Hace tiempo que sólo aparecemos en facebook. Unos días problemas técnicos -últimos días-, otros -los más- problemas físicos y anímicos. Ya es obligado volver, pues nos escriben y no se puede más ocultarse bajo el caparazón.
Así traemos a la lectura un sufrido testimonio de una persona, Luis, que sufre cada día y como muchos la constante tortura del dolor crónico. Sirve para quienes creen que son los únicos que sufren un maleficio; no por aquello de "mal de muchos consuelo de tontos", sino para la solidaridad y el apoyo. Y sirve para quienes, familiares o amigos o parejas o personal sanitario, tienen dudas o no entienden a quien, en su cercanía, se apaga sin aparentes cambios físicos: ¡cuánta comprensión -incluso compasión, en su verdadero significado- hace falta para crear un mundo más humano!
Sí, es cierto: no estamos locos quienes tenemos que padecer día a día el inveterado dolor que nos carcome. Esa fatalidad que desmorona lo físico y trastoca lo emocional describe un drama personal que nadie diferente a quien lo haya padecido lo podría comprender; sus formas de expresión son diversas pero su contenido es único pues doblega al más fuerte de los mortales y con el paso del tiempo se erige en un calvario que reta a la existencia.
Vengo sufriendo un dolor que entró ya a los veintidós años, el mismo que progresivamente se ha ido arraigando en su intensidad, materializándose a esta altura de mi vida que atraviesa los cuarenta y cinco años de edad en una constante tortura, si bien con momentos de relativo alivio con otros que, en su dimensión real, lo "invitan" a claudicar. Ese infame dolor lumbar que hace su recorrido hacia la nalga, el abdomen, la zona inguinal, el testículo y la pierna, todo del lado izquierdo, corroe el alma así los demás no lo vean y lo juzguen por una apariencia que no se compadece con la vivencia del martirio. Múltiples tratamientos, procedimientos, medicamentos y en fin, plurales mecanismos en pos de alivianar la carga del diagnosticado como dolor neuropático de doble causa según el último reporte médico, ya empiezan a debilitar la esperanza pese a que la fe en el Supremo aún se mantenga. Sin embargo, escuchar de boca de un galeno que en parte la ciencia médica ya no puede ofrecer más alternativas, es una sentencia que condena al paciente a rumiar su mal o a decaer en su interés por vivir en el anhelo de un mejor mañana.
Quisá podría expresar más, pero por ahora estas incipientes líneas dejan plasmado el sinsabor de mi última exploración a lo largo de más de tres meses de incapacidad laboral. No sé que ocurra luego... si las fuerzas y el hálito me acompañan, podré volver a incursionar a este interesante y útil blogspot para desde el sur de Colombia compartir e intercambiar ideas, historias y experiencias.
Muchas gracias. Que Dios los bendiga.
Luis Bayardo
Vengo sufriendo un dolor que entró ya a los veintidós años, el mismo que progresivamente se ha ido arraigando en su intensidad, materializándose a esta altura de mi vida que atraviesa los cuarenta y cinco años de edad en una constante tortura, si bien con momentos de relativo alivio con otros que, en su dimensión real, lo "invitan" a claudicar. Ese infame dolor lumbar que hace su recorrido hacia la nalga, el abdomen, la zona inguinal, el testículo y la pierna, todo del lado izquierdo, corroe el alma así los demás no lo vean y lo juzguen por una apariencia que no se compadece con la vivencia del martirio. Múltiples tratamientos, procedimientos, medicamentos y en fin, plurales mecanismos en pos de alivianar la carga del diagnosticado como dolor neuropático de doble causa según el último reporte médico, ya empiezan a debilitar la esperanza pese a que la fe en el Supremo aún se mantenga. Sin embargo, escuchar de boca de un galeno que en parte la ciencia médica ya no puede ofrecer más alternativas, es una sentencia que condena al paciente a rumiar su mal o a decaer en su interés por vivir en el anhelo de un mejor mañana.
Quisá podría expresar más, pero por ahora estas incipientes líneas dejan plasmado el sinsabor de mi última exploración a lo largo de más de tres meses de incapacidad laboral. No sé que ocurra luego... si las fuerzas y el hálito me acompañan, podré volver a incursionar a este interesante y útil blogspot para desde el sur de Colombia compartir e intercambiar ideas, historias y experiencias.
Muchas gracias. Que Dios los bendiga.
Luis Bayardo

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