Un punto de encuentro para aquellos que sufren cualquier forma de dolor crónico en su propio cuerpo y para quienes lo sufren como pareja, familiares, amigos o personal médico y sanitario. Un lugar abierto a quien desee exponer su caso o estudios o consultar sus dudas o realizar encuestas específicas o desahogarse… cómo y cuándo se quiera.

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lunes, 16 de junio de 2008

CUIDADORES INFORMALES

Interesante artículo de AZprensa.com. Mi pareja me abandonó y suele ser estadísticamente bastante habitual. Creo que si hubiese sido al revés hubiera seguido a su lado pero tampoco puedo poner la mano en el fuego.

La realidad es que las hijas cuidan de las madres o los padres y las parejas de sus compañeros cuando la enfermedad llega más temprano.

Tal vez todo sea una equivocación de conceptos pues el enfermo, salvo el que se torna infantil y necesita atraer toda la atención, precisa más de comprensión que de presencia y ayuda física. Y muchos cuidadores se centran más en este punto y acaban quemándose y creando una espiral.

Nadie busca la enfermedad, pero cuando llega probablemente se sepa si era verdadero amor o no.


El 93% de los cuidadores informales de las personas dependientes tienen una baja calidad de vida


Entre un 15 y un 23% de las mujeres entre 45 y 60 años cuidan de una persona dependiente, siendo los porcentajes en el caso de los hombres de entre el 5 y el 7%

Madrid, 13 de junio de 2008.- (AZprensa.com).-

En las próximas décadas, uno de los temas que más preocupará a la población general, por sus consecuencias sociales y económicas, será el proceso de envejecimiento demográfico que van a experimentar los países desarrollados. En este sentido, a los debates ya clásicos sobre la sostenibilidad futura de los sistemas públicos de pensiones y atención sanitaria, se ha sumado más recientemente la discusión en torno a cómo proveer y financiar la atención que necesitan aquellas personas mayores que no pueden valerse por si mismas.

En los últimos años, siguiendo el ejemplo de los países escandinavos, que contaban desde hacía tiempo con sistemas públicos de atención a la dependencia de amplia cobertura, nuestro país ha optado por universalizar los servicios sociales de atención a la dependencia. Con la aprobación a finales de 2006 de la denominada Ley de Dependencia, se han sentado las bases para el desarrollo de un nuevo Sistema de Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) que se prevé esté totalmente implantado en el año 2015.

Teniendo en cuenta todos estos elementos, la Fundación AstraZeneca, junto con la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), presentan el libro: “Aspectos Económicos de la Dependencia y el Cuidado Informal en España”, escrito por el Dr. Sergi Jiménez-Martín (coordinador), y los investigadores David Casado, Pilar García Gómez, Natalia Jorgensen, Angel López, Santiago Massons, Juan Oliva, Rubén Osuna y Cristina Vilaplana.

La presente monografía “pretende ser un paso al frente, una reflexión motivada, en el análisis de aspectos claves de la dependencia y de los cuidados informales: la elección del tipo de apoyo, las consecuencias de la carga sobre los cuidadores, los costes de la carga, entre otros temas de relevancia”, explica el Dr. Jiménez-Martín.

Cambios en la asistencia al anciano español

El desarrollo en los próximos años del SAAD español va a suponer cambios importantes en el modo en que nuestra sociedad atienda las necesidades asistenciales de las personas dependientes. Además, la creación del sistema SAAD constituye avanzar hacia un modelo universal que nos aproxime a los sistemas de protección social del centro y norte de Europa.

Por otro lado, teniendo en cuenta que las mujeres representan la piedra angular del actual sistema de cuidados de los ancianos dependientes, “como pone de manifiesto que casi el 75% de los mismos tengan en el apoyo familiar su principal fuente de ayuda, es comprensible que se haya extendido la percepción de que las prestaciones del SAAD pueden constituir un poderoso instrumento de conciliación entre vida familiar y laborar”, señala el coordinador del libro.

Por último, desde el sector sanitario, existe la expectativa de que el SAAD puede contribuir a reducir las estancias hospitalarias innecesarias, motivadas por la actual falta de recursos sociales adecuados.

