagnostico de depresión, y hacer pensar al médico que está ante un deterioro cognitivo de inicio".

La utilización en estos casos del test de cribado de Pfeiffer y el "Mini Mental State Examination" (MMSE) pueden ayudar en el diagnostico diferencial entre demencia y depresión.

En alto riesgo

La tasa de suicidio en pacientes ancianos con enfermedad mental es del 15%, y los expertos aseguran que el consumado es más frecuente que en etapas más jóvenes: uno de cada cuatro intentos acaba en muerte. Este riesgo lleva a que los psiquiatras apremien a los médicos de atención primaria a afinar en los diagnósticos. Miquel Roca, psiquiatra del Hospital Juan March, de Palma de Mallorca, aboga por una formación de estos facultativos en la evaluación del suicidio "que erradique mitos falsos, como que hablar de ello induce a cometerlo, que las personas que aluden al suicidio nunca lo ejecutan o que el suicidio se comete sin previo aviso".

Los estudios demuestran que ocho de cada diez pacientes que se suicidan hablan de ello previamente y que la mitad de éstos había consultado al médico de atención primaria la semana anterior a quitarse la vida. "En los casos en los que el médico de atención primaria detecte una ideación clara o riesgo de suicidio, debe derivar cuanto antes el paciente a una unidad de salud mental, instaurando una colaboración entre hospital y ambulatorio que resultará indispensable para seguir a corto y medio plazo su evolución", incide Roca.

LOS INVISIBLES


- Imagen: M. Anima -

Los falsos mitos enmascaran la depresión del anciano. En primer lugar, deprimirse no forma parte del programa normal de todo envejecimiento. Sí consta hacer frente a la enfermedad crónica, a la idea de la muerte, a la pérdida de seres queridos y a distintos achaques que causan dolor, frustración o tristeza. Pero la depresión va mucho más allá de un estado de queja o de tristeza naturales. Para complicar más las cosas, abunda la idea de que los ancianos sufren demencia con facilidad y que su confusión, tristeza, trastornos del sueño o del apetito forman parte del paquete con que la naturaleza identifica el fin de nuestras vidas.

Pero los expertos urgen a discriminar las depresiones verdaderas de otros estados de abatimiento y a evitar que los ancianos empeoren. Demasiadas depresiones de la tercera edad pasan, por tanto, infradiagnosticadas. De cara a quienes conviven estrechamente con pacientes ancianos, los médicos recomiendan prestar mucha atención a cambios en la rutina con la que el anciano viste o se asea, cambios en sus relaciones sociales (si evitan contactos con otros familiares o amigos) y, más que estados de tristeza, recomiendan vigilar la imposibilidad del gozo ante un plato, una música, un chiste o un recuerdo, entre otros.

La incapacidad de reír es más preocupante que la facilidad con que se llora. Sensaciones verbalizadas de culpabilidad, vacío existencial, dolores abstractos, ideas suicidas, cansancio diurno exagerado y pérdida o ganancia de peso desacostumbradas apuntan igualmente a la posibilidad de una depresión. Algunos tratamientos farmacológicos y el consumo de alcohol pueden ser aliados perfectos de una génesis depresiva, por lo que deben también ser tenidos en cuenta.



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Aspectos psiquiátricos del dolor crónico

Completísimo artículo publicado en INTRAMED.NET en relación a los aspectos mentales del dolor crónico.


18 JUN 08 | Repercusiones y abordajes
Aspectos psiquiátricos del dolor crónico
La historia y las dimensiones del concepto "dolor".
Dra. Iraida Ramírez Castañon, paidopsiquiatra adscrita del Hospital Gerenal "Dr. Gea González"
Revista Dolor Clínica y Terapia

ÍNDICE
Desarrollo
Referencias bibliográficas
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Desarrollo

Se ha recorrido un largo camino –y sin embargo aún falta mucho por andar– desde que en la antigua Grecia el dolor era atribuido a las flechas que los hombres lanzaban a los hombres. Más tarde, Aristóteles pensaba que la experiencia del dolor era una pasión negativa, una emoción opuesta al placer; postuló que el dolor era el resultado de un incremento en la sensibilidad al tacto, la cual era transportada por la sangre hasta el corazón, siendo éste el centro de la sensación.

La interpretación aristotélica del dolor predominó en el pensamiento occidental hasta que fue sustituida por la postulación de Descartes, quien, en el siglo XVII, acuñó la idea de que el cerebro era el centro de la sensibilidad y que el dolor era transmitido por pequeños filamentos que corrían desde la piel hasta el cerebro, por los que se transportaban pequeños organismos que se producían y almacenaban en el cerebro llamados espíritus animales; es decir, consideraba al dolor como una sensación (tal como el calor o el frío).

El dolor, según Descartes, se producía cuando, por ejemplo, las veloces partículas de fuego perturban los filamentos nerviosos y dicha perturbación, al llegar hasta el cerebro, activa los espíritus animales que entonces viajan hasta los músculos y se produce el movimiento, la conducta que evita el dolor (por ejemplo, retirar el pie de la llama).

Este modelo mecanicista del dolor persistió en el mundo occidental hasta mediados del siglo XIX, cuando como consecuencia de las investigaciones científicas en el campo de la medicina y la biología gradualmente se desarrolló un modelo más amplio del dolor, si bien igualmente orgánico y mecanicista. Poco a poco términos como neuronas, nocicepción, vías neuronales ascendentes y descendentes fueron enriqueciendo este modelo y proporcionaron la entusiasta expectativa de que el completo descubrimiento de la anatomía y la fisiología de las vías nociceptivas (las vías del dolor) era solamente cuestión de tiempo: ello traería necesariamente la comprensión íntegra del mecanismo biológico del dolor y, por ende, la posibilidad de ejercer el pleno control terapéutico del dolor.7

Fue entonces cuando se consolidó la idea dicotomizada del dolor: existe un dolor físico, a cuyo estudio se enfoca la investigación científica, y un dolor mental, cuyo ámbito se aparta de la ciencia –al menos en el mundo occidental– y se traslada a la religión, la filosofía y, después de un tiempo, también a la psicología y a la psiquiatría.

Parafraseando a David Morris,6 en el siglo XIX surge en la mayor parte del mundo occidental el mito de los dos dolores: el dolor era descrito enteramente dentro del modelo médico, es decir, como producto de una lesión que provoque daño a los tejidos, generando impulsos nerviosos a través de las vías de dolor conocidas y cuyo remedio es tratar la parte afectada o, si es necesario, emplear medidas sistémicas.11 Se reconocía, no obstante, la existencia del dolor mental, de origen psicológico. De esta forma, se dividió al dolor en dos categorías: el dolor real (de causa orgánica) y el dolor imaginario (de causa psicológica).4

La situación se complicó en los años siguientes, cuando resultó evidente que no podía pasarse por alto la existencia de lo que se llamó dolor agudo, que aparece como respuesta inmediata a estímulos nocivos provenientes del interior o del exterior del organismo que causan daño a los tejidos y cesa cuando desaparece el estímulo nocivo o se restaura la integridad y/o la funcionalidad del tejido dañado. Tampoco se podía ignorar el llamado dolor crónico, el cual ha pasado por multitud de estudios y definiciones, ya que éste puede originarse y persistir aun en ausencia de daño evidente a los tejidos o no obstante el tratamiento médico o la desaparición del estímulo nocivo, todo lo cual ha situado al dolor crónico en una posición tal que la investigación científica médica y biológica ha debido aceptar la confluencia de otros muchos factores en su fisiopatología y mantenimiento, y por lo tanto, la participación de otras disciplinas no médicas en su estudio.7 Ahora se estudia al dolor como una entidad en la que confluyen no solamente aspectos biológicos, sino también psicológicos, sociales, culturales y filosóficos, que resultan inseparables para su mejor comprensión. Asimismo, se ha reconocido que el dolor crónico no es simplemente una extensión temporal del dolor agudo, en vista de sus especiales características; por ejemplo, en algunos casos su origen o supervivencia aun en ausencia completa de una causa orgánica identificable.

