Un punto de encuentro para aquellos que sufren cualquier forma de dolor crónico en su propio cuerpo y para quienes lo sufren como pareja, familiares, amigos o personal médico y sanitario. Un lugar abierto a quien desee exponer su caso o estudios o consultar sus dudas o realizar encuestas específicas o desahogarse… cómo y cuándo se quiera.

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lunes, 20 de septiembre de 2010

VIVIR CON DOLOR: RELATO DE UN DIA CON DOLOR CRÓNICO

Buscando en Google artículos sobre "dolor crónico y soledad", el primero que hallamos de la búsqueda era uno de facebook, de un foro de un grupo de nombre QUÉ NO TE DUELE; se titulaba “¿Qué significa dolor crónico” y resultó que leyendo -desde el título algo sonaba a familiar- de que el artículo es... ¡un post de EL FARO DEL DOLOR de título “Relato de un Día con Dolor Crónico”!  Lo que señor de Puerto Rico usó como título era el que daba entrada al primer apartado del artículo. Pero además, no se mencionaba de dónde procedía ni siquiera enlazaba con la web.

Tras varios mensajes y, en tanto no se inclinó por rectificar el 'error', tal como le ofrecimos, le dimos un tiempo prudencial para que eliminara el artículo o sería denunciado ante la dirección de Facebook por no respetar los derechos de autor. Al cabo, lo que ocurrió fue que en vez de eliminar el artículo, eliminaron el grupo -por otra parte inactivo desde 2008.

Este hecho nos ha llevado -además de para hacer justicia contra el plagio y que en Google redireccione al origen legítimo y genuino- a retomar este testimonio de los comienzos de El Faro Del Dolor, porque merece la pena recordar cómo es el día a día de un enfermo de dolor crónico, cómo es vivir con dolor crónico y qué significa el dolor crónico para quien lo sufre -la incomprensión, la soledad, el aislamiento social, los problemas psicológicos, el sentimiento de culpa, los problemas económicos, etc.




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Dolor crónico por problemas de espalda o columna, fibromialgia, esclerosis múltiple, artritis, artrosis, migrañas, oncológicos. etc; así como los problemas vitales y psicológicos que sufre el paciente y sus cuidadores. Si deseas colaborar contando tu experiencia, publicando un artículo, realizar una consulta, sugerir un enlace, proponer una encuesta o cualquier otro tipo de participación, solo tienes que intentarlo. Somos muchos y no estamos locos.
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jueves, 20 de septiembre de 2007

RELATO DE UN DÍA CON DOLOR CRÓNICO (vivir con dolor)

¿QUÉ SIGNIFICA DOLOR CRÓNICO?

La expresión "vivir con dolor crónico" conlleva muchos matices o aclaraciones, de las cuales los que son ajenos a él suelen interrogarnos y dudar, con lo que no solo vivimos con el peso del dolor sino también con el estigma de la sospecha.

Primero de todo, la pregunta típica, si te cogen en un día bueno es: "no te duele ahora, ¿no?" Y uno se cansa de tener que repetir siempre la misma respuesta: me duele todo el tiempo, las 24 horas del día. No les cabe en la cabeza ésa perpetuidad. Entonces, uno pretende explicarle que el dolor crónico se llama de esa manera precisamente por éso y que tenemos unos días buenos, unos menos buenos, otros regulares, otros malos y otros horribles. Pero no te dejan terminar, porque o cambian de tema o se escabullen con cualquier excusa.

Esta ee la segunda sospecha o prejuicio, salen huyendo porque no quieren estar cerca de un enfermo. Y no un enfermo al uso, más bien uno que no le gusta trabajar y que todo es puro cuento y les parezcamos parásitos sociales -me han llegado a decir; ¿cuándo vas a dejar de vivir de nuestros impuestos?-.


El tercer prejuicio -juzgar sin conocer las circunstancias- es un poco más benévolo pero no por ello menos estigmatizante, pues suele venir de mádicos y parejas: "lo tuyo es psico-somático". Que es lo mismo que decir que es una ilusión del cerebro, puro cuento, pero con palabras bonitas.

Así que uno debe cambiar la estrategia social. ¿Cómo estás? -Muy bien, respondes-. ¿Y los dolores? -Ahí vamos: tirando- Y se acabó la conversación; para qué más.

Por último nadie entiende que se den días y semanas o meses que el dolor no te permite más que estar en cama y que te moleste hablar o que te hablen o suene el teléfono.

Así que nos vamos recluyendo en el silencio ante el sentimiento de incomprensión y alienación, de soledad.
Pero el dolor crónico existe y algunos médicos se dedican a ello, dentro de un sistema en el que todo los prejuicios anteriores se cumplen en muchísimos casos. Y no veo qué dificultad existe en comprender algo tan sencillo como que el dolor es una presencia dolosa constante y con periodos de mayor o menor intensidad, causado por algún problema derivado casi siempre del sistema nervioso o musculoesquelético, Aunque no se lo imaginan hasta que un día lo sufren o lo sufre algunos de sus allegados; y no es tan difícil: sólo se deben imaginar un dolor de muelas que no desapareciera.