Principales conclusiones del libro

El contenido de este nuevo libro abarca los temas más relevantes en el cuidado informal del paciente dependiente y sus consecuencias económicas, reforzados por diversos datos extraídos de estudios de población.

En el caso del empleo y apoyo informal entre las mujeres, cabe destacar que entre un 15 y un 23% de las mujeres entre 45 y 60 años cuidan de una persona dependiente, siendo los porcentajes en el caso de los hombres de entre el 5 y el 7%. Estos resultados sugieren una serie de conclusiones: que las mujeres cuidadoras que modifican su comportamiento laboral son aquellas que cuidan de una persona con la que coresiden; que dichos efectos no se observan durante el primer año en que se empieza a cuidar; y que las mujeres que concluyen un episodio de cuidado tienen la misma probabilidad de trabajar que el resto de mujeres no cuidadoras de similares características.

El trabajo de cuidador es muy absorbente, ya que los cuidadores informales de personas dependientes mayores de 60 años suelen dedicar una media de 10 horas diarias a atender al enfermo, y el número medio de años de cuidado es de 6,5. Además, los cuidadores muestran un nivel de formación muy inferior al promedio, lo que condiciona el nivel de ingresos presentes que pueden obtener. Esta situación repercute en la calidad del cuidado de la persona en situación de dependencia, puesto que la probabilidad de recibir preparación específica para atender al enfermo aumenta con el nivel de estudios y en la calidad de vida futura del cuidador, ya que las futuras pensiones de jubilación guardan proporción con las rentas obtenidas durante la vida laboral.

Según datos procedentes de la Encuesta de Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud (EDDES) del Instituto Nacional de Estadística, tomando como referencia el año 2002 y aplicando como método de valoración el del coste de sustitución o reemplazo, se estima que los costes de los cuidados informales oscilan entre los 9.087,4 y los 14.100,3 millones de euros. Por tanto, los costes estimados de los cuidados informales representarían una cifra equivalente a entre el 23,9% y el 37,1% del gasto sanitario del Sistema Nacional de Salud español del año 2002 y entre el 1,25% y el 1,93% del Producto Interior Bruto del mismo año.

Calidad de vida de los cuidadores informales

Con el objeto de medir la calidad de vida de los cuidadores informales se ha elaborado un índice que revela que sólo el 7% de los cuidadores mantienen una calidad de vida alta, un 20% tienen calidad de vida media y un 72% han visto reducir considerablemente su estándar de calidad de vida.

La mitad de las personas dependientes sólo recibe apoyo de un cuidador informal, lo que repercute sobre la calidad de vida de este último. Las evidencias constatan que las mujeres padecen mayores síntomas de tensión y depresión que los hombres, cerca del 90% de las mujeres cuidadoras declara sentirse deprimida y físicamente agotada frente al 10% de los hombres cuidadores. Además, existe una clara correlación entre estado de salud y la calidad de vida ya que frente al 10,25% de los cuidadores con buena salud, que además disfrutan de calidad de vida alta, no existe ningún cuidador con mala salud y nivel alto de calidad de vida.


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domingo, 10 de febrero de 2008

CARTA DE DESPEDIDA

Mi amor:

No es verdad eso de ‘no hay mal que por bien no venga’. No al menos en mí, no lo creo en mí.

Sueño, despierto y dormido, cómo hubiese sido mi vida, nuestras vidas, sin mi perenne dolencia, sin ‘mi amigo Patán’. Porque tú me lo dices, porque no quieres compartirme y ansías vivir y no precisamente atados a una cama. Es lo justo.

La injusticia es la vida; y el dolor. El dolor, ese ladrón de esperanzas y de futuros. Hubiera preferido la muerte: morir de repente y dejándote mi amor y mi recuerdo. Pero el dolor se llevó el amor, los buenos recuerdos y la posibilidad de elegir o de ser libre.

Me convierte en esclavo de mis huesos y de la incapacidad de mi cerebro para colocar cada cosa en su sitio.