A la luz de las actuales evidencias, el concepto de los dos dolores es del todo erróneo, pero desafortunadamente difícil de erradicar por completo, aun en nuestro tiempo, incluso en el ámbito médico. El estado de las cosas es tal, que ahora los modelos de dolor incluyen necesariamente esta gama de aspectos: biológicos, psicológicos, sociales, culturales y filosóficos que, según parece, resultan inseparables para dar origen a lo que se ha llamado la experiencia de dolor en el humano.

Las revistas científicas dedicadas a la investigación del dolor suelen incluir estudios de diversas disciplinas, ya que el enfoque médico organicista no abarca la comprensión integral del dolor, de tal manera que si bien en los últimos 50 años han surgido importantes avances en el descubrimiento de aspectos neurológicos y, en general, biológicos del dolor, ha resultado evidente que éstos representan sólo una parte del fenómeno doloroso.

Lo que se ha denominado experiencia dolorosa se acerca más al concepto del dolor como una percepción (las percepciones requieren un sustrato biológico: el sistema nervioso, pero también un complejo psicológico, cultural– social, matizado por la experiencia previa) altamente subjetiva. El planteamiento de que el dolor no significa únicamente una emoción, como en la conceptualización hipocrática, o una sensación, como en la aristotélica, representa un cambio actual sumamente significativo.

Por otro lado, la experiencia dolorosa es altamente subjetiva y particular para cada individuo, y aún falta mucho para alcanzar una comprensión más satisfactoria del dolor. También se ha hecho evidente que esta complicada tarea debe ser prioritaria en el ámbito de la investigación en salud. Otro asunto relevante, al menos en países en donde se otorga gran importancia a los aspectos económicos de las enfermedades (el costo económico que implica una entidad patológica en todas sus facetas), es que el dolor –en especial el crónico– representa un enorme gasto que, por otra parte, no se refleja en el estado de alivio de los pacientes que sufren dolor.

Actualmente se acepta que prácticamente en todos los pacientes con dolor existen tanto factores orgánicos como psicológicos y socioculturales. Este reconocimiento resulta especialmente decisivo en la comprensión y el manejo del dolor crónico, es por ello que en este tipo de dolor se requiere de la participación de los aspectos psiquiátricos.

Fue hace relativamente poco tiempo, en 1945, que el anestesiólogo norteamericano John J. Bonica comprendió que los complejos problemas del dolor requieren de un vasto conocimiento y experiencia, mucho más de los que puede poseer un solo individuo. Como resultado, concibió la noción de que “los complejos problemas de dolor pueden ser tratados más efectivamente por un equipo multidisciplinario, en donde cada miembro contribuirá con los conocimientos y habilidades de su especialidad al propósito común de realizar un diagnóstico correcto y desarrollar la estrategia terapéutica más efectiva; cada individuo aprende de los otros miembros del equipo y sus límites territoriales se hacen menos definidos; entonces, comienzan a ser realmente especialistas en el manejo del dolor (algólogos), de modo que se extienden más allá del campo de sus disciplinas básicas”.5

La idea de Bonica se vio cristalizada con mayor fuerza a principios de la década de 1960 con el establecimiento de clínicas pioneras multidisciplinarias para el tratamiento del dolor. El paradigma básico de esta nueva comprensión médica del dolor se puede resuresumir así: desde tiempos hipocráticos el dolor ha contado con el claro y seguro estatus de síntoma (un mensaje que la enfermedad compone y envía). Ahora, el mensaje es que el dolor es la enfermedad. El dolor es el diagnóstico y no el síntoma.6

Dolor agudo/dolor crónico

Etimológicamente, la palabra inglesa pain derivadel griego poine y del latin poena, términos que significan castigo y su efecto consecuente. La expresión pain, como es usada hoy en día, tiene el equivalente griego del vocablo algos y la palabra latina dolor, raíz de los términos dolore (italiano) y doleur (francés).3

Después de múltiples intentos por definir el dolor, el subcomité de taxonomía de la IASP (Internacional Association for the Study of Pain) acuñó la siguiente definición, aún en uso: “el dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a daño real o potencial al tejido, o descrita en términos de dicho daño” (IASP, 1979). Esta concepción acerca de que el dolor puede ocurrir sin el menor estímulo somático altera los antiguos modos de pensar.

Bonica definió así el dolor agudo: “el dolor agudo es una compleja constelación de experiencias displacenteras sensoriales, perceptuales y emocionales, y algunas respuestas asociadas autónomas, psicológicas, emocionales y conductuales”.3 Invariablemente, el dolor agudo y estas respuestas asociadas son producidas por estímulos nociceptivos. Aunque los factores psicológicos tienen una profunda influencia en la experiencia de dolor agudo, rara vez éste se debe primariamente a psicopatología o influencias ambientales. Esto contrasta con el dolor crónico, cuya psicopatología y factores ambientales juegan un rol prominente.

Por otro lado, el dolor agudo disminuye conforme ocurre la curación o la resolución del factor causal (por ejemplo, el dolor de parto, el dolor por fatiga) y previene a la persona de que algo está mal. Es una señal para iniciar la conducta que eliminará la causa del dolor.

El mismo Bonica define así el dolor crónico: “el dolor crónico es aquel dolor que persiste un mes más de la duración del curso usual de una enfermedad aguda o del tiempo razonable para que una herida sane, o bien, cuando el dolor está asociado a un proceso patológico crónico que causa dolor continuo, o el dolor recurre a intervalos de meses o años”.3 Algunos clínicos consideran un periodo arbitrario de más de seis meses de duración para clasificar a un dolor como crónico, pero esto no parece ser del todo adecuado debido a que no toman en cuenta que diversas lesiones y padecimientos poseen tiempos usuales de recuperación, y resulta más exacto considerar la evolución hacia el alivio o el empeoramiento del dolor más allá del tiempo esperado.

Ejemplos de dolor crónico son la cefalea, el dolor de espalda, la artritis, el cáncer, algunas enfermedades psiquiátricas como la depresión mayor, los trastornos de ansiedad, los trastornos somatoformes, la hipocondria y el trastorno de dolor psicógeno, por mencionar algunos.