LOS PEQUEÑOS DETALLES

Un paciente de dolor crónico se levanta a una hora normal y se desayuna como todo el mundo, aunque con unas cuantas píldoras. Como cualquier persona, se asea, aunque este acto -y dependiendo del tipo de dolor y ubicación- puede ser ya de por sí foco de incremento del dolor: refiriéndome a mi caso, no puedo inclinarme hacia el lavabo -o lavamanos-, ni para enjabonarme, ni para afeitarme ni para limpiarme los dientes; las tazas sanitarias son muy bajitas y distribuyen la fuerza justo sobre los dos costados de la cadera; para entrar en la bañera (porque salvo en los mini pisios, no suelen existir las duchas-plato) se precisa de un escalón y en el interior se utiliza un cepillo telescópico -y se tiene presente el miedo a darse un resbalón y empeorar o caerse y no poder levantarse.

Para vestirse, debemos utilizar un práctico artilugio diseñado para colocarse los calcetines sin forzar la espalda.; para cortarse las uñas de los pies hace falta otro instrumento que lo realice a distancia; para calzarme los zapatos utilizo un calzador extra-largo; y si se te cae al suelo un objeto se utiliza un brazo con una mano en forma de pinza móvil que se acciona desde un mango y un gatillo similares a una escopeta de arpone, si es algo situado en alto también sirve el brazo y se utiliza el escalón para aumentar las posibilidades de altura.

Para las tareas de la casa no deberíamos ni fregar la vajilla ni barrer y limpiar el suelo; tampoco planchar a no ser que se utilice un escalón un rato en una pierna y otro periodo en la opuesta. Y digo debería porque a veces no tenemos otro remedio, aunque sepamos lo que acarreará. Y, por supuesto, no podemos hacer esfuerzos de carga o deportivos -excepto la natación y caminar.

Si se permanece un tiempo sentado comienza a doler más; si estamos de pie durante bastantes minutos nos duele también más: el único sitio que alivia es el lecho, en el cual las piernas deben formar un ángulo recto, con una almohada entre las rodillas en la posición de cúbito supino
- de lado- y boca arriba con almohadones debajo de las rodillas para intentar lograr esa amplitud de ángulo y que las piernas descansen. Nunca se deberá dormir en la postura de boca abajo.

El que pueda conducir o manejar un automóvil, éste debe ser automático. Para colmo, con los cócteles de fármacos te sientes como en una nube o aturdido y te das cuenta de que puedes ser peligroso y que sería un problema si un policía de tráfico decidiera hacernos un análisis de sustancias estupefacientes.

Los cócteles se componen de analgésicos opiáceos, más anti-inflamatorios, anti-espasmódicos, relajantes musculares, ansiolíticos, somníferos y antidepresivos. Sí, antidepresivos porque la mayoría por la alineación, la soledad, la incomprensión del prójimo -incluidas parejas, incluidas separaciones-, la desesperación por la permanencia del dolor y la desmoralización de ver y sentir que no te dan soluciones definitivas y totales y de que no sirves para casi nada –o que no puedes hacer lo que hacías o no poder llevar acabo lo que te planteas pues estás sujet@ a que el dolor te cambie los planes o el simple hecho de tener que depender de otros-, suele provocar bastantes sucesos depresivos -de alta intensidad y con recurrencia, en ocasiones e incluso hacia pensamientos suicidas. Así que el día se pasa medio ido, medio dormido.

Y por último, estamos obligados a vivir con los efectos secundarios combinados de los componentes: mareos, nauseas, aturdimiento, pérdida de memoria del corto plazo, somnolencia, diarrea o estreñimiento, dificultad para orinar, sequedad de boca, ataques de calor -que son de cintura para arriba, que los miembros inferiores y zona lumbar y nalgas permanecen todo el día gélidos-, pequeñas alucinaciones, sentimiento de no controlar al 100 % los movimientos, con el consiguiente temor a caminar o ducharse o conducir solos, pérdida de apetito, inapetencia o disfunciones sexuales…