Tener que alejarme para no hacerte cómplice de mis sueños y liberarte de mis cadenas, para no ser un ridículo pretendiente y no terminar siéndote más repulsivo; o un mal recuerdo de lo que tu vida pudo haber sido y no fue, martilleándote cada día. Es lo justo.

La injusticia es no poder exigir una nueva vida o un nuevo cuerpo. No me basta soñar, ni esperar que en nuestras lágrimas se diluya, cual azucarillo, todo. La injusticia fue no dejarte libre cuando sabía o intuía que aún tenías tiempo de no sufrir, de no ser arrastrada por la marea de mi dolor y de mi cuerpo, de no ser engullida por mi dolor. La injusticia es la vida: y ésta no tiene remedio.

Y cada día decirse que el silencio podrá mitigarlo, que podrá llevarte un hilo irrompible de lo bueno que pudiera poseer mi amor por ti, para que, al menos, tú seas feliz. Es lo justo.

La injusticia es saber ambos, con toda certeza, que somos el uno para el otro, pero que un capricho de lo físico nunca nos permitirá serlo más.

Te amo. Y quiero que, como un manifiesto, para que no se olvide, el mundo entero sepa que siempre te amaré.



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miércoles, 5 de diciembre de 2007

SÍNDROME DEL CUIDADOR: Dolor crónico, una carga compartida

SÍNDROME DEL CUIDADOR: Dolor crónico, una carga compartida

Reproduzco un artículo del diario digital panameño PRENSA.COM el cual recomiendo personalmente porque puede ser de gran utilidad para pacientes, familiares y personal médico y sanitario. Por mi propia experiencia, afirmo que, probablemente, de haber recibido esta información mucho antes, la realidad hubiera sido muy distinta y se hubiera sobrellevado mejor el dolor en todas sus facetas.

Deseo que, al menos, tenga utilidad para quien todavía esta a tiempo.



Dolor crónico, una carga compartida


Martes | 27.11.2007


Por: Jane E. Brody

The New York Times News Service


LA PRENSA
A menudo, el dolor crónico es un problema familiar. probablemente sufrirán todas las personas con quienes viven y a quienes aman. La frustración, ansiedad, tensión nerCuando la gente experimenta dolor incesante,viosa y depresión que a menudo acompañan al dolor crónico también pueden afligir a familiares y amigos que sienten impotencia para brindar ayuda.

Los integrantes saludables de la familia a menudo están agotados a causa del trabajo excesivo tras asumir los deberes de la persona adolorida. Suelen tener poco tiempo y energía para amigos y otras diversiones, y quizás se angustien profundamente con respecto a cómo hacer que el presupuesto alcance, a medida que los gastos aumentan y los ingresos familiares se reducen.

Es fácil ver cómo los temperamentos pueden explotar a la más mínima provocación. La combinación de sufrimiento que no se alivia, por un lado, y la constante tensión nerviosa y fatiga sobre los otros, por la otra, puede ser sumamente volátil, incluso entre las parejas que más se quieren; además, sus pesadas responsabilidades a menudo se tornan incluso peores con una reducción en la intimidad.

“Los familiares muy rara vez son considerados por los médicos que atienden el dolor”, comentó Dennis C. Turk, investigador especializado en manejo del dolor por la Universidad de Washington, en Seattle. “No obstante, en un estudio, sí encontramos que los familiares estaban hasta cuatro veces más deprimidos que los pacientes”.

Con todo, expertos en dolor destacan lo mucho que familiares y amigos pueden hacer por mejorar la situación.

El primer paso consiste en reconocer que el dolor crónico no es un problema individual. Haga saber al paciente que ustedes están juntos en esto y lo combatirán de la misma forma. Cuando el paciente se muestre irritado y con altibajos en su humor, intente no tomarlo personalmente.

El segundo paso involucra el mayor aprendizaje posible con respecto a la condición y cómo tratarla. Quizás no sea posible eliminar el dolor, pero con frecuencia hay maneras de reducirlo. (Vea la columna de la semana entrante acerca del tratamiento para el dolor crónico.)