Muchas veces el dolor crónico persiste no obstante el tratamiento y el paso del tiempo. El paciente y el médico suelen tratar de encontrar una explicación satisfactoria a la presencia y continuación del dolor. La patología fisiológica, anatómica y bioquímica identificada por el examen físico y las pruebas diagnósticas usualmente no explican por completo la causa del dolor. Las personas con dolor crónico suelen exhibir alguna actividad autónoma: síntomas neurovegetativos tales como los trastornos del sueño, alteraciones del apetito y del peso, disminución de la energía y de la libido, reducción de la concentración, irritabilidad. Con frecuencia tienen una historia de múltiples intervenciones médicas y quirúrgicas. El distrés emocional asociado, los trastornos familiares, económicos y en general la alteración del estilo de vida secundarios a la persistencia del dolor, se vuelven por sí mismos problemas significativos. Estos tipos de distrés, el aislamiento social, la inactividad y la creencia de que el dolor proviene de una enfermedad seria han sido descritos por Pilowsky como la “conducta anormal asociada a la enfermedad”.1

Dolor crónico y psiquiatría

Mientras se expande el conocimiento sobre el dolor, en especial respecto a la complejidad del dolor crónico, se clarifica cada vez más que éste es un síndrome complejo. Actualmente los profesionales del campo del dolor crónico aceptan que la evaluación debe ser multidisciplinaria y que en la mayoría de los pacientes se requiere de más de una modalidad de tratamiento. En resumen, el objetivo común del equipo multidisciplinario de una clínica del dolor es, en última instancia, la mejoría de la calidad de vida del individuo con dolor. El equipo puede estar formado por anestesiólogos, médicos internistas, neurólogos, neurocirujanos, psiquiatras, psicólogos, terapeutas físicos y ocupacionales, personal de enfermería y trabajadores sociales. Lo más deseable es que todos ellos tengan un entrenamiento previo en el campo de la algología.

El paciente con dolor crónico presenta uno de los problemas más difíciles e ingratos de la práctica médica, y desafortunadamente aquellos profesionales de la salud que no se especializan en la salud mental pueden mostrarse perplejos ante la existencia de varias explicaciones de los aspectos psicológicos del dolor,5 así como por el papel que juegan los factores sociales, culturales, económicos y espirituales del dolor, que no suelen ser tomados en cuenta. Entre el personal médico es quizá el psiquiatra quien está mejor preparado para enfrentar los aspectos psicosociales del dolor crónico.2, 9

En la atención de la persona con dolor crónico el psiquiatra puede fomentar el trabajo multidisciplinario, ya que forma un puente de unión entre la labor de los médicos especialistas (gracias a su formación médica) y la labor de profesionales del campo psicosocial, como psicólogos y trabajadores sociales. El individuo con dolor crónico de difícil control (como lo es la mayoría de los pacientes que acude a las clínicas del dolor) suele no pocas veces tener problemas familiares, incapacidades o disminución de funciones orgánicas, pérdidas laborales, depresión, ansiedad, trastornos de la personalidad.

Si el enfermo llega a ser atendido en alguna clínica del dolor, generalmente para entonces ya ha consultado a varios especialistas, se ha sometido a diversas pruebas y además, en muchos casos, ha padecido la antipatía y aversión de los médicos, dado el sentimiento de frustración que estos individuos suelen provocar. Por otro lado, es difícil en estas circunstancias encontrar algún paciente en quien la dimensión psicosocial haya sido explorada más allá de un nivel superficial. El psiquiatra está capacitado para realizar una contribución en la evaluación y manejo de estos aspectos. Las siguientes siete premisas son propuestas por Schwab10 como causas de que los aspectos psiquiátricos de los pacientes sean pasados por alto:

1. La influencia del modelo biomédico en la educación médica: se tiene la idea de que el todo es meramente la suma de sus partes y se llega a considerar al paciente como objeto.

2. Defensas personales: el entrenamiento médico requiere que se elabore una colección de defensas personales, tales como la negación, el aislamiento del afecto y el distanciamiento (necesarios para enfrentarse a la enfermedad y la muerte y mantener la objetividad), sin embargo, esto también nos aleja del reconocimiento de las emociones del paciente.

3. La contratransferencia: con frecuencia los médicos no toman en cuenta que las actitudes peyorativas y en general contratransferenciales pueden distorsionar su punto de vista acerca de los pacientes, en especial aquellos con enfermedades crónicas y/o psiquiátricas.

4. La distancia social: interfiere con la habilidad del profesional de la salud para identificar la enfermedad psiquiátrica. Por ejemplo, existen estudios que demuestran que los médicos de clase media pueden subestimar los niveles de ansiedad de sus pacientes de clase social baja.

5. La inadecuada atención hacia la historia del paciente al pasar por alto la investigación de detalles de la vida de éste.

6. Con frecuencia el examen del estado mental del paciente se omite. Junto con la depresión y la ansiedad, los trastornos mentales orgánicos son las alteraciones psiquiátricas más comunes en los pacientes con enfermedad médica (incluyendo al dolor crónico), pero tristemente es común que estos padecimientos vean retrasada su detección, o bien, nunca se diagnostiquen.

7. La complejidad diagnóstica: algunas condiciones médicas y psiquiátricas simulan unas a otras; la ansiedad, por ejemplo, puede ser una manifestación de un trastorno por angustia, pero también puede estar causada por una intoxicación por cafeína, por el uso de anfetaminas o puede ser una manifestación temprana de un feocromocitoma, pero también puede estar producida por enfermedades cardiopulmonares, endocrinas, metabólicas, neurológicas, tóxicas. Otro ejemplo es el problema de la depresión en las personas con cáncer. Se sabe que debido al fenómeno psicológico de la contratransferencia, se bloquea con frecuencia el reconocimiento de la depresión en estos pacientes. El médico piensa: ¿no estaría yo deprimido si tuviera cáncer? La depresión se ha detectado en alrededor de 50% de los individuos con cáncer hospitalizados.

Existen estudios que, tomando una muestra de pacientes con dolor crónico, investigan la frecuencia y el tipo de enfermedad psiquiátrica presente sin considerar si los padecimientos psiquiátricos encontrados son causa, acompañante o consecuencia del dolor crónico; una prevalencia de alrededor de 50% suele ser un hallazgo común.8



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Dolor crónico por problemas de espalda o columna, fibromialgia, esclerosis múltiple, artritis, artrosis, migrañas, oncológicos. etc; así como los problemas vitales y psicológicos que sufre el paciente y sus cuidadores.
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lunes, 16 de junio de 2008

CUIDADORES INFORMALES

Interesante artículo de AZprensa.com. Mi pareja me abandonó y suele ser estadísticamente bastante habitual. Creo que si hubiese sido al revés hubiera seguido a su lado pero tampoco puedo poner la mano en el fuego.

La realidad es que las hijas cuidan de las madres o los padres y las parejas de sus compañeros cuando la enfermedad llega más temprano.

Tal vez todo sea una equivocación de conceptos pues el enfermo, salvo el que se torna infantil y necesita atraer toda la atención, precisa más de comprensión que de presencia y ayuda física. Y muchos cuidadores se centran más en este punto y acaban quemándose y creando una espiral.

Nadie busca la enfermedad, pero cuando llega probablemente se sepa si era verdadero amor o no.


El 93% de los cuidadores informales de las personas dependientes tienen una baja calidad de vida


Entre un 15 y un 23% de las mujeres entre 45 y 60 años cuidan de una persona dependiente, siendo los porcentajes en el caso de los hombres de entre el 5 y el 7%

Madrid, 13 de junio de 2008.- (AZprensa.com).-

En las próximas décadas, uno de los temas que más preocupará a la población general, por sus consecuencias sociales y económicas, será el proceso de envejecimiento demográfico que van a experimentar los países desarrollados. En este sentido, a los debates ya clásicos sobre la sostenibilidad futura de los sistemas públicos de pensiones y atención sanitaria, se ha sumado más recientemente la discusión en torno a cómo proveer y financiar la atención que necesitan aquellas personas mayores que no pueden valerse por si mismas.