<UN DÍA TRAS OTRO

Los días buenos intentamos hacer una vida normal –por nosotros y por nuestro entorno- pero los días malos no somos más que un bulto sobre una cama, con muchas noches sin dormir –estás medio dormido pero no puedes dormir dos horas seguidas-. En mi caso, los días malos llegaron a ser más que los buenos y recurrí a un especialista de una unidad del dolor. Y ahora, con la medicación nueva, a la espera de que me implanten un sistema de neuromodulación, el dolor está más controlado pero a cambio soy presa de todos los efectos descritos antes: es decir, duele menos pero estás drogado y aún así tampoco libre de las crisis de dolor desesperante.
Y todo lo descrito, día tras día, mes tras mes año tras año. Se convierte en el centro de la existencia y luchas contra él y quieres superarlo u olvidarlo y, cuando te crees que lo has logrado, ataca con más fuerza y te vienes abajo. Te molesta y molesta y molestas a quien vive a tu lado. Se te agria el carácter –aunque, con el tiempo, aprendes a ser más paciente, menos quejoso, pasar más desapercibido y a ponerte en el lugar del otro- o te enfrentas a la enfermedad y la rechazas y no te tomas medicina alguna o haces una vida normal como sino existiera o te encierras en una habitación deseando desaparecer o dormir y despertar de la pesadilla. Y nadie más que tu cerebro sabe lo que sufres, la desesperación que te corroe.
Y ves como los que te rodean sufren y tienen que cargar contigo sin venir a cuento, sin haber soñado una vida así –y como he dicho, incluso no lo soportan más y se produce la separación, lo cual a uno le ayuda bien poco, pero no podemos cambiar la vida-. Y ves como pierdes las relaciones sociales y poco a poco se van olvidando de ti, hasta que llega un día que no puedes contar con nadie o casi nadie: que todo se resume al dolor o tú.
Por fortuna, hoy en día tenemos internet y podemos, desde la cama, como escribo ahora, comunicarte con el mundo, con personas que sufren de forma similar a ti. Y se crea algo parecido a una hermandad, donde los unos a los otros nos ayudamos, porque hablamos el mismo idioma, porque sientes que juntos se puede mitigar el dolor.
A veces imagino cómo sería mi vida si no me hubiese atrapado y siento que la vida no tiene sentido. Sin embargo creo que me he convertido en mejor persona –puede que me equivoque- y que me conozco más que antes y que todavía puedo aportar algo a la vida y a mi vida. Tal vez esa sea -junto a la ciencia- la única esperanza.





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sábado, 15 de septiembre de 2007

AMNESIA POR COMPASIÓN

AMNESIA POR COMPASIÓN


Me apetece dejar de pensar. Y, sin embargo pienso. No puedo dejar de pensar, es una enfermedad. Pero no existe un remedio resolutivo, como una aspirina. Porque el dolor crónico y la soledad que arrastra hace que se piense sin parar y ni los antidepresivos ni nada lo pueden detener.

La amnesia, controlada, podría ser una terapia excelente. O los efectos de un fármaco, el propranolol, con el que se logra ‘olvidar’ los recuerdos traumáticos –se utiliza, al parecer, originariamente para la hipertensión y la angina de pecho. Eso dice un grupo de científicos que lo han comprobado, después de que otro lo advirtiese primero. Cuando se refieren a recuerdos traumáticos se mencionan accidentes, violaciones, muertes repentinas de familiares…

Se debe suministrar poco después del hecho y, en sí no elimina el recuerdo, sino la carga emocional que conlleva, la cual es la que produce los pensamientos negativos o temores. El recuerdo traumático se consolida por la producción de hormonas como la cortisona o la adrenalina. Si se rompe o reduce ese proceso bioquímico, se reduce el impacto sobre el cerebro.

Somos bioquímica y electricidad, nuestra vida una ilusión de impulsos entre neuronas, por ello, jamás sabremos dónde termina la realidad y empieza lo imaginado.

Podría servir también el propranolol para no sufrir ante una ruptura amorosa, para no tener mala conciencia, para lo bueno y lo malo, pues también podría ser suministrado a los soldados en periodos de guerra –sin o con su conocimiento poco importa- o tomado por psicópatas tras un asesinato o violación sin sufrir remordimientos o administrarlo a la víctima.

Me ha llevado todo esto a pensar que otros compuestos utilizados para el tratamiento de la hipertensión podrían tener efectos similares aunque en menor medida. Si se toma ramipril –un compuesto bastante utilizado para ello- se pueden producir, según he investigado, los siguientes efectos secundarios:

(…) mareos (a veces acompañados de dificultades para concentrarse), disminución de la capacidad de reacción, fatiga, debilidad e inestabilidad. Si la reducción de la presión arterial es excesiva, pueden aparecer taquicardia, palpitaciones, trastornos de la adaptación al ortostatismo, arritmias cardíacas, náuseas, sudoración, acúfenos, trastornos auditivos, trastornos visuales, cefalea, ansiedad, entorpecimiento y somnolencia, pudiendo ocurrir pérdida del conocimiento. Trastornos del equilibrio, cefalea, nerviosismo, inquietud, temblor, trastornos del sueño, confusión, pérdida del apetito, depresión, ansiedad, parestesias, alteración del sentido del gusto, reducción e incluso pérdida del mismo, calambres musculares, impotencia y reducción de la libido. También pueden aparecer vasculitis, mialgia, artralgia, fiebre y eosinofilia.