Algunas de las ideas más abajo fueron adaptadas del Manual Familiar de la Asociación Estadounidense sobre Dolor Crónico, escrito por Penney Cowan, el fundador de la asociación y su director ejecutivo.

LA PRENSA
“Veinticinco por ciento de los telefonemas que recibimos son de familiares que buscan ayuda”, dijo Cowan, en una entrevista de la semana pasada. “Los familiares sencillamente están tan aislados, controlados, frustrados, agobiados por la culpa y confundidos por el dolor crónico como la persona que sufre el dolor”.

Reconozca sus sentimientos. Quizás usted se sienta culpable por no ser capaz de aliviar la dura situación de alguien que usted ama. Quizá sienta ansiedad con respecto a problemas financieros.

A lo mejor usted está alterado por las reacciones de otras personas, mismas que pudieran carecer de una comprensión con respecto al dolor crónico e insinúan que el paciente se está haciendo el enfermo; fingiendo el dolor para evitar el trabajo o responsabilidades familiares. En momentos en que más falta hace la comprensión y el respaldo de otros, ellos pudieran no ser receptivos e incluso llegar a la hostilidad.

No obstante, la reacción más común es el resentimiento, a causa del retiro del afecto del paciente y la intimidad sexual, el inacabable cuidado que requiere el paciente, la necesidad de sumar las responsabilidades del paciente a las suyas propias, la declinación o pérdida de la vida social, así como el tiempo que pasa con amigos. Probablemente usted resienta el hecho de tener que abandonar un estilo de vida que disfrutaba o los planes para el futuro.

Si el paciente era el ganapán de la familia y ahora es incapaz de trabajar, quizás usted tenga que encontrar un empleo y hacer, al mismo tiempo, la mayoría o todos los deberes del hogar y cuidar del paciente. El agotamiento crónico puede acabar con su temperamento justo como puede hacerlo con su salud.

En verdad es fácil reaccionar a este tipo de sentimientos en formas que resultan destructivas emocionalmente. Reconocerlos puede ayudarle a manejarlos con mayor éxito.

Ayude al paciente a mantenerse involucrado. El dolor crónico puede despojar de sus capacidades y habilidades a quienes lo padecen, así como obligarlos a ser cuidados por terceros, lo cual los deja sintiendo que no valen nada y con el sentimiento de culpa por no contribuir al bienestar familiar. Sea que o no usted la persona principal o intermitente en cuanto al cuidado del paciente, también es importante que no contribuya a los sentimientos de impotencia.

Motive a los pacientes a fin de que participen tan plenamente como sea posible en los planes y actividades familiares, deberes del hogar, discusiones y decisiones. Quizás ellos ya no puedan trabajar en el jardín, pero aún podrían ser capaces de ayudar en la cocina, poniendo la mesa, lavando platos, cuidando de los niños, en el manejo de las finanzas familiares, haciendo telefonemas o compras por teléfono. Cuando un paciente se siente útil, es posible apuntalar su autoestima, así como su humor.

LA PRENSA
“Por cada acción que la persona con dolor dice que ya no puede llevar a cabo, destaque algo que él o ella sí pueda hacer”, sugiere el manual de la asociación sobre el dolor.

No se convierta en un mandadero. Los pacientes con dolor crónico deben ser motivados a hacer cualesquier cosa que puedan hacer por sí mismos. Es importante que usted aprenda a distinguir cuándo es momento de intervenir y cuándo debe mantenerse al margen. Reconozca las capacidades y limitaciones del paciente considere una evaluación por parte de un terapeuta ocupacional; además, deje que el paciente participe en actividades diarias y en su propio cuidado en la medida de lo posible.

Comuníquese. “La comunicación abierta, en ambos sentidos, es crucial para manejar eficazmente el dolor crónico”, dijo Turk, de la Universidad de Washington. “Los familiares necesitan saber cómo pueden ser de ayuda y qué podría resultar hiriente”.

De no lograrse una comunicación honesta y abierta, puede surgir un cáncer en la relación, sea con un cónyuge, padre o hijo. Si el dolor crónico ha alterado los planes familiares, conversen para alcanzar un reordenamiento de las prioridades. Quizá sea posible hacer más de lo que usted cree.