En los últimos años, siguiendo el ejemplo de los países escandinavos, que contaban desde hacía tiempo con sistemas públicos de atención a la dependencia de amplia cobertura, nuestro país ha optado por universalizar los servicios sociales de atención a la dependencia. Con la aprobación a finales de 2006 de la denominada Ley de Dependencia, se han sentado las bases para el desarrollo de un nuevo Sistema de Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) que se prevé esté totalmente implantado en el año 2015.

Teniendo en cuenta todos estos elementos, la Fundación AstraZeneca, junto con la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), presentan el libro: “Aspectos Económicos de la Dependencia y el Cuidado Informal en España”, escrito por el Dr. Sergi Jiménez-Martín (coordinador), y los investigadores David Casado, Pilar García Gómez, Natalia Jorgensen, Angel López, Santiago Massons, Juan Oliva, Rubén Osuna y Cristina Vilaplana.

La presente monografía “pretende ser un paso al frente, una reflexión motivada, en el análisis de aspectos claves de la dependencia y de los cuidados informales: la elección del tipo de apoyo, las consecuencias de la carga sobre los cuidadores, los costes de la carga, entre otros temas de relevancia”, explica el Dr. Jiménez-Martín.

Cambios en la asistencia al anciano español

El desarrollo en los próximos años del SAAD español va a suponer cambios importantes en el modo en que nuestra sociedad atienda las necesidades asistenciales de las personas dependientes. Además, la creación del sistema SAAD constituye avanzar hacia un modelo universal que nos aproxime a los sistemas de protección social del centro y norte de Europa.

Por otro lado, teniendo en cuenta que las mujeres representan la piedra angular del actual sistema de cuidados de los ancianos dependientes, “como pone de manifiesto que casi el 75% de los mismos tengan en el apoyo familiar su principal fuente de ayuda, es comprensible que se haya extendido la percepción de que las prestaciones del SAAD pueden constituir un poderoso instrumento de conciliación entre vida familiar y laborar”, señala el coordinador del libro.

Por último, desde el sector sanitario, existe la expectativa de que el SAAD puede contribuir a reducir las estancias hospitalarias innecesarias, motivadas por la actual falta de recursos sociales adecuados.

Principales conclusiones del libro

El contenido de este nuevo libro abarca los temas más relevantes en el cuidado informal del paciente dependiente y sus consecuencias económicas, reforzados por diversos datos extraídos de estudios de población.

En el caso del empleo y apoyo informal entre las mujeres, cabe destacar que entre un 15 y un 23% de las mujeres entre 45 y 60 años cuidan de una persona dependiente, siendo los porcentajes en el caso de los hombres de entre el 5 y el 7%. Estos resultados sugieren una serie de conclusiones: que las mujeres cuidadoras que modifican su comportamiento laboral son aquellas que cuidan de una persona con la que coresiden; que dichos efectos no se observan durante el primer año en que se empieza a cuidar; y que las mujeres que concluyen un episodio de cuidado tienen la misma probabilidad de trabajar que el resto de mujeres no cuidadoras de similares características.

El trabajo de cuidador es muy absorbente, ya que los cuidadores informales de personas dependientes mayores de 60 años suelen dedicar una media de 10 horas diarias a atender al enfermo, y el número medio de años de cuidado es de 6,5. Además, los cuidadores muestran un nivel de formación muy inferior al promedio, lo que condiciona el nivel de ingresos presentes que pueden obtener. Esta situación repercute en la calidad del cuidado de la persona en situación de dependencia, puesto que la probabilidad de recibir preparación específica para atender al enfermo aumenta con el nivel de estudios y en la calidad de vida futura del cuidador, ya que las futuras pensiones de jubilación guardan proporción con las rentas obtenidas durante la vida laboral.

Según datos procedentes de la Encuesta de Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud (EDDES) del Instituto Nacional de Estadística, tomando como referencia el año 2002 y aplicando como método de valoración el del coste de sustitución o reemplazo, se estima que los costes de los cuidados informales oscilan entre los 9.087,4 y los 14.100,3 millones de euros. Por tanto, los costes estimados de los cuidados informales representarían una cifra equivalente a entre el 23,9% y el 37,1% del gasto sanitario del Sistema Nacional de Salud español del año 2002 y entre el 1,25% y el 1,93% del Producto Interior Bruto del mismo año.

Calidad de vida de los cuidadores informales

Con el objeto de medir la calidad de vida de los cuidadores informales se ha elaborado un índice que revela que sólo el 7% de los cuidadores mantienen una calidad de vida alta, un 20% tienen calidad de vida media y un 72% han visto reducir considerablemente su estándar de calidad de vida.

La mitad de las personas dependientes sólo recibe apoyo de un cuidador informal, lo que repercute sobre la calidad de vida de este último. Las evidencias constatan que las mujeres padecen mayores síntomas de tensión y depresión que los hombres, cerca del 90% de las mujeres cuidadoras declara sentirse deprimida y físicamente agotada frente al 10% de los hombres cuidadores. Además, existe una clara correlación entre estado de salud y la calidad de vida ya que frente al 10,25% de los cuidadores con buena salud, que además disfrutan de calidad de vida alta, no existe ningún cuidador con mala salud y nivel alto de calidad de vida.


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¡FUERA!

Llevo toda la tarde con el blog y me sentía animado, útil, vivo. Y eso que me dolían -me duelen- bastante la pierna, el pie y la zona lumbar y abdominal izquierda -superé el estreñimiento-.

Y todo ha acabado en el mismo agujero escatológico, porque no se me ocurrió otra cosa que llamarla. Soy masoquista, soy para ella una decepción y una carga física y mental y sé que no le costó mucha conciencia abandonarme y hundirme cada vez que la llamo.

Luego dejo de hacerlo y me busca y me engancha de nuevo a su voz y a los sueños inútiles e imposibles. Y, ahora, me duele más todo y me siento una piltrafa humana y pienso en suicidarme. Se lo digo: me haces daño. Debe disfrutar.

Pero se ha acabado. Voy a empezar a borrar cosas que no necesito.

Ella dice que vivo centrado en el dolor y será cierto incluso, pero lo que me hace falta es apoyo y no socavones en el camino. No entiende que debo entenderlo para vencerlo. Y yo debo entender que no merezco que me insulte cada día, que no me hace falta su filosofía de vida hedonista y superficial, su falta de empatía y humanidad, su egoísmo. Ya tengo bastante dolores como para seguir sufriendo su tortura, la depresión que me causa.

¡Fuera!

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domingo, 15 de junio de 2008

CARTA A LAS PERSONAS QUE NO TIENE FIBROMIALGIA

Encuentro esta interesante carta en la comunidad de elpais.com . No tengo fibromialgia pero me siento muy identificado, tal vez porque lo único que desearía es llevar una vida normal, ser una persona normal en lo físico.

Ayer salí con los amigos y hoy y mañana como mínimo los destino a recuperarme. El problema es que cuando salgo vivo en el exceso porque el alcohol y el fentanilo y el tramadol se llevan muy bien y parezco superman; porque tengo tantas ganas de ser normal que quiero aprovechar cada minuto; porque me convierto en un ser bipolar y no me reconozco, tan afable, tan social en comparación con el recluimiento del resto de la semana; porque hago que el resto de las personas piensen que no me pasa nada; porque quiero conquistar a una mujer y no ser el solitario bidivorciado al que nadie se acercaría para no amargarse la vida; porque estoy harto de dar explicaciones; porque me cuesta una vida tomar una decisión vulgar y corriente como, por ejemplo, pedir cita al médico para renovar las recetas;...