Como el amor, el cariño, los sentimientos de cualquier naturaleza son consecuencia de un proceso bioquímico, cualquier alteración producida por uno de los efectos secundarios de los aquí señalados –en especial los amnésicos- sería capaz de variar la percepción de las cosas. No sólo eso sino que, si también se ha tomado o toma otras medicaciones para la ansiedad, la depresión –éstos también suelen ir acompañados de efectos amnésicos-, un poco para el colesterol, no se duerme bien por las noches…, y si lo sumamos al estado de cada uno, a los problemas externos, a las alteraciones hormonales en las mujeres por menstruación o por su ausencia, a la inestabilidad emocional y falta de madurez de los hombres, a los efectos de la medicación y el dolor sobre el carácter y el prójimo, se podrían explicar las reacciones previstas e imprevistas de desamor, los olvidos y desinterés por las cosas y la falta absoluta de piedad o remordimiento al causar daño, la frialdad e insensibilidad de este mundo.

Sólo hago que buscarle explicaciones a la vida, a intentar comprender y abarcar qué parte de los hechos que me acontecen son debidos a mí –o a las personas- y cuáles a factores externos de la propia naturaleza, en tanto me resisto a considerar la existencia determinante del azar. Analizo qué sucedió o pensé y sentí cuando fui yo el que hice daño deliberadamente o el que concluyó una relación o por qué omití a alguien y tampoco doy con la clave de cuándo se rompe esa ligazón entre las personas, donde y en que momento se cruza una línea. Puede que sea un proceso acumulativo de circunstancias interpretadas de una manera negativa, pero tiene que existir un punto sin retorno –incluso interesa saber si con el tiempo puede ser reversible-, un día y una minuto y segundos concretos donde se invierta o modifique la transmisión de impulsos y produzca alteraciones en la producción o captación de los efectos de recompensa o placer del cerebro.

También barajo la teoría de que algunos antidepresivos y ansiolíticos parecer ser que lo que justamente provocan es la reducción del peso de los instintos –la intuición, el deseo, la ira, el miedo- y potencie, por consiguiente, la parte intelectual, la de la fría razón, siendo tan malos la disminución como el exceso. Los expertos no conocen por qué se dan determinadas reacciones –aunque sí que se dan, por pura observación experimental- ni las dosis concretas que precisa cada persona –por ejemplo, en la captación de serotonina o corticoides u opiáceos. Así, es posible que se haya producido esa descompensación en la mayoría de los occidentales adultos, debida principalmente a los antidepresivos, en combinación con el resto de compuestos químicos –también dicen que las personas depresivas lo son por una predisposición genética.

Si diera con la fórmula sería millonario. Empero, ¿cómo se logra, por ejemplo, recomponer el estado anterior de amor o cariño o necesidad del otro, de satisfacción cerebral? Cualquiera se atreve a intentar convencer a otro de lo contrario cuando ya ha decidido algo –eso dicen los psicólogos y los gurús del marketing. Lo que me lleva a pensar que todo estaría abocado al fracaso.

¿Será que la locura –toda aquella que no sea genética- viene de no aceptar que la vida no es explicable en casi nada? Si me diera igual todo –regresamos, por tanto, al inicio de la reflexión-, si se pudiera regular la carga emocional de los recuerdos y pensamientos, no existiría tampoco la locura –o sí, si buscara otros orígenes.

¿Pensar más allá de lo razonable y no poder desconectar ni con cócteles de fármacos ni durante el sueño, buscando un indicio, una pista, un camino nuevo, una nueva fórmula o estrategia para conseguir sobreponerse y vencer a la realidad, se denominaría locura? Yo diría que se debe a un trauma y el dolor y el desamor lo son, por lo que se debería empezar a plantear que el propranolol no se utilice exclusivamente para casos más visibles o para mantener la efectividad asesina de la tropa.

Es decir, yo, por ejemplo, necesito urgentemente y para toda la vida propranolol. Pero moderadamente, que no quiero acabar siendo un psicópata o un aguerrido militar o un vegetal sin escrúpulos. El dolor se puede medio borrar mediante la medicación pero no del cerebro, de lo que ha arrastrado y se ha llevado y no regresa, y ahí el amor desmembrado lo ocupa todo. Duele el alma tanto como el cuerpo. Y ese es el trauma: la percepción psíquica, la carga emocional del recuerdo no desaparece y la vida sigue caminando hacia el sinsentido.

Necesito propranolol para recordar sin dolor, para volver a vivir. O a intentarlo. Propranolol… o que algunas cosas volvieran a ser como antes.


Vease el artículo: Los recuerdos traumáticos pueden olvidarse con medicamentos.





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