Usted tiene el derecho a decir que está cansado y necesita descansar, que necesita un respiro de la rutina, no vaya a ser que termine quemándose, y que usted necesita mantener amistades e ir en pos de actividades que disfruta fuera del hogar, de cuando en cuando.

De manera similar, el paciente tiene el derecho y la responsabilidad de expresar temor, decepción, culpabilidad y malos sentimientos con respecto a la conducta de algunas personas, así como gratitud por la ayuda que usted y otros le proporcionan.

Pregúntele al paciente de manera periódica de qué le gustaría hablar o hacer con usted. Además, intente no morder el anzuelo cuando el paciente se muestre crítico o lo censure a usted pese a todo lo que hace. Con mayor frecuencia, usted no es realmente el blanco. Con todo, quizás no haya alguien más con quien el paciente se sienta seguro para expresar su ansiedad o sufrimiento.

Cuide de usted mismo. Reúna toda la ayuda que pueda entre familiares y amigos. Los niños mayores pueden limpiar la casa y preparar comidas. Amigos y parientes que ofrezcan ayuda pueden colaborar en tareas que coincidan con sus capacidades, incluso si solo es acompañando al paciente a una cita con el médico. Si ellos no la ofrecen, pídala.

Cuando sea necesario, contrate a terceros, incluidos adolescentes del barrio, para que permanezcan unas cuantas horas o cuiden al paciente con cierta regularidad, de forma que usted pueda salir un rato.

No pase por alto su propio bienestar físico. Coma bien y de manera regular, duerma suficientes horas y haga ejercicio con regularidad. Asimismo, asegúrese de seguir con las revisiones médicas y exámenes de detección. Si usted enferma, no será de mucha utilidad para el paciente que sufre dolor.




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jueves, 8 de noviembre de 2007

BASTARÍA UNA RAZÓN PARA CREERME (EPÍSTOLA)

Comprendo todas tus decisiones, aunque me duelan o me gustara que no hubiese sido así o que sea una reacción pendular que acabará regresando al punto medio, aunque, haciendo un esfuerzo de extrapolación –es mucho más difícil para uno mismo-, concluya que no pienso que esa filosofía –tuya y de la mayoría de los europeos- sea lo mejor para tu persona: no obstante ha sido esa tú legítima y sopesada decisión y no puedo objetar nada.

Lo que sí me duele y me ha dolido y me dolerá y no entiendo es que no me creas –pensaba que te habías cambiado al respecto, pero parece ser que sólo era cortesía-, que opines tan injustamente para conmigo: que el prejuicio se convierta en sentencia, una sentencia psicológica.

Sí que es cierto que el dolor esta presente en mi mente casi todo el tiempo. Pero es que lo que define al dolor crónico es la insoportable presencia minuto tras minuto del dolor, porque no se puede escapar de él.

También lo define o son efectos del dolor crónico, además de la desesperante convivencia con él:

• el cambio de carácter, tornándose más irritable.
• el insomnio
• la desesperación vital
• el sentimiento de inutilidad
• el sentimiento de ser un bicho raro al que casi nadie, ni la mayoría de los médicos, cree; y así uno se va aislando de la sociedad poco a poco, por un rechazo mutuo.
• Y, como confluencia de todos los efecto anteriores, la ansiedad y la depresión y lo que conllevan.

Te digo que entiendo que yo te sea insoportable o que no desees convivir en ese ambiente. Pero me duele profundamente, tal vez hasta más que me hayas dejado, que tú, que me has visto, que has leído los informes médicos, tú que sabes todo de mí y has leído algunos de mis pensamientos, no me creas y me hables todavía de que es algo mental y que no lucho.