En fin, les dejo con la carta de maribel, que seguro que lo explica mejor que yo.


Escrito por: maribel1106 el 05 Jun 2008 - URL Permanente

Carta a las personas que no tienen fibromialgia________

Tener fibromialgia, significa que cambian muchas cosas y, gran cantidad de ellas, no resultan perceptibles para los demás. Al revés que cuando se sufre cáncer o heridas, como consecuencia de un accidente, mucha gente no sabe ni siquiera un poco sobre la fibromialgia y sus efectos y, entre aquellos que creen saber algo, hay muchos que, en realidad, están mal informados.

Con la intención de informar a quienes desean entender… (o a los que quieran saber algo sobre esta enfermedad al conocer a alguien que la padezca), estas son una serie de cuestiones sobre mí que, antes de juzgarme, me gustaría que entendieras.

-Entiende, POR FAVOR que, estar enferma de fibromialgia, no significa que no sea un ser humano. He de pasar la mayor parte del día en medio de considerables dolores y cansancio (cosa que tú no percibes porque me he propuesto que nadie sepa de mi sufrimiento) y, si me visitas, probablemente a veces, no pareceré divertirme contigo porque parezca seria; otras, te pareceré algo despistada o habladora, pero no trato más que de disfrazar mi estado de ánimo para que tú no sufras, pero eso no significa que no esté a gusto en tu compañía; sucede que estoy sujeta a mi cuerpo que me duele y me cuesta sobrellevar mi dolencia. Todavía me preocupo de estudiar y de trabajar, así como de mi familia y amigos, aunque a veces me cuesta, pero normalmente, también me interesan tus problemas. Por eso, si tienes algo que te preocupe, házmelo saber si yo no lo atisbo, porque me sentiré mejor ayudando a los demás y olvidando mi dolor.

-Entiende también, POR FAVOR, la diferencia entre “feliz” y “saludable”. Cuando tienes gripe, probablemente te sientes muy mal. Yo llevo enferma muchos años, más de los que imaginas, y a pesar de todo, trato de superarme. Así que si estás hablando conmigo y te parezco feliz, significa que lo estoy. Eso es todo. No que no tenga grandes dolores, que no esté extremadamente cansada o que me encuentre mejor, no. No me digas por tanto: ¡Se te nota mucho mejor! ¡¡¡No se me nota mejor!!! Se me nota feliz por estar contigo aunque disimulo mi dolor. Y si quieres hacer comentarios sobre mi enfermedad te lo agradeceré, porque nadie parece entenderla y eso me ayuda.

-Entiende, POR FAVOR que, permanecer diez minutos de pie, no significa necesariamente que, en otras ocasiones, pueda estar veinte minutos o media hora más. Y si un día me las arreglé para estar de pie más de ese tiempo, no significa que otro día pueda hacerlo. Con muchas enfermedades, o estás paralítico o, puedes moverte o, sólo nombrar la enfermedad, ya hace que los demás la consideren y te ayuden. Con ésta resulta más confuso (Por favor, al párrafo anterior: “permanecer de pie” agrégale “estar sentado”, “andando”, “pensando”, “siendo sociable”, etc… Sirve para cualquier cosa. Esto es lo que la fibromialgia hace conmigo y tú no lo ves porque según dice mi médico, soy más fuerte que nadie.

-Entiende, POR FAVOR, que la fibromialgia, es variable y nunca visible y que es muy posible (para mí es muy común), que un día pueda dar largos paseos y al siguiente tenga problemas para llegar a la cocina. Pero por eso no pienses ni entiendas que SOY UNA INVÁLIDA, PORQUE ME DESTROZAS LA MORAL. Yo soy mucho más fuerte de lo que tú te imaginas. Y por favor, cuando me veas enferma y no disimule, no me ataques diciendo: ¡“Pero si lo hiciste otras veces…”! Si quieres que haga algo, pregúntame si puedo hacerlo. En ésta línea puede suceder que tenga que cancelar una cita en el último minuto, aunque siempre trataré de esforzarme para que nadie lo note. Si esto sucede no lo tomes como algo personal contra ti. Es que no estoy bien y tengo mucho dolor.

-Entiende, POR FAVOR, que “salir y hacer cosas”, no siempre me hace sentirme mejor aunque yo disimule y me esfuerce, y puede que frecuentemente, eso me empeore seriamente aunque no te lo diga. Decirme que haga ejercicio, que necesito adelgazar, o que salga a distraerme… a veces, aunque tú no lo veas ni lo sientas, puede frustrarme y hacerme llorar. Tan sólo te digo que si fuera capaz de hacer muchas más cosas, tú que me conoces ¿verdad que sabes que las haría? Estoy haciendo todo lo que mi médico me dice, hago mis ejercicios y cumplo la dieta (siempre que me es posible y mi estado anímico me lo permite) porque me esfuerzo por estar bien. Por eso, otra afirmación que me hiere mucho, es cuando me dices: “Lo que tienes que hacer es esforzarte más contigo misma…” Evidentemente la fibromialgia está relacionada directamente con los músculos y, puesto que éstos no se reparan del mismo modo que los tuyos, perjudica más que beneficia y puede dar lugar a que una actividad simple requiera días y semanas de recuperación. Así mismo la fibromialgia puede causar una depresión secundaria. (¿A ti no te deprimiría estar dolorido y exhausto durante años sin término? ¡¡¡MI MAL NO TIENE CURA!!! Aunque tampoco me dejará inhabilitada ni yo permitiré que eso suceda mientras tenga vida y fuerzas. Pues así me siento yo, porque aunque mi enfermedad no sea causada por la depresión, has de saber que éstas, van unidas.

-Entiende, POR FAVOR, que si digo que tengo que sentarme, tumbarme, tomar mis medicinas “ahora”, es que tengo que hacerlo “ahora”. No puede ser pospuesto u olvidado sólo porque esté fuera o por cualquier otra cosa. La fibromialgia no olvida. El dolor es fuerte pero seguro que tú, que crees conocerme muy bien, en muchas ocasiones, ni te darás cuenta porque yo me propuse no ser una víctima.

-Si quieres sugerirme un remedio, no lo hagas con exigencia. No es que no aprecie tu buena voluntad o que no quiera ponerme bien. Es que me lo han hecho otras personas y no me ha servido, yo conozco de sobra mi situación. Al principio lo intenté todo, pero luego, me di cuenta de que estaba gastando demasiada energía en cosas que me hacen sentirme más enferma en lugar de mejorar. Si hubiera algo que curase o simplemente ayudase, todos los que padecemos fibromialgia lo sabríamos. No se trata de que haya una conspiración de las compañías farmacéuticas. Es que hay una comunicación en todo el mundo (dentro y fuera de internet) entre la gente con ésta enfermedad y, si algo funcionase, lo sabríamos enseguida.

-A pesar de todo, si después de leer esto, todavía quieres sugerirme algún remedio, hazlo, aunque no esperes que me lance a intentarlo. Escucharé lo que me digas y lo discutiré con mi doctor. Y TE LO AGRADECERÉ MUCHÍSIMO, porque no sabes el bien que me hace que seas comprensivo/a conmigo y entiendas que soy fuerte pero también humana, por eso, si te parezco alguna vez agresiva, no me lo tomes en cuenta, trato de disimular a través de ese modo de disfrazar mi estado y que tú no percibas mi angustia.

-En muchos sentidos dependo de ti, de vosotros, los que no estáis enfermos como yo. Este mal mío no tiene cura. PERO ESO NO QUIERE DECIR QUE YO SOY UNA INUTIL Y NO PUEDO SER COMO EL RESTO DEL MUNDO. Por eso tengo que aprender a vivir con mis limitaciones, lo cual no es fácil y, necesito la atención y el cariño de aquellos que quiero y me quieren y, el hecho de que me visites cuando estoy demasiado mal para salir, cosa que se me nota aunque no lo comente, me sirve de mucha ayuda. Incluso a veces, necesito que me ayuden en la compra, en la cocina, en la limpieza, o en cargar pesos o, que alguien me acompañe a la visita del doctor o al fisioterapeuta.

-También te necesito en otro nivel: eres, sois, mi contacto con el exterior. Si no me visita nadie, quizás, muchas veces, no podré veros, y eso me duele porque la compañía y la comprensión me sirven de mucho y, en la medida de lo posible, necesito que me atiendas, como ahora, en que te doy las gracias por el tiempo que me has dedicado.

Esto lo escribo a petición de mi médico que me ha hecho ver que, aunque soy fuerte, no soy autosuficiente y me sirve de mucho tu comprensión. Aunque ya sabes: al menos de mí, no esperes que me deje vencer y me quede inútil, porque no va a ocurrir.

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jueves, 15 de noviembre de 2007

NOTICIAS SOBRE DOLOR CRÓNICO

Noticias sobre dolor crónico en general recibidas bien de Roberto Domínguez bien de las alertas Google:



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jueves, 20 de septiembre de 2007

RELATO DE UN DÍA CON DOLOR CRÓNICO (vivir con dolor)

¿QUÉ SIGNIFICA DOLOR CRÓNICO?

La expresión "vivir con dolor crónico" conlleva muchos matices o aclaraciones, de las cuales los que son ajenos a él suelen interrogarnos y dudar, con lo que no solo vivimos con el peso del dolor sino también con el estigma de la sospecha.

Primero de todo, la pregunta típica, si te cogen en un día bueno es: "no te duele ahora, ¿no?" Y uno se cansa de tener que repetir siempre la misma respuesta: me duele todo el tiempo, las 24 horas del día. No les cabe en la cabeza ésa perpetuidad. Entonces, uno pretende explicarle que el dolor crónico se llama de esa manera precisamente por éso y que tenemos unos días buenos, unos menos buenos, otros regulares, otros malos y otros horribles. Pero no te dejan terminar, porque o cambian de tema o se escabullen con cualquier excusa.

Esta ee la segunda sospecha o prejuicio, salen huyendo porque no quieren estar cerca de un enfermo. Y no un enfermo al uso, más bien uno que no le gusta trabajar y que todo es puro cuento y les parezcamos parásitos sociales -me han llegado a decir; ¿cuándo vas a dejar de vivir de nuestros impuestos?-.


El tercer prejuicio -juzgar sin conocer las circunstancias- es un poco más benévolo pero no por ello menos estigmatizante, pues suele venir de mádicos y parejas: "lo tuyo es psico-somático". Que es lo mismo que decir que es una ilusión del cerebro, puro cuento, pero con palabras bonitas.

Así que uno debe cambiar la estrategia social. ¿Cómo estás? -Muy bien, respondes-. ¿Y los dolores? -Ahí vamos: tirando- Y se acabó la conversación; para qué más.

Por último nadie entiende que se den días y semanas o meses que el dolor no te permite más que estar en cama y que te moleste hablar o que te hablen o suene el teléfono.

Así que nos vamos recluyendo en el silencio ante el sentimiento de incomprensión y alienación, de soledad.
Pero el dolor crónico existe y algunos médicos se dedican a ello, dentro de un sistema en el que todo los prejuicios anteriores se cumplen en muchísimos casos. Y no veo qué dificultad existe en comprender algo tan sencillo como que el dolor es una presencia dolosa constante y con periodos de mayor o menor intensidad, causado por algún problema derivado casi siempre del sistema nervioso o musculoesquelético, Aunque no se lo imaginan hasta que un día lo sufren o lo sufre algunos de sus allegados; y no es tan difícil: sólo se deben imaginar un dolor de muelas que no desapareciera.


LOS PEQUEÑOS DETALLES

Un paciente de dolor crónico se levanta a una hora normal y se desayuna como todo el mundo, aunque con unas cuantas píldoras. Como cualquier persona, se asea, aunque este acto -y dependiendo del tipo de dolor y ubicación- puede ser ya de por sí foco de incremento del dolor: refiriéndome a mi caso, no puedo inclinarme hacia el lavabo -o lavamanos-, ni para enjabonarme, ni para afeitarme ni para limpiarme los dientes; las tazas sanitarias son muy bajitas y distribuyen la fuerza justo sobre los dos costados de la cadera; para entrar en la bañera (porque salvo en los mini pisios, no suelen existir las duchas-plato) se precisa de un escalón y en el interior se utiliza un cepillo telescópico -y se tiene presente el miedo a darse un resbalón y empeorar o caerse y no poder levantarse.

Para vestirse, debemos utilizar un práctico artilugio diseñado para colocarse los calcetines sin forzar la espalda.; para cortarse las uñas de los pies hace falta otro instrumento que lo realice a distancia; para calzarme los zapatos utilizo un calzador extra-largo; y si se te cae al suelo un objeto se utiliza un brazo con una mano en forma de pinza móvil que se acciona desde un mango y un gatillo similares a una escopeta de arpone, si es algo situado en alto también sirve el brazo y se utiliza el escalón para aumentar las posibilidades de altura.

Para las tareas de la casa no deberíamos ni fregar la vajilla ni barrer y limpiar el suelo; tampoco planchar a no ser que se utilice un escalón un rato en una pierna y otro periodo en la opuesta. Y digo debería porque a veces no tenemos otro remedio, aunque sepamos lo que acarreará. Y, por supuesto, no podemos hacer esfuerzos de carga o deportivos -excepto la natación y caminar.

Si se permanece un tiempo sentado comienza a doler más; si estamos de pie durante bastantes minutos nos duele también más: el único sitio que alivia es el lecho, en el cual las piernas deben formar un ángulo recto, con una almohada entre las rodillas en la posición de cúbito supino
- de lado- y boca arriba con almohadones debajo de las rodillas para intentar lograr esa amplitud de ángulo y que las piernas descansen. Nunca se deberá dormir en la postura de boca abajo.

El que pueda conducir o manejar un automóvil, éste debe ser automático. Para colmo, con los cócteles de fármacos te sientes como en una nube o aturdido y te das cuenta de que puedes ser peligroso y que sería un problema si un policía de tráfico decidiera hacernos un análisis de sustancias estupefacientes.

Los cócteles se componen de analgésicos opiáceos, más anti-inflamatorios, anti-espasmódicos, relajantes musculares, ansiolíticos, somníferos y antidepresivos. Sí, antidepresivos porque la mayoría por la alineación, la soledad, la incomprensión del prójimo -incluidas parejas, incluidas separaciones-, la desesperación por la permanencia del dolor y la desmoralización de ver y sentir que no te dan soluciones definitivas y totales y de que no sirves para casi nada –o que no puedes hacer lo que hacías o no poder llevar acabo lo que te planteas pues estás sujet@ a que el dolor te cambie los planes o el simple hecho de tener que depender de otros-, suele provocar bastantes sucesos depresivos -de alta intensidad y con recurrencia, en ocasiones e incluso hacia pensamientos suicidas. Así que el día se pasa medio ido, medio dormido.