Todos los días lucho –salvo en los que desfallezco- y más de lo que te imaginas:

• Lucho por alejar mi cerebro de él, y por eso siempre estoy en internet o intentando sobrellevarlo bien, por no desesperarme cuando duele en diez sitios a la vez y sólo tengo una manta eléctrica o las pastillas tardan en hacer efecto y, cuando surten efecto, te conviertes casi en un vegetal;
• Lucho por no pensar en suicidarme a todas horas;
• Lucho al crear EL FARO DEL DOLOR y ayudar –y ayudarme- a otros a no sentirse solos y saber de novedades para sus dolencias –y no sé por qué tampoco esto es loable para ti-;
• Lucho por levantarme cada mañana, a pesar de no haber dormido apenas o nada –como hoy o la noche del jueves, respectivamente-;
• Lucho por salir a pasear, por coger el coche aunque cualquier bachecillo o giro me cause dolor –¿no viste cuánto me dolía cuando me extendiste la pomada?- y a pesar de ir con miedo porque la medicación me quita la capacidad de control de los movimietos;
• Lucho por disimular frente al mundo para que no hagan leña del árbol caído, trabajando aunque esté postrado.
• Fui a la acupuntura y me dice que está muy mal la espalda. Me ve el Dr. Robaina y me dice que hay que intervenir cuanto antes porque toda mi espalda, en la zona lumbar, es pura fibrosis –cicatrices internas de las operaciones que van creciendo y presionando los nervios y más aún con el problema previo de pérdida de un 30 % del nervio ciático, que es como si uno tuviera en la pierna un cable pelado dando chispazos y calambrazos y quemando ka carne a cada rato- y que eso no tiene vuelta atrás y que el dolor va a ir creciendo… Lucho buscando como sanar –ahora resulta que era malo haber confiado en tu ayuda de antaño y que haga lo que haga es poco o nada-.
• Lucho por no pasar a la morfina, pues aunque la medicación actual funciona bastante bien los días normales, durante los días de crisis, como desde el jueves, no hace tanto. Porque la morfina significa estar todo el día completamente atontado y con muchos más desagradables efectos secundarios;
• Lucho por no liarme a tortas con el que hace comentarios con doble sentido sobre mi condición de pensionista o me mira y habla con los ojos y prejuzga o supone, sin conocimiento de causa, que es todo un rollo, o a quien busca una excusa para concluir una conversación y apartarse de mí –aunque sea instintivo huir de los enfermos…
• Y es prueba de que lucho el que, a pesar de que a veces pienso que tu actitud es una traición, a pesar de que me hagas daño con tu indiferencia cuando estoy al máximo del dolor o me hundas cuando me dices que es psicológico y no me crees, te sigo amando –cuando cualquiera me diría que te mandara al ca…; tal vez porque aún te considere mi esperanza- y lucho por no volverme loco al no cuadrarme en el cerebro tus decisiones y tus actos.

No te pido que te compadezcas o que vuelvas conmigo por rogarte que creas en mí, sino solamente que confíes en mi palabra –el dolor no se ve-, que no pienses que me regodeo en el dolor –porque pido todos los días que esto sea una pesadilla y que al despertar sólo sea un mal sueño-. Simplemente con creer en mi palabra, me ayudarías más que cualquier otra cosa. Nadie duda de tus dolores menstruales o de tus malestares o sentimiento de cansancio. Y, sí, tú haces cosas por remediarlo, pero yo también lo intento, en la medida de mis posibilidades. No sé por qué piensas que miento o que he tirado la toalla, mas, por lo que más quieras, intenta, al menos, creerme y comprenderme como yo lo hago, o lo intento, contigo.

No creo que sea pedir mucho, más cuando dices que jamás me harías daño.




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lunes, 5 de noviembre de 2007

SÍNDROMES DE BURNOT Y DEL CUIDADOR





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EL APRENDIZAJE DEL DOLOR

Recomiendo la lectura de este ensayo, en especial en lo relativo a lo que sentimos y lo importante que sería que los ciudadanos sanos supieran lo que sentimos tanto en lo físico, en lo sicol´logico como en la relación con ellos. Más aún los allegados, en este tiempo en que la ética se disueve entre la indiferencia y el hedonismo.