Y por último, estamos obligados a vivir con los efectos secundarios combinados de los componentes: mareos, nauseas, aturdimiento, pérdida de memoria del corto plazo, somnolencia, diarrea o estreñimiento, dificultad para orinar, sequedad de boca, ataques de calor -que son de cintura para arriba, que los miembros inferiores y zona lumbar y nalgas permanecen todo el día gélidos-, pequeñas alucinaciones, sentimiento de no controlar al 100 % los movimientos, con el consiguiente temor a caminar o ducharse o conducir solos, pérdida de apetito, inapetencia o disfunciones sexuales…


<UN DÍA TRAS OTRO

Los días buenos intentamos hacer una vida normal –por nosotros y por nuestro entorno- pero los días malos no somos más que un bulto sobre una cama, con muchas noches sin dormir –estás medio dormido pero no puedes dormir dos horas seguidas-. En mi caso, los días malos llegaron a ser más que los buenos y recurrí a un especialista de una unidad del dolor. Y ahora, con la medicación nueva, a la espera de que me implanten un sistema de neuromodulación, el dolor está más controlado pero a cambio soy presa de todos los efectos descritos antes: es decir, duele menos pero estás drogado y aún así tampoco libre de las crisis de dolor desesperante.
Y todo lo descrito, día tras día, mes tras mes año tras año. Se convierte en el centro de la existencia y luchas contra él y quieres superarlo u olvidarlo y, cuando te crees que lo has logrado, ataca con más fuerza y te vienes abajo. Te molesta y molesta y molestas a quien vive a tu lado. Se te agria el carácter –aunque, con el tiempo, aprendes a ser más paciente, menos quejoso, pasar más desapercibido y a ponerte en el lugar del otro- o te enfrentas a la enfermedad y la rechazas y no te tomas medicina alguna o haces una vida normal como sino existiera o te encierras en una habitación deseando desaparecer o dormir y despertar de la pesadilla. Y nadie más que tu cerebro sabe lo que sufres, la desesperación que te corroe.
Y ves como los que te rodean sufren y tienen que cargar contigo sin venir a cuento, sin haber soñado una vida así –y como he dicho, incluso no lo soportan más y se produce la separación, lo cual a uno le ayuda bien poco, pero no podemos cambiar la vida-. Y ves como pierdes las relaciones sociales y poco a poco se van olvidando de ti, hasta que llega un día que no puedes contar con nadie o casi nadie: que todo se resume al dolor o tú.
Por fortuna, hoy en día tenemos internet y podemos, desde la cama, como escribo ahora, comunicarte con el mundo, con personas que sufren de forma similar a ti. Y se crea algo parecido a una hermandad, donde los unos a los otros nos ayudamos, porque hablamos el mismo idioma, porque sientes que juntos se puede mitigar el dolor.
A veces imagino cómo sería mi vida si no me hubiese atrapado y siento que la vida no tiene sentido. Sin embargo creo que me he convertido en mejor persona –puede que me equivoque- y que me conozco más que antes y que todavía puedo aportar algo a la vida y a mi vida. Tal vez esa sea -junto a la ciencia- la única esperanza.





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domingo, 16 de septiembre de 2007

¿SI LE DUELE LA ESPALDA, TRABAJE?: ENFERMEDAES MUSCULOESQUELÉTICAS, LA DEPRESIÓN Y EL MUNDO LABORAL

Sin los signos de interrogación esta frase es el título de un artículo de ElMundo.es/Salud, firmado por Isabel Espiño (Si le duele la espalda, trabaje) , la cual, por ese afán de los periodistas por lograr el gran titular, especulo, creo que desenfoca un poco el estudio en que está basado y sobre el cual pretende informar. Más aún, opino que el artículo en su conjunto está también bastante desenfocado.

Empecemos por el principio y extraigamos la frivolidades y los fuegos de artificio periodísticos para centrar el tema y darle algún sentido al mencionado estudio, el cual en sí no aporta nada nuevo.

La periodista informa sobre un informe realizado por The Work Foundation (Fundación sobre el trabajo, se podría traducir), el cual, tras consultar a 15 especialistas de salud laboral respecto de cuatro enfermedades musculoesqueléticas (el dolor de espalda, la artritis, la espondilitis anquilosante (artritis de columna) y los problemas en las extremidades superiores, como codo de tenista o síndrome del túnel carpiano), descubre América: los efectos psicológicos de la inactividad por baja laboral pueden ser más perjudiciales psra la evolución de la dolencia que buscar fórmulas para poder ayudar a la recuperación mediante la conjunción del trabajo con la dolencia.

La periodista lo que ha hecho es resumir una nota de prensa de dicha fundación (Work is ‘cure as well as cause’ of major workplace illnesses), pero o no se ajusta al contenido o no ha sabido captar la idea; digamos que ha salido del paso con un titular llamativo distinto al inglés.

No informa respecto la naturaleza de la fundación (theworkfundation.com), no situa el informe -el mercado laboral de Reino Unido- porque no creo que haya leído sus 70 páaginas (Fit for Work: Musculoskeletal Disorders and Labour Market Participation) ni indaga si, por ejemplo, en España la situación y los métodos son los mismos -que no lo son-, ni tampoco puntualiza, porque generaliza, que se trata principalmente de las bajas ocasionales y no de las de larga duración, si bien se trata de disminuir el porcentaje en que las primeras se conviertan en las segundas o incluso incapacitantes.

En España es norma aplicar las recomendaciones de dicho informe: compaginar la jornada laboral con sesiones de rehabilitación.

Tampoco razona siquiera su titular o porque se dice en la nota de prensa de la fundación la frase que resalta entre comillas. Es decir, el trabajo puede ser tanto causa como cura de una enfermedad, porque los efectos psicológicos de estar inactivo por mucho tiempo, así como las distorsiones que sobre esos efectos se producen en el ámbito familiar a nivel relacional y económico, causan que la enfermedad se agrave.

En este punto el sistema español, como en casi todos, también adolece de no atender al paciente, trabajador o no, como debiera. La periodista sólo tenía que haberse leído, además del informe y de lo mencionadio arriba) un artículo de su mismo periódico y sección, sobre los resultados de un estudio de la OMS respecto a la depresión y otras disfunciones psicológicas, su tratamiento y su relación con las enfermedades de naturaleza física (La depresión deteriora más la salud que el asma o la diabetes), que también se contrastan en la tesis enlazada en EL FARO DEL DOLOR ESTUDIO DE LAS VARIABLES PSICOLÓGICAS EN LOS PACIENTES DE DOLOR CRÓNICO, de Penélope Infante Vargas. Probando todo ello que es necesaria la multidisciplinariedad para abordar las enfermedades que afectan a la calidad de vida de las personas.

Habría, por lo tanto, que exigirle a los periodistas, a las autoridades y a la sociedad en general que no se tome tan a la ligera determinadas informaciones sobre salud, más aún cuando se pueden estar haciendo un favor a sí mismos, ya que nadie está a salvo de caer en ese saco.




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sábado, 15 de septiembre de 2007

AMNESIA POR COMPASIÓN

AMNESIA POR COMPASIÓN


Me apetece dejar de pensar. Y, sin embargo pienso. No puedo dejar de pensar, es una enfermedad. Pero no existe un remedio resolutivo, como una aspirina. Porque el dolor crónico y la soledad que arrastra hace que se piense sin parar y ni los antidepresivos ni nada lo pueden detener.

La amnesia, controlada, podría ser una terapia excelente. O los efectos de un fármaco, el propranolol, con el que se logra ‘olvidar’ los recuerdos traumáticos –se utiliza, al parecer, originariamente para la hipertensión y la angina de pecho. Eso dice un grupo de científicos que lo han comprobado, después de que otro lo advirtiese primero. Cuando se refieren a recuerdos traumáticos se mencionan accidentes, violaciones, muertes repentinas de familiares…

Se debe suministrar poco después del hecho y, en sí no elimina el recuerdo, sino la carga emocional que conlleva, la cual es la que produce los pensamientos negativos o temores. El recuerdo traumático se consolida por la producción de hormonas como la cortisona o la adrenalina. Si se rompe o reduce ese proceso bioquímico, se reduce el impacto sobre el cerebro.

Somos bioquímica y electricidad, nuestra vida una ilusión de impulsos entre neuronas, por ello, jamás sabremos dónde termina la realidad y empieza lo imaginado.

Podría servir también el propranolol para no sufrir ante una ruptura amorosa, para no tener mala conciencia, para lo bueno y lo malo, pues también podría ser suministrado a los soldados en periodos de guerra –sin o con su conocimiento poco importa- o tomado por psicópatas tras un asesinato o violación sin sufrir remordimientos o administrarlo a la víctima.

Me ha llevado todo esto a pensar que otros compuestos utilizados para el tratamiento de la hipertensión podrían tener efectos similares aunque en menor medida. Si se toma ramipril –un compuesto bastante utilizado para ello- se pueden producir, según he investigado, los siguientes efectos secundarios:

(…) mareos (a veces acompañados de dificultades para concentrarse), disminución de la capacidad de reacción, fatiga, debilidad e inestabilidad. Si la reducción de la presión arterial es excesiva, pueden aparecer taquicardia, palpitaciones, trastornos de la adaptación al ortostatismo, arritmias cardíacas, náuseas, sudoración, acúfenos, trastornos auditivos, trastornos visuales, cefalea, ansiedad, entorpecimiento y somnolencia, pudiendo ocurrir pérdida del conocimiento. Trastornos del equilibrio, cefalea, nerviosismo, inquietud, temblor, trastornos del sueño, confusión, pérdida del apetito, depresión, ansiedad, parestesias, alteración del sentido del gusto, reducción e incluso pérdida del mismo, calambres musculares, impotencia y reducción de la libido. También pueden aparecer vasculitis, mialgia, artralgia, fiebre y eosinofilia.

Como el amor, el cariño, los sentimientos de cualquier naturaleza son consecuencia de un proceso bioquímico, cualquier alteración producida por uno de los efectos secundarios de los aquí señalados –en especial los amnésicos- sería capaz de variar la percepción de las cosas. No sólo eso sino que, si también se ha tomado o toma otras medicaciones para la ansiedad, la depresión –éstos también suelen ir acompañados de efectos amnésicos-, un poco para el colesterol, no se duerme bien por las noches…, y si lo sumamos al estado de cada uno, a los problemas externos, a las alteraciones hormonales en las mujeres por menstruación o por su ausencia, a la inestabilidad emocional y falta de madurez de los hombres, a los efectos de la medicación y el dolor sobre el carácter y el prójimo, se podrían explicar las reacciones previstas e imprevistas de desamor, los olvidos y desinterés por las cosas y la falta absoluta de piedad o remordimiento al causar daño, la frialdad e insensibilidad de este mundo.

Sólo hago que buscarle explicaciones a la vida, a intentar comprender y abarcar qué parte de los hechos que me acontecen son debidos a mí –o a las personas- y cuáles a factores externos de la propia naturaleza, en tanto me resisto a considerar la existencia determinante del azar. Analizo qué sucedió o pensé y sentí cuando fui yo el que hice daño deliberadamente o el que concluyó una relación o por qué omití a alguien y tampoco doy con la clave de cuándo se rompe esa ligazón entre las personas, donde y en que momento se cruza una línea. Puede que sea un proceso acumulativo de circunstancias interpretadas de una manera negativa, pero tiene que existir un punto sin retorno –incluso interesa saber si con el tiempo puede ser reversible-, un día y una minuto y segundos concretos donde se invierta o modifique la transmisión de impulsos y produzca alteraciones en la producción o captación de los efectos de recompensa o placer del cerebro.

También barajo la teoría de que algunos antidepresivos y ansiolíticos parecer ser que lo que justamente provocan es la reducción del peso de los instintos –la intuición, el deseo, la ira, el miedo- y potencie, por consiguiente, la parte intelectual, la de la fría razón, siendo tan malos la disminución como el exceso. Los expertos no conocen por qué se dan determinadas reacciones –aunque sí que se dan, por pura observación experimental- ni las dosis concretas que precisa cada persona –por ejemplo, en la captación de serotonina o corticoides u opiáceos. Así, es posible que se haya producido esa descompensación en la mayoría de los occidentales adultos, debida principalmente a los antidepresivos, en combinación con el resto de compuestos químicos –también dicen que las personas depresivas lo son por una predisposición genética.

Si diera con la fórmula sería millonario. Empero, ¿cómo se logra, por ejemplo, recomponer el estado anterior de amor o cariño o necesidad del otro, de satisfacción cerebral? Cualquiera se atreve a intentar convencer a otro de lo contrario cuando ya ha decidido algo –eso dicen los psicólogos y los gurús del marketing. Lo que me lleva a pensar que todo estaría abocado al fracaso.

¿Será que la locura –toda aquella que no sea genética- viene de no aceptar que la vida no es explicable en casi nada? Si me diera igual todo –regresamos, por tanto, al inicio de la reflexión-, si se pudiera regular la carga emocional de los recuerdos y pensamientos, no existiría tampoco la locura –o sí, si buscara otros orígenes.

¿Pensar más allá de lo razonable y no poder desconectar ni con cócteles de fármacos ni durante el sueño, buscando un indicio, una pista, un camino nuevo, una nueva fórmula o estrategia para conseguir sobreponerse y vencer a la realidad, se denominaría locura? Yo diría que se debe a un trauma y el dolor y el desamor lo son, por lo que se debería empezar a plantear que el propranolol no se utilice exclusivamente para casos más visibles o para mantener la efectividad asesina de la tropa.

Es decir, yo, por ejemplo, necesito urgentemente y para toda la vida propranolol. Pero moderadamente, que no quiero acabar siendo un psicópata o un aguerrido militar o un vegetal sin escrúpulos. El dolor se puede medio borrar mediante la medicación pero no del cerebro, de lo que ha arrastrado y se ha llevado y no regresa, y ahí el amor desmembrado lo ocupa todo. Duele el alma tanto como el cuerpo. Y ese es el trauma: la percepción psíquica, la carga emocional del recuerdo no desaparece y la vida sigue caminando hacia el sinsentido.

Necesito propranolol para recordar sin dolor, para volver a vivir. O a intentarlo. Propranolol… o que algunas cosas volvieran a ser como antes.


Vease el artículo: Los recuerdos traumáticos pueden olvidarse con medicamentos.





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