EL APRENDIZAJE DEL DOLOR



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viernes, 21 de septiembre de 2007

DOLOR DE NO SER YO (HISTORIA DE AMORALGIA)

DOLOR DE NO SER YO





Quiero vivir

y no en la rabia,

quiero amar

y amo

y también sufro,

tercer apellido

de mi trivialidad.


No hallo tribunales

que juzguen a un espasmo,

a una puntilla ardiente,

a un terremoto carnal,

a un subcutáneo ardor,

a un descarnamiento

o a un desmenbramiento,

ni existen factores atenuantes

de vinagres

en los gestos y en la voz,

ni nadie puede detener al amor

que huye en busca y captura,

rebelde de sufrir

lo que no soñó.


Todos podemos relatar de desamores

y de ese padecer de congoja y ausencia.

Todos identificamos sus heridas.


No todos saben interpretar

los anuncios de lluvias o granizos.

Solo el campesino lo siente.

Y sólo ellos pueden ser testigos

de mi demanda judicial.


Que mis pruebas no son mensurables

y mi cerebro es una caja fuerte

de la que nadie poseemos

la secreta combinación.

Mi cerebro como memoria,

las entrañas como cuerpo del delito.


A la claridad del día

la viste de tinieblas

y de semillas de jalapeños,

a la noche de estrellas y silencios

le clava el mudo grito

de la desesperanza y del vacío.

Mas ambas en función privada,

en interno y eterno fluir de horas,

de meses, estaciones y destiempos.


Se electrocuta la sangre,

los clavos de cristo regresaron,

la soledad de los muertos,

el silencio de los muertos

compañeros del quejido…


Y se suman dolores

de desamores y de amores

que el agujero negro

desintegró.


Me queda estampar el papel

con otro grito mudo,

para advertir que sigo vivo,

para sanar la herida,

para creer en la esperanza

de que todo sepa

a los besos perdidos

y escuches el latido

de un espíritu en lucha.


Mas me ves enfermedad

y me aprecias

en arenas movedizas disolviéndome

y me piensas abrupto

porque rabio,

porque no me comprendes,

porque dices que no me amas,

porque no me oyes,

tanto que no merezco el cabo

que al menos a flote me mantenga;

ni ves que no soy yo la enfermedad,

sino gladiador contra lo invisible,

lo intangible, lo incansable,

en una guerra que no he buscado,

en la que soy cadete y general,

sobre la que sueño,

por encima de las derrotas,

tantísimas derrotas,

reaparecer vivo y liberado.


Hoy no escucho risas,

no vibro con tu canto,

no descanso en tu caricia

y el hielo ocupó la horma de tu calidez.

Hoy tampoco te veo feliz

o descansada o despechada,

no quieres mi hombro de reposo

ni las delicias del abrazo:

te has quedado

sin piernas para andar

y no te compensa

la alegría de nuestra complicidad.


Con todos los dolores

la rabia me desborda

pues soy ciego sin bastón,

pues soy sordo sin tu voz,

pues los sentidos

carecen de sentido,

pues la lógica

barrunta en la sinrazón.


La locura quizás

de pensar y sentir

que el amor puro

es el cénit de lo puro

tal como inquebrantable eternidad.


Tú que de mí has conocido

lo bueno, lo malo y lo que no conozco,

¿no tenías más motivos para amarme

si ya mi ser era parte de ti

y con él toda la libertad de tu vivir?

Exclusiva elección de la negatividad

que se apodera de tu sangre y de tu aliento

y te incita a destruir por no crecer.


Dolores sobre dolores

y sobre dolor la impotencia…


De no poder correr o saltar,

de no poder dormir o soñar,

de no poder hablar y escuchar,

de no poder amar y ser amado

.

Impotente rabia que me tiraniza

y transforma lo malo en peor.




Vistiéndome de un nuevo dolor…




… el impío dolor de no ser yo.








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sábado, 8 de septiembre de 2007

ESTUDIO VARIABLES PSICOLÓGICAS PACIENTES DOLOR CRÓNICO

ESTUDIO VARIABLES PSICOLÓGICAS PACIENTES DOLOR CRÓNICO:


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PARTE 2

PARTE 3